Numerosos estudios durante los últimos años han demostrado la importancia que tienen los ritmos circadianos para el ser humano y cómo tratar de oponerse a ellos puede acarrear problemas para la salud.

Entre los principales afectados se encuentran las personas que viajan con frecuencia a regiones con distintas zonas horarias, quienes abusan de la luz durante la noche y, por supuesto, los trabajadores por turnos. Ahora, un nuevo estudio publicado en Current Biology por un equipo de científicos de la Universidad de Harvard apunta también a una mayor probabilidad de aumentar de peso, en comparación con personas que toman exactamente la misma dieta, pero mantienen unos ritmos horarios estables.

Viajeros forzosos por la ciencia

En este estudio participaron siete voluntarios, que se introdujeron en habitaciones en las que no había absolutamente ningún indicador de la hora que era: ni ventanas, ni relojes, ni teléfonos móviles ni nada que se le pareciera. Además, a cada uno se le asignaban dos horas concretas a la que debían irse a la cama y despertarse. Sin embargo, estos momentos se atrasaban cuatro horas cada día, de modo que los participantes sentían el efecto de desplazarse cuatro zonas horarias. El procedimiento duró tres semanas, durante las que se simulaba una continua vuelta al mundo. De este modo, era imposible que los relojes circadianos de los pacientes tuvieran tiempo de adaptarse a los cambios, por lo que se podía medir la tasa metabólica en reposo en todos los momentos del día.

Al analizar el gasto de energía en reposo comprobaron que los valores más bajos se obtenían en lo que los investigadores calificaron como fase circadiana ~0º, equivalente a la noche biológica tardía (justo antes del amanecer). En cambio, el mayor gasto de energía se daba en la fase ~180º, que correspondería a un momento doce horas posterior; es decir, la tarde biológica y la noche. Otro marcador de los participantes que se tuvo en cuenta fue el cociente respiratorio, ya que es una medida que se relaciona con la utilización de macronutrientes. En este caso, era más bajo en la noche y más alto en la mañana biológica. ¿Pero qué son exactamente la mañana, la tarde y la noche biológicas? Básicamente, se puede decir que la noche biológica es la hora en la que el reloj circadiano promueve el sueño. Alguien con una rutina constante tiene muy claro cuál es ese momento, ya que se establecen unos ritmos circadianos muy marcados. Sin embargo, si estos ritmos cambian por causas como un trabajo por turnos, la noche biológica seguirá siendo la misma, aunque en ese momento la persona en cuestión esté en plena actividad. Por lo tanto, se daría un gasto de energía irregular, que puede conllevar problemas de sobrepeso. Además, el mayor gasto energético en reposo se da durante la noche, por lo que es obvio que es el mejor momento para estar durmiendo.

Todo esto se resume muy bien en la afirmación que ha hecho la coautora del estudio, Jeanne Duffy, en un comunicado de prensa: “No se trata solo de lo comemos, sino también de cuándo lo comemos y cuándo descansamos”.

El siguiente paso de estos investigadores será estudiar cómo influyen algunos factores como el momento, la duración o la regularidad del sueño sobre sobre fenómenos como el apetito o la respuesta corporal a la comida.