A veces sin que nos demos cuenta o a pesar de nuestros esfuerzos, nos quemamos, es decir, desarrollamos el temido síndrome del quemado o burnout. Este síndrome se caracteriza por un estado de agotamiento general —mental, emocional, físico— que prevalece y ocasiona la pérdida de interés y motivación por el trabajo, por las relaciones personales, incluso por la vida misma.

Estar "quemado" no es algo sencillo, ni de vivir, ni de superar, aunque esto no significa que sea imposible. Este síndrome se desarrolla particularmente por un exceso de estrés o, mejor dicho, una acumulación masiva de estrés que no es atendido o liberado. Es cierto que el estrés como tal no es "malo", incluso puede ayudarnos a priorizar o acelerar algunos procesos, pero una acumulación constante y sin actividades que ayuden a liberarlo puede llevarnos directamente a acabar con las fuerzas anímicas, mentales o físicas hasta para hacer las cosas más básicas.

No hay una receta como tal para salir de este estado y algunos caminos son ideales para unas personas pero no para otras. Lo más importante es no quedarnos sumidos en ese estado, pues puede acarrearnos graves consecuencias. Una opción para superar el síndrome del quemado es "la técnica de La princesa prometida".

"La princesa prometida"

The Princess Bride (La princesa prometida, en español) es una película de 1987 dirigida por Rob Reiner, protagonizada por Cary Elwes, Robin Wright y Chris Sarandon. Esta peculiar cinta de comedia y fantasía es famosa por muchas cosas, una de ellas por la mítica frase del personaje Iñigo Montoya: "Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir".

La escena que nos importa, es la de cuando el héroe de la película, Westley, muere "en su mayoría" al ser torturado por el Conde. Iñigo Montoya y Fezzik lo llevan con el milagrero y este le pregunta "¿Qué es tan importante, qué tienes que valga la pena vivir?" A lo que Westley contesta: "Amor verdadero". Todos están de acuerdo que eso es lo mejor de la vida ("a excepción de un bocadillo de cordero, lechuga y tomate", claro). Acá el clip de esta escena.

Aunque puede parecernos cursi no por ello esta respuesta es menos importante para enfrentar al síndrome del quemado. Y es que cuando alguien está sumido en él le resulta muy complicado encontrar motivación. La técnica de la princesa prometido es muy básica, encontrar aquello por lo que tenemos "amor verdadero". Luego de esto repasaremos a los demás en la "escena".

El enemigo

Kristina Voegele, una success coach especialista en este tema y autora de la técnica de la princesa prometida, sugiere que a la hora de identificar aquello por lo que sentimos "amor verdadero" seamos muy honestos. Es decir, a veces tenemos ciertas frases hechas para responder esta clase de preguntas y solemos decir: mi familia, mi trabajo, mis hijos; a las cuales casi nadie se atrevería a rebatir. Sin embargo, acá no se trata de una pregunta bonita, se trata de un cuestionamiento vital. ¿Qué tal si todo el estrés proviene de algo que tienes miedo de aceptar?

El panorama será mucho más claro si te atreves a decirte lo que realmente amas. Kristina nos sugiere que ahora identifiquemos a nuestro "enemigo". ¿Cómo combatiremos a nuestros enemigos si no los identificamos? Recordemos que el síndrome del quemado es una consecuencias (no una causa) de varios factores que no estamos atendiendo en nuestra vida. Tal vez nuestro mayor enemigo es que tenemos miedo de dejar nuestro trabajo, a que nos juzguen los demás o simplemente a no descansar como es debido.

Luego debemos hacer una lista de las tres cosas que creemos nos llevaron a quemarnos. Se sugiere adjudicar a esos aspectos una calificación en la escala del 1 al 10 . Esto podría quedar así:

  • Familia 4
  • Trabajo 8
  • Dinero 5

Por supuesto estos no son nuestros enemigos sino que identificamos ciertas circunstancias o problemáticas dentro de ellos que son los que están agotando nuestra más vital motivación. En este ejemplo el tema del dinero es importante, tal vez tenemos compromisos que nos rebasan y por eso el estrés. Otro aspecto es el de la familia, tal vez un problema en específico o una nueva situación como puede ser la llegada de un hijo, pero definitivamente la principal causa es el trabajo. Ahora bien ¿qué parte de él: el jefe, los compañeros, las metas? Si vemos mejor el panorama (libres de dramas) se puede trazar una ruta para salir del síndrome del quemado.

El héroe

Como todo cuento de princesas, esta técnica tiene su héroe: tú mismo. Así como nadie hace tu trabajo, nadie encabeza tu familia o nadie se hace responsable de ti más que tú mismo, nadie más te "rescatará" de sufrir el síndrome del quemado.

Es verdad que esta técnica raya en lo cursi, pero a veces necesitamos un poco de esto para salir de un lugar tan oscuro como es no tener motivación ni para salir de la cama. Kristine, por último, nos sugiere pedir ayuda a nuestros amigos (tal como Wesley la recibe de sus compañeros de batalla, Iñigo Montoya y Fezzik cuando este no podía mover su cuerpo), acercarnos a nuestra familia, a nuestra persona de más confianza en la vida (a caso nuestro true love) y también pedir ayuda profesional de ser necesario. Así pues, identificar lo que realmente amamos y lo que nos detiene son los puntos más importante de esta técnica. Y claro, ser como un héroe de fantasía: humildes con los que amamos y feroces contra los enemigos.