Cuenta la leyenda que hace mucho mucho tiempo vivía en China un emperador bueno, justo y muy querido por su pueblo. Vivía en paz, rodeado de lujos, pero había algo que le quitaba el sueño, pues su querida y única hija mostraba un gran desinterés por el matrimonio, a pesar del ingente número de pretendientes que la visitaban a diario. Preocupado por su futuro, pero sin querer contradecir sus deseos, decidió proponerle que eligiera la condición que ella desease para escoger un marido.

La joven adoraba a su padre y no quería hacerle daño. Por eso, accedió a su petición, pero escogiendo como condición una que sabía que ningún hombre lograría cumplir: que le regalara una rosa azul. Al conocer el único requisito para el casamiento, los hombres solteros del imperio decidieron rendirse sin ni siquiera intentarlo, pues sabían que lo que había solicitado la princesa era realmente imposible. Solo tres jóvenes se propusieron buscar la codiciada flor: un guerrero, un rico comerciante y un jurista.

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El guerrero, acostumbrado a explorar tierras lejanas, decidió ir en busca del regalo hasta el país del rey de los Cinco Ríos. Cuando el monarca lo vio llegar, acompañado de cien soldados, pensó que iban a atacarle, por lo que ordenó a su orfebre que tallara un zafiro azul, con la forma de una rosa. Muy contento con el resultado, el guerrero acudió en busca de la princesa, que agradeció su presente, pero lo rechazó por no tratarse de una verdadera flor. La misma suerte corrió el jurista, que había mandado fabricar un bonito vaso de cerámica, con una delicada rosa azul dibujada en su centro.

Solo quedaba por probar el mercader, que había acudido a la mejor floristería del imperio para comprar una rosa azul, fuese cual fuese su precio. El florista sabía que era imposible conseguir una flor de esas características, pero se vio muy tentado por el dinero, por lo que decidió teñir una rosa blanca. Cuando acudió con ella al palacio, la princesa no pudo negarse, pues parecía tratarse de una verdadera flor azul. Sin embargo, de repente una mariposa cayó muerta después de posarse sobre ella, envenenada por el efecto de la tinta. De nuevo las cosas estaban como al principio. Ningún pretendiente había logrado cumplir el requisito de la joven noble.

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Conseguir una rosa azul ha sido todo un reto para jardineros y científicos durante siglos, pues todos los que lo intentaban terminaban fracasando. Con el paso de los años muchos investigadores han estado cerca de conseguirlo. De hecho, en 2002 un equipo de científicos japoneses logró la que se calificaría como la primera rosa azul de la historia, pero su color tendía más bien a un tono entre el rosa y el malva. Sin duda esta flor, a la que bautizaron como Applause, no hubiese sido aceptada por la princesa. En cambio, la joven no tendría nada que objetar ante un nuevo proyecto que acaba de ser publicado por investigadores chinos en la revista Synthetic Biology.

Ingeniería genética para obtener una codiciada flor

Financiados por la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China, un equipo de investigadores de la Academia China de Ciencias y la Universidad de Tianjin se ha puesto manos a la obra para lograr obtener una verdadera rosa azul.

Para ello, decidieron cambiar la estrategia de sus compañeros japoneses. Los nipones obtuvieron la flor mediante la adición en su genoma del gen responsable de la síntesis de delfinidina, un pigmento azul presente en las petunias. En este caso, la vía es totalmente distinta, pues lo que hicieron fue utilizar dos enzimas bacterianas que en conjunto tienen la capacidad de transformar la L-glutamina, presente en los pétalos de las rosas, en el pigmento azul indigoidina. Los dos genes responsables de la fabricación del pigmento se introdujeron en la planta a través de una cepa de Agrobacterium tumefaciens, un microorganismo muy utilizado en biotecnología vegetal por su capacidad para insertar ADN extraño en el genoma de las plantas.

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Una vez que se inyectó la bacteria a rosas blancas, se transfirieron los genes de síntesis del pigmento y un verdadero color azul comenzó a propagarse desde el lugar de la inyección. Tras el éxito de este primer procedimiento, el siguiente paso será intentar que sea la propia planta la que fabrique el pigmento, sin necesidad de inyecciones. El resultado sigue siendo una flor blanca, pero con pequeñas manchas azules extendidas por sus pétalos. Resulta curioso, pues cuadra a la perfección con el final de la leyenda.

Crédito: Sociedad Química Americana

Un día llegó cerca del palacio un joven y apuesto trovador, que en seguida cautivó el corazón de la princesa. Cada noche iba a cantar bajo su ventana, hasta que el día que él le pidió en matrimonio ella aceptó encantada. Sin embargo, en ese momento la chica descubrió que su propia argucia se había vuelto contra ella, pues cuando el músico fuese a pedir su mano a su padre él le solicitaría la rosa azul.

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Cuando el emperador pidió la flor como al resto de pretendientes, el joven le tendió a la princesa una rosa blanca. Ella la aceptó sonriente y dijo que esa era la rosa azul que había estado esperando. Tal era su felicidad que el padre no tuvo nada que decir al respecto y aceptó ofrecer su mano al hombre que ella había elegido. Finalmente el misterio se resolvió con una rosa blanca, como la que han conseguido obtener estos científicos. Sin duda, los investigadores que lo consiguieran no podían proceder de otro país que no fuera China.