Mucho se ha hablado sobre el proyecto Dragonfly, el controversial buscador de Google para China. En los últimos días, muchos empleados han mostrado su descontento por medio de una carta abierta, pues está claro que la compañía está siendo cómplice de la censura y daño a la privacidad del gobierno chino. A pesar de las críticas provenientes de distintos frentes, incluidas asociaciones protectoras de los derechos humanos, parece que a los directivos de la empresa les importa poco la gravedad de la situación.

Ayer The Incerpt reveló nueva información sobre Dragonfly, concretamente cómo Google ignoró sus propias políticas para poder comenzar con el desarrollo del proyecto. Yonatan Zunger, un veterano con 14 años de experiencia en Google, fue uno de los ingenieros elegidos para participar en la creación del buscador. Su tarea fue complicada, debía realizar una inspección relacionada con privacidad. En una de las primeras reuniones, Zunger les dejó claro a los ejecutivos que con Dragonfly los ciudadanos corrían el riesgo de ser interrogados por buscar información prohibida en aquel país.

Google está obligada a cumplir con varias reglas si quiere operar en China. Dragonfly debe estar asociado con operadoras locales para que las autoridades puedan vigilar el historial de búsquedas de la población. Scott Beaumont, jefe de operaciones de Google en el país asiático, no vio demasiados problemas en las advertencias del ingeniero, todo continuó como estaba planeado.

No obstante, Zunger y su equipo elaboraron un extenso informe donde explicaban las dificultades de llegar a la región. El plan era presentar el informe en la próxima junta con ejecutivos, a la que por cierto asistiría Sundar Pichai, CEO de Google. La reunión fue pospuesta en varias ocasiones y cuando se llevó a cabo en junio del 2017, los equipos de privacidad y seguridad fueron excluidos, incluyendo a Zunger, quien finalmente abandonó la empresa el año anterior. "El proyecto, como se especificó en ese momento, no era algo que pudiera aprobar con buena conciencia", concluyó.

El ahora ex ingeniero de Google aseguró que Beumont "no creía que los equipos de seguridad, privacidad y legales debieran poder cuestionar sus decisiones sobre productos, y mantenía una relación abiertamente adversa con ellos, bastante fuera de la norma". Según cuenta, en una ocasión debían constatar dos puntos importantes. Primero si el buscador era seguro contra hackers, tanto externos como los del gobierno. Por otra parte, querían saber si los usuarios tenían el control de sus datos personales. Antes los cuestionamientos, Beumont se limitó a responder "No sé si quiero que hagas esas preguntas".

Prácticas anormales y advertencias a empleados

La situación fue sumamente grave. En cada proyecto desarrollado por los de Mountain View, los equipos de privacidad y seguridad intervienen para comprobar que se siguen las políticas de protección a los derechos humanos, entre otros lineamientos. Los máximos responsables de Dragonfly evitaron que se aplicaran las normas internas de la compañía. De acuerdo a Zunger y otros tres empleados anónimos que aún trabajan en Google, el secretismo del proyecto era tal que evitaban escribir sobre él. La comunicación era verbal para evitar pruebas en papel.

Los trabajadores de Dragonfly fueron notificados de que podían perder su empleo si hablaban del proyecto con otros compañeros. Un involucrado mencionó que los de Mountain View "estaban decididos a evitar que las filtraciones sobre Dragonfly se propagaran por la compañía". Según sus palabras, el mayor temor de Google "era que la oposición interna ralentizara" las operaciones. Después de mantener el secreto durante dos años, las intenciones de los directivos se vieron perjudicadas cuando The Intercept reveló la existencia del buscador en agosto del presente año.

A pesar del gran impacto que causó la noticia en el resto de trabajadores, los involucrados en Dragonfly no estaban sorprendidos de la reacción negativa, mucho menos de la forma en Google ignoró las críticas de sus empleados. Antes del buscador para China, la compañía ya había sido cuestionada por temas relacionados con la privacidad de la información.

¿Cuánto sabe Sergey Brin?

Dragonfly no es el primer acercamiento de Google en China. En 2006 lanzaron su buscador en ese país, pero en 2010 detuvieron su funcionamiento debido a las acciones del gobierno para censurar la información y hackear cuentas de correos de activistas. Sergey Brin, cofundador de Google, quería dejar claro que la compañía se "oponía a la censura y defendía la libertad de los disidentes políticos". Aunque muchos llegaron a pensar que Brin había cambiado de parecer, el pasado agostó dijo que no sabía nada sobre el proyecto.

En un intento de tranquilizar las preocupaciones de los trabajadores de Dragonfly, Beaumont les dijo que el cofundador informó al gobierno de China su intención de volver a ese mercado. Sin embargo, algunos de los empleados creen que Beaumont había "tergiversado" las palabras de Brin para hacerles creer que tenían el respaldo de los altos mandos de Google. Todo indica que Sergey Brin tampoco sabe muy bien lo que están haciendo con el buscador.

No hay duda de que Dragonfly aún tiene muchas historias por contar. La imagen de Google se sigue dañando en cada reporte, pero no piensan dar marcha atrás con sus objetivos de volver a China. Mientras tanto, son cada vez más los empleados que se muestran en contra de las prácticas de la empresa, y eso podría ser clave para que los directivos actuales olviden sus pretensiones.

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