El fulminante despido de James Gunn por parte de Disney ha conmocionado la industria de Hollywood. Que unos tuits escritos hace una década, utilizados en su contra por grupos pertenecientes al sector alt-right, fueran suficiente para deshacerse sin más miramientos del director y guionista de la saga Guardianes de la Galaxia (con una tercera entrega en pleno desarrollo) hizo que fueron muchos artistas y creativos los que alzaran la voz para solidarizarse con lo ocurrido.

Así las cosas, fue ayer mismo cuando Rian Johnson, director de Star Wars: The Last Jedi, decidió borrar más de 20.000 tuits de su cuenta personal. Johnson, también empleado por Disney (está a cargo de una nueva trilogía dentro de la franquicia Star Wars) podía querer evitar que le ocurriera lo mismo que a su compañero de profesión o, quizá, estar siguiendo una directriz de la compañía; ha sido hoy cuando el director, preguntado por su movimiento, ha explicado el motivo en Twitter.

No es una directriz oficial en absoluto y pienso que nunca he tuiteado algo tan malo. Son ya nueve años de cosas escritas de forma espontánea y efímera y si lo de los trols escudriñando lo publicado en búsqueda de munición se convierte en lo normal, me parece un movimiento lógico.

En un momento en el que las redes sociales se han convertido en el canal idóneo para transmitir odio y críticas destructivas, como las múltiples que ha tenido que aguantar el propio Johnson por la polémica generada por el episodio VIII de Star Wars, parece una decisión lógica pero precisamente eso se antoja indiscutiblemente peligroso: haber llegado a un punto en el que la carrera de un artista con años de experiencia y múltiples obras a sus espaldas dependa de tuits pasados (y de la inquina e ira de un pequeño sector de la comunidad) es, como poco, alimento para la reflexión de la industria.