Seguramente el nombre de Yandex no le sea familiar a prácticamente nadie, pero la realidad es que se trata de la compañía de internet más grande de Rusia. Con un 65% de la cuota de mercado, el buscador de Yandex podría ser llamado como el Google ruso. Y al igual que la compañía de Silicon Valley, Yandex abarca algo más que el negocio en la red. Pagos electrónicos, mapas, búsqueda y almacenaje de imágenes, traductor y ahora también una app para taxis que está evolucionando a su siguiente etapa: coches autónomos. La carrera por ser los líderes del mercado en este sector no solo se juega en Uber o Google con Waymo; en el Viejo Continente también existen varias versiones.

En el marco del Open Innovation celebrado en Moscú, en las instalaciones de Skolkovo, lo que está llamado a ser el Silicon Valley ruso, Yandex y el Fondo Skolkovo han lanzado un acuerdo para lanzar la red de coches autónomos dentro de la ciudad emprendedora. De momento en fase de pruebas, y con un empleado de la compañía siempre abordo del coche, el objetivo de la tecnológica es poner estos vehículos en circulación por las calles de la capital rusa más pronto que tarde. De hecho, Moscú es una de las primeras ciudades fuera de Estados Unidos en aceptar la prueba de estos modelos de coche por sus calles.

En este contexto, Hipertextual ha tenido la posibilidad de probar una de las primeras versiones del coche de Yandex en Moscú. Con una ruta preestablecida por Skolkovo, sin participación humana y cumpliendo las normas de circulación, la realidad es que la experiencia se antoja diferente a la de montar en un vehículo tradicional. ¿Se nota inseguro? La realidad es que en ningún momento el pasajero siente sensación de inseguridad o duda por parte del coche autónomo; también es cierto que la presencia de un copiloto encargado de tomar las riendas del coche autónomo en caso de necesidad ayuda a tener más confianza en el sistema.

La imagen de montar en un coche en el que el asiendo del piloto permanece desierto es, de momento, demasiado extraña. Aún queda mucho camino por delante en este sentido. De aquí a un tiempo, los usuarios necesitarán un tiempo de adaptación para entender un hecho muy simple: el volante del coche se mueve solo, a placer, sin que nadie tenga que interactuar con él.

A una velocidad que no supera los 40 kilómetros por hora, el viaje no tiene una duración de más de 10 minutos. Usando los intermitentes (una novedad para muchos conductores) e interactuando con el resto de los elementos de la vía, el modelo de Toyota Prius lleva conectado un monitor en el que, en tiempo real, se analizan los diferentes elementos del circuito a través de los sensores integrados en el vehículo y que se concentran en el sistema instalado en el maletero del vehículo. Peatones cruzando por las vías, coches, obstáculos en mitad de la vía, badenes o semáforos tienen su reflejo en dicho monitor. Predicción de los posibles problemas en la vía en un radio de 50 metros, planes de ejecución de las posibles trayectorias tanto del coche en cuestión y del resto de los obstáculos en movimiento y geologalización son algunas de las integraciones que Yandex ha implementado en el vehículo.

Si bien es cierto que tratándose de un modelo aún en fase de pruebas y que los niveles de tráfico en las vías de Skolkovo no tienen comparación con la saturación de las calles del centro de Moscú, región conocida por sus altos problemas de saturación, la realidad es que uno podría acostumbrarse a este tipo de vehículos. Lo que está llamado a ser el cambio definitivo de la circulación de las ciudades y la desaparición del taxi tal y como lo conocemos en este momento -además de todos los problemas normativos existentes en España- genera toda una experiencia de usuario.

Si hay algo que criticar en esta experiencia, además de mentalizarse sobre el hecho de que los amantes de la circulación tendrán que olvidarse de tal hecho, es que aún queda un largo camino en lo que suavidad se refiere. Una conducción fluida en la mayor parte de los casos, pero que hace echar de menos el impacto de un humano presionando el acelerador del coche, no oculta los frenazos que un conductor humano podría haber evitado. Los pasos de zebra (sin peatones por medio) o los giros pronunciados bruscos en alguno de los tramos son algunos de los puntos a mejorar del lado del coche autónomo en su versión rusa. Una consecuencia de lo que ya planteaban desde Mobileye, y que explicaban a Hipertextual los sistemas integrados en los vehículos aún tienen mucho camino por delante para identificar, igual que un humano, los elementos subjetivos de la vía y su interacción con ellos. Este sería, en definitiva, uno de los grandes problemas de Yandex.

Igualmente, y dejando a lado el largo recorrido del vehículo autónomo, es toda una experiencia que trasciende lo extraño.