Definido por muchos como el país de la fiesta, España no podía ser otro lugar que la cuna de lo que ya se ha definido como el BlaBlaCar de las fiestas.

La fina ironía quiso que precisamente la experiencia de compartir fiestas naciese donde nacen las mejores ideas: precisamente en una fiesta. Ignacio y Pablo de la Cruz Greciet cumplían el estereotipo de joven del sur de los Pirineos. Casa con terraza, jóvenes y sociables. El lugar perfecto para organizar encuentros con amigos. Y como del ocio al negocio hay solo un paso, la idea pronto comenzó a tomar forma. ¿Por qué no ahorrar dinero de la fiesta invitando a gente desconocida? De esta forma se ahorra dinero y, además, si hay suerte permite conocer caras nuevas.

"En este punto, nos fijamos en modelos de negocio de economía colaborativa que estuvieran funcionando. Por un lado, los usuarios son valorados tras los eventos, con lo que el que tiene una mala valoración, no será aceptado en el siguiente al que quiera asistir (ni nadie querrá asistir al suyo en caso de que sea anfitrión). El pago, gestionado por la plataforma solo ser haría después del evento".

Nacía así WannaParty, plataforma de fiestas que solo necesitaba un elemento más: un desarrollador. El tercer socio de la compañía, Juan Pinedo, conformaría el equipo completo.

Pablo de la Cruz Greciet, uno de los fundadores explica a Hipertextual, que "el funcionamiento de la plataforma es similar al del resto de compañías de economía colaborativa". El anfitrión establece el número de plazas disponibles y el precio por plaza, así como otras características. Las personas interesadas en acudir al evento solicitan asistir, y el organizador basándose en sus valoraciones pasadas, perfil… decide si aceptar o rechazar la solicitud. En caso de aceptar la solicitud, al asistente se le envía el número de teléfono del anfitrión para que ultime los detalles (en Wannaparty aparece una ubicación aproximada del evento para proteger la privacidad de los usuarios).

Con más de 500 usuarios registrados y 700 descargas, sin apenas promocionarlo aún no tienen cifras de negocio. Su modelo de negocio se basa en el cobro de una pequeña comisión por gestión de la actividad. Sin embargo, el objetivo es alcanzar la vertical de fiestas en su totalidad. "El negocio admite varias formas de monetización que iremos implementando a medida que avance la plataforma, y que a su vez ofrecen una mejor experiencia al usuario. Por ejemplo, incluiremos servicios que se puedan requerir durante los eventos (hielos, comida, transporte…). También tenemos en mente conectar con redes de DJs, de servicios de limpieza y ampliar las promociones de bebidas a corto plazo", explica Pablo. Además, añade, varias marcas de bebidas también se han interesado por el negocio.

Quien hizo la ley, hizo la trampa

Hace tiempo, se presentaba la aplicación que por un módico precio te permitía quedar con alguien. El clásico de "pagar por tener amigos" que Kiki App reinventaba convirtiéndolo en modelo de negocio. La pregunta del millón estaba en cómo evitar que su aplicación se convirtiese en un paradero de citas prepago. Su respuesta se limitaba a admitir que eso podía pasar, pero que bajo ningún concepto ellos eran una web de citas.

Los fundadores de WannaParty explican que "no son una apliación de citas y en ningún momento tienen la misma finalidad de Tinder". La realidad es que tinder se define como un lugar para poner en contacto a gente, no para encontrar el amor.

Ante la posibilidad de que el uso de la app termine pervirtiéndose, explican que no permiten eventos homófobos, racistas, discriminatorios, que inciten al odio o la violencia… Para el resto confían en el laissez faire.

La compleja cuestión de la seguridad

Con registros solo a través de redes sociales, para que quede constancia de los que se apuntan, el tema de las valoraciones es importante y relevante para la convivencia en la plataforma. Lo que influye directamente en la seguridad de los eventos:

"En Wannaparty, no hacemos distinciones por género en ningún momento. Todos los usuarios son exactamente iguales. El segundo, es que nos oponemos completamente a cualquier tipo de comportamiento machista, y en el caso de que se dé, pondremos todos los medios que tengamos a nuestro alcance para tomar las medidas oportunas".

Ahora bien, queda la pregunta en el aire de quién se atreve a montar una fiesta en casa e invitar a desconocidos. De salir bien puede convertirse en un negocio redondo, de salir mal puede llegar a ser toda una pesadilla.