Las loot boxes, o cajas de recompensa mediante micropagos, son una de las peores herramientas que ha encontrado la industria de los videojuegos para aumentar los ingresos por títulos, que en muchos casos incluyen, además, un componente de aleatoriedad que las convierten en tragaperras encubiertas.

Varias voces importantes de la industria apuntan a que si existen este tipo de sistemas en los videojuegos es, sencillamente, porque los jugadores invierten dinero en ellos, algo con lo que no están muy de acuerdo algunos gobiernos europeos. Dentro de la Unión Europea, el gobierno belga ha sido el más critico con las cajas de loot de los videojuegos, como ya hemos contando en varias ocasiones.

De hecho, uno de los movimiento más importantes en el país europeo fue el cambio de regulación bajo el que el Ministerio de Justicia belga anunciaba la prohibición de las cajas de botín en videojuegos, algo que ha tenido una consecuencia directa en la disponibilidad de títulos.

Aunque el cambio venía provocado, en especial, por el impacto títulos de gran calado como FIFA, Overwatch y Counter Strike: Global Offensive, los primeros en abandonar el barco han sido algunos títulos free-to-play (quizás lo más proclives a este tipo de sistemas) de Square Enix, que ha anunciado que sus juegos serán retirados del país europeo, al haberse prohibido la inclusión de cajas de loot basadas en tasas altas de azar.

El golpe para los usuarios no es muy grande, puesto que los juegos incluidos en la lista, Mobius Final Fantasy, Kingdom Hearts Union X y Dissidia Final Fantasy Opera Omnia, estan enfocados al móvil y no son especialmente masivos como los triple A de consolas que motivaron el cambio regulatorio, pero es un forma de presión de parte de la industria para que los reguladores piensen si merece la pena o no retirar este tipo de juegos.

Sea como sea, el movimiento es una buena noticia para todos. Si la mayoría de países europeos presionan para eliminar las cajas de loot, no será suficiente con retirar los juegos de un mercado, puesto que obligará a la industria a repensar estos sistemas basados en juegos de azar pero encubiertos dentro de agregados cosméticos.