Hoy en día el cambio climático, las finanzas sostenibles, los proyectos sociales, la transparencia, el voluntariado corporativo, la protección de los derechos humanos o los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas son temas cada vez más relevantes en los procesos de toma de decisiones de las empresas. En sociedades con una creciente conciencia social, las compañías deben satisfacer las demandas de sus consumidores, gestionando adecuadamente sus impactos dentro de la sociedad por medio de la responsabilidad social corporativa (RSC).

En 1953, el economista Howard R. Bowen publicó el libro Social Responsibilities of the Businessman, que marcó un antes y un después en la historia de la RSC al fijar las bases de lo que hoy entendemos como responsabilidad social empresarial (RSE). Un concepto similar que inicialmente nació más orientado al público interno de la empresa. Durante los años posteriores a la publicación del libro, la ética y los valores empresariales empezaron a tratarse en la universidad mientras la sociedad adquiría consciencia del impacto de las organizaciones en su entorno.

Durante los años 60 y 70, se desarrolló un debate académico sobre los fines de la empresa, y en 1979 el profesor Archie Carroll definió por primera vez las responsabilidades de la empresa como económicas, legales, éticas y filantrópicas, que posteriormente desarrolló en la Teoría de la pirámide. Pero será en los años 90 cuando la RSC comenzará a trabajarse de forma transversal en las organizaciones, y el sector financiero no será ajeno a estos desafíos y compromisos.

Sostenibilidad y banca, una combinación necesaria

Según el cuaderno de RSC y cultura corporativa de la Cátedra CaixaBank de responsabilidad social corporativa de IESE, en el año 1977 menos de la mitad de las compañías de la lista Fortune 500 mencionaban la RSC en sus informes anuales. A finales de la década de los 90, cerca del 90% de las empresas de esta lista consideraban la RSC como un elemento esencial en su modelo de negocio.

Pero las empresas no son las únicas que valoran positivamente la responsabilidad social corporativa. Según un estudio del OBS Business School, un 31% de los consumidores no sólo conoce este fenómeno, sino que además practica un consumo responsable y consecuente. Por primera vez en la historia, los ciudadanos sitúan la RSE por encima de los criterios contables a la hora de valorar una compañía.

Lo cierto es que la RSC ha supuesto un cambio de mentalidad en todas las industrias y sectores, incluido el de la banca, en el que este tipo de consideraciones adquieren una importancia crucial debido a su posición clave en el escenario internacional. Entidades bancarias han integrado internacionalmente la RSC como parte fundamental de su negocio, fomentando, entre otras cosas, la transparencia, las acciones basadas en principios éticos y la financiación de proyectos vinculados al desarrollo sostenible, el compromiso social y el respeto al medio ambiente.

La mayoría de los bancos españoles ya incorporan políticas de RSC a su estrategia de negocio y los clientes premian a aquellas compañías con modelos de gestión de banca socialmente responsables con las que puedan compartir filosofía. Según el último informe de Inmark, el 31,9% de los clientes particulares encuestado percibe a CaixaBank como la entidad financiera más comprometida socialmente, situándola por encima de sus competidores. Concretamente, en el segmento Empresas vinculan a CaixaBank, en mayor medida que a su competencia, con los atributos de confianza (61,8%), cercanía emocional (62,8%) e innovación (60,1%), y la identifican con una entidad que “admiran y respetan” (44,6%).

No hay duda de que CaixaBank se sitúa como un banco de referencia internacional en responsabilidad social corporativa, algo que ratifica el estudio de Stiga sobre Benchmarking de satisfacción de clientes del sector financiero, en el que CaixaBank fue puntuada como la entidad más comprometida con la sociedad en 2017.

Y su aspiración es seguir siéndolo también en el futuro. Como afirma Jordi Gual, presidente de la entidad, “continuamos comprometidos con el bienestar de todas las comunidades en las que estamos y colaborando con la Obra Social La Caixa para que el gran trabajo de la Fundación Bancaria La Caixa llegue a las personas que más lo necesitan”.

CaixaBank ya se ha reafirmado como una entidad diferente y transformadora, esforzándose para potenciar su modelo de banca socialmente responsable. Pero la entidad ha puesto en marcha un nuevo plan con el que busca una rentabilidad sostenible y una gestión coherente con su cultura y sus valores corporativos centenarios a través de cinco líneas de actuación: integridad, transparencia y diversidad; gobernanza; medio ambiente; inclusión financiera; y acción social y voluntariado. Que, a su vez, constituyen las señas de identidad que hacen diferente a CaixaBank y que la convierten en mucho más que un banco.

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