La valentía es una cualidad mal repartida entre los seres humanos. Para algunas personas, lanzarse desde un avión y abrir el paracaídas en el último segundo es una experiencia magnífica. Para otras, supone la peor de sus pesadillas.

Está claro que hay algo diferente en el cerebro de esas personas. ¿Pero qué es?

Los mecanismos neuronales asociados a la toma de riesgos han sido siempre unos grandes desconocidos para la ciencia. Pero ahora podrían dejar de serlo, ya que un equipo de científicos de la Universidad de Uppsala, en Suecia, y la Universidad Federal Rio do Norte, de Brasil, acaba de publicar en Nature Communications un estudio en el que se define cuál es la zona del cerebro encargada de codificar este tipo de conductas.

Ansiedad: un arma de doble filo

La ansiedad adaptativa es la que siente alguien en condiciones normales, ante una situación de alerta. En su justa medida, es una emoción positiva para el ser humano, ya que impide que nos sometamos a conductas de riesgo que podrían poner nuestra vida en peligro.

Sin embargo, en algunos individuos se da de forma tan exagerada que llega a interferir seriamente en su día a día. Por ejemplo, la ansiedad adaptativa nos impide lanzarnos delante de un coche, pero la ansiedad desmesurada puede llevar a algunas personas a rechazar un buen trabajo por miedo a no estar a la altura.

Normalmente, las personas con este tipo de problemas se tratan con antidepresivos. Pero que esta sea la opción más extendida no quiere decir que se buena, ya que estos fármacos afectan a todo el cerebro, por lo que pueden generar efectos secundarios indeseados, como la apatía o el insomnio.

Por eso, es tan importante localizar la zona concreta del cerebro encargada de codificar los procesos de ansiedad y conductas de riesgo, con el fin de actuar concretamente sobre ellos.

Neuronas OLM, las células de la valentía

Este equipo internacional de científicos, dirigido por los doctores Sanja Mikulovic, Ernesto Restrepo, Klas Kullander y Richardson Leao dio con la respuesta a sus preguntas al fijar su atención en unas viejas conocidas.

Se trata de las células OLM (oriens lacunosum-moleculare), un tipo de inter neuronas, ubicadas en la capa más externa del hipocampo, que previamente habían sido estudiadas por ellos, por su función como “guardianas” de la memoria.

Sin embargo, esta parecía no ser su única función, ya que comprobaron que al estimularlas en el cerebro de los ratones se producía una actividad cerebral similar a la que experimentan los animales que actúan con seguridad en ambientes amenazantes, como la presencia cercana de un depredador.

Este descubrimiento es una gran noticia, ya que en trabajos previos habían comprobado que se trata de neuronas sensibles a la nicotina, por lo que podrían estudiar una forma de controlarlas farmacológicamente. Por lo tanto, el hallazgo es un gran primer paso para el futuro desarrollo de antidepresivos y ansiolíticos dirigidos únicamente al origen de la ansiedad, sin efectos secundaros.