El cine es mucho más que entretenimiento. Para algunas personas, constituye su vida entera. Varios individuos logran separar con éxito su vida personal del objeto de su fanatismo; manteniendo tal actividad como una pasión sana, sin dejar que los pros y contras propias del desarrollo de estas tengan un efecto directo en sus estados de ánimo.

También existe una minoría que basa toda su identidad y personalidad en los productos de entretenimiento que le gustan y, en mayor medida, en los que no le gustan. De esta manera, si, supongamos, una película que ansiaban ver desde hace años termina siendo decepcionante, su reacción no se limita a criticar sus fallos constructivamente y esperar a ver si la próxima entrega mejora, sino que recurren a atacar personalmente a los involucrados en la cinta, acusándolos de arruinar sus esperanzas por dinero o por incompetencia.

Rian Johnson, el director de The Last Jedi, ha sido uno de los más criticados de los últimos tiempos.

No tiene nada de malo compartir opiniones a través de Internet, pero es absurdo creer que los autores detrás de blockbusters como Infinity War o The Last Jedi nos deben algo por el simple hecho de dirigir franquicias populares; como si su potencial creativo estuviera atado a nuestros caprichos.

James Mangold, el director de la polémica Logan, ha descrito las titánicas cantidades de presión que un director debe aguantar cuando se le encomienda la producción de una gran película de género de Hollywood.

«Cuando escribir y dirigir entregas de grandes franquicias conlleva una carga emocional equivalente a escribir un nuevo capítulo de la Biblia (con las posibles consecuencias de de ser apedreado o tildado de blasfemo), entonces mentes más audaces van a dejar que tales películas sean producidas por mediocres y juntas corporativas». —James Mangold

Con este tuit, el exitoso director se refiere a una de las críticas más comunes a películas de alto presupuesto, pero sobre todo a las de superhéroes. Se les acusa de ser dirigidas por la corporación como tal y que los directores son meras herramientas publicitarias. Sin embargo, si alguien piensa que uno de esos filmes es mediocre, toda la carga recae en los hombros del director.

«Si crees que ese es el caso, si crees que los cineastas son solo herramientas corporativas sin poder, ¿entonces por qué quejarse con nosotros? En el caso de @rianjohnson y @chrismcquarrie, te aseguro que estos gatos no tienen dueño. En realidad son ellos los que pelean tus batallas detrás de escena». —James Mangold

Se sigue de esto que, si los directores que se aventuren a dirigir películas de este tipo serán sometidos a cantidades tan desproporcionadas de presión y expectativas surreales, los únicos que quedarán para dirigir películas de Marvel son los ejecutivos de marketing. Los cuales, como es natural, no tendrán en mente ningún fin artístico, como ya sucede con franquicias como Transformers. Igualar esas películas sin alma con las demás franquicias detrás de las que sí hay un equipo creativo por detrás, es un ejercicio de ignorancia gravísimo.

Creo que es conveniente acordarse de una de las máximas más importantes de comportamiento en Internet: no digas nada a nadie en línea que no te atreverías a decirle en la vida real. Es fácil enviar amenazas de muerte y toda clase de insultos agresivos detrás de un muro que nos hace invisibles; pero estas son acciones deplorables y cobardes.

Los creadores cinematográficos son los más afectados por esto. La mayoría de las veces no se sabe de dónde o de quién provienen las decisiones que terminan influenciando el producto final de una filmación. Sin embargo, como los ejecutivos suelen ser desconocidos, los personajes públicos como los actores, directores, escritores, etc., son identificados como los únicos responsables. Si uno busca asegurar que personalidades interesantes jamás vuelvan a trabajar en entornos como los descritos, esta es la manera de hacerlo.

Como afirma Mangold en su cuenta de Twitter, decir «Odio la última película de Star Wars» no es una crítica, es lo que diría un infante con respecto al brócoli, no un argumento proveniente de un adulto funcional. No hay que dejarnos llevar por la falsa «libertad» que nos provee Internet para andar escupiendo insultos infantiles. Es análogo a un acto de magia el hecho de que puedas comunicarte con alguien a miles de kilómetros en apenas unos segundos, sería absurdo usar esta habilidad para fines tan intrascendentes.

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