Cinco investigadores procedentes del Instituto Max Planck, la Universidad de Friburgo y la Universidad de Montpellier, acaban de publicar en Science un artículo en el que alertan de los posibles fines ocultos de uno de los últimos proyectos desarrollados por la agencia de investigación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DARPA).

Se trata del programa Insect Allies, un proyecto dirigido a proteger los cultivos estadounidenses de inclemencias como la sequía, las heladas o el ataque de plagas. Sin duda el fin es muy noble y bastante común, ya que es uno de los principales objetivos de la biotecnología vegetal. Sin embargo, los métodos empleados y el secretismo que rodea a algunos procedimientos han despertado la desconfianza de estos científicos, que creen que el fin puede ser el desarrollo de armas biológicas de cara a ataques futuros a cultivos enemigos.

Lógicamente, tanto DARPA como los responsables de los cuatro proyectos seleccionados para formar parte del programa lo desmienten. Sin embargo, otros científicos se unen a las sospechas de los autores del artículo de Science. De momento, es imposible saber qué ocurrirá finalmente, aunque es importante conservar la calma y recordar que ni la biotecnología en general ni la ingeniería genética en particular deben considerarse como peligrosas, siempre que las utilicen las manos adecuadas.

¿Un proyecto con un oscuro fin?

Cuando un virus infecta a un ser vivo inserta su propio material genético dentro del genoma del huésped, de modo que pueda aprovecharse de la maquinaria celular de éste para su propia replicación. Esto los convierte en unas herramientas magníficas en ingeniería genética, ya que se pueden utilizar para introducir fragmentos de ADN concretos en el interior del genoma de un organismo que se quiera modificar.

Este es precisamente el objetivo de tres de los cuatro proyectos aprobados para forma parte del programa Insect Allies (el cuarto utiliza bacterias). Hasta aquí todo es bastante común y no tendría por qué despertar ninguna sospecha extraña. El problema es que DARPA ha insistido en que los virus deben ser administrados a los cultivos a través de insectos infectados por ellos. A bote pronto puede parecer una estrategia inteligente para el fin inicial del proyecto, pero también puede volverse en contra de otros cultivos, ya sea accidental o intencionadamente.

Como advierten los autores del estudio, este tipo de procedimientos son mucho más fáciles de realizar a través del rociado directo del virus sobre el cultivo. Además, si bien el proyecto se inició hace ya dos años, apenas se ha dado ningún tipo de explicación pública a los estadounidenses. ¿Significa eso que hay algo que no quieren contar?

No es fácil saberlo, pero los firmantes del estudio piensan que podría ser una estratagema para desarrollar armas biológicas futuras. Una vez que se consiga que el procedimiento funcione, se pueden variar las modificaciones genéticas realizadas. En vez de generar plantas resistentes a la sequía, por ejemplo, se podría conseguir esterilizarlas. Esto tendría consecuencias fatales si los insectos se dirigieran a las cosechas de países enemigos, pues antes de que pudieran percatarse habrían perdido buena parte de sus cultivos, con todo lo que eso supondría para su economía y sustento.

Aunque sí que podría estar entre las intenciones de los responsables del proyecto, se trataría de una estrategia complicada, ya que los mosquitos son difíciles de controlar. Así lo ha explicado en un artículo de El Diario José Miguel Mulet, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas. Según él, el uso de organismos vivos, como los insectos, es arriesgado, ya que sus genomas tienen una capacidad de mutación muy alta, por lo que podrían evadir las estrategias de control y volverse incluso contra el propio responsable del ataque.

De cualquier modo, como también han apuntado los autores del estudio de Science, el simple hecho de que se realicen este tipo de proyectos, sin la transparencia adecuada para un procedimiento de tal envergadura, podría servir para alentar a otros países a hacerlo. Podría ser que finalmente el único fin de DARPA fuese la agricultura, pero otro país podría animarse a buscar otras aplicaciones.

La biotecnología no es eso

Noticias como esta, pueden alentar a los detractores del uso de transgénicos en su discurso contra los organismos modificados genéticamente.

Sin embargo, la modificación genética de organismos vegetales destinados al consumo humano es algo que se ha hecho durante años, sin ocasionar daño alguno. De hecho, se podría decir que se ha realizado durante miles de años si se consideraran los cruzamientos destinados a obtener variedades con parámetros concretos; aunque, en estos casos, no se consideran organismos modificados genéticamente.

Lógicamente, el objetivo que se dé a estas herramientas depende de las manos que las usen. Por eso, existe una gran legislación en torno al desarrollo y la comercialización de este tipo de productos. En la Unión Europea, por ejemplo, se comercializan ya un gran número de productos vegetales modificados genéticamente, como varios tipos de soja, colza, algodón o maíz.

Ninguno de estos productos ha ocasionado ningún daño a la salud, desde que comenzara a comercializarse hace ya más de 20 años. Sin embargo, como aseguró el propio Mulet en una entrevista a Hipertextual el año pasado, sí que se han ocasionado problemas de índole sanitaria con cultivos ecológicos.

Más allá de la salud, a muchos detractores de los transgénicos también les preocupan las implicaciones que estos pudieran tener sobre la biodiversidad, ya que podrían desplazar a otras plantas. Sin embargo, este tipo de consecuencias no difieren demasiado de las ocasionadas por otro tipo de cultivos. Puede ser motivo de preocupación la polinización cruzada, por la cual el polen de plantas transgénicas podría viajar hasta otros cultivos. Sin embargo, son precisamente estos cruzamientos los que generan diversidad, de modo que evolutivamente se terminan seleccionando características más beneficiosas.

De cualquier modo, si un cultivo transgénico deja de estar en un entorno confinado es porque se ha decidido legalmente que es seguro para hacerlo. Además, la propia modificación de los cultivos transgénicos suele incluir que sean incapaces de hibridar con plantas salvajes. De hecho, como también explicaba Mulet en la entrevista realizada por este medio, lo que afecta a la biodiversidad es la agricultura en sí, ya que cualquier cultivo “se carga” el ecosistema preexistente.

El uso histórico de insectos como armas

Los titulares surgidos a raíz de la publicación de este estudio recuerdan inevitablemente a los experimentos que se sospecha que llevaron a cabo las SS del III Reich.

En la Navidad de 1941, el comandante en jefe de las SS, Heinrich Himmler, descubrió tras una visita a sus tropas que buena parte de sus miembros se encontraban infestados de piojos. Esto le llevó a instaurar un Instituto Entomológico, con el fin de estudiar el ciclo de vida de algunos insectos formadores de plagas y así proteger de ellas, tanto a sus soldados como a sus prisioneros. La vida de estos últimos le importaba bastante poco, pero eran una mano de obra muy barata, por lo que le interesaba que tuvieran una salud que les permitiera trabajar sin quejarse demasiado.

Esta es la versión oficial del objetivo de aquel centro de investigación. Sin embargo, en 2013 el entomólogo alemán Klaus Reinhardt publicó un estudio en el que añadía otra razón, mucho más peligrosa. Según él, de los documentos de aquella época se deduce que Himmler también podría coquetear con la idea de usar moquitos infectados con la malaria como armas.

El instituto se instaló en el campo de concentración de Dachau, donde se realizaron algunos de los experimentos con humanos más terribles de la historia. De hecho, se sabe que entre ellos se encontraba la inoculación del parásito de la malaria a algunos de los presos.

Si realmente era ese el objetivo de Himmler nunca se sabrá, pero las atrocidades llevadas a cabo por los Nazis son algo más que demostrado, que pasará a la historia como ejemplo de la crueldad que puede alcanzar el ser humano. Sabida esta característica, es normal tener miedo frente a misteriosas investigaciones que no se están llevando a cabo con la transparencia adecuada. Sin embargo, estas son solo una mínima representación, en comparación con los muchos beneficios que la ciencia ha aportado, aporta y aportará al ser humano. Es algo que no debemos olvidar.