La contaminación en México, sobre todo en la capital y en otras ciudades como Monterrey, ha sumido a estos lugares en una intensa neblina provocada por el tráfico. El reto es conseguir disminuir los altos índices de gases de efecto invernadero que son también la causa de problemas de salud para los habitantes como infecciones respiratorias, asma, y conjuntivitis.

Un nuevo informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) puso de relieve la gravedad de esta problemática al anunciar que el 4.6% del Producto Interno Bruto (PIB) en México en 2016 se destinó únicamente a la degradación ambiental.

Este año es el último del que se tiene registro y los datos para 2017 no serán revelados hasta el próximo mes de noviembre.

La cifra ha sido arrojada con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 5 de junio con el objetivo de sensibilizar y concienciar a la población mundial sobre la importancia de tomar medidas contra la contaminación.

Del 4.6% total, un 4% está dedicado a la degradación ambiental provocada por las emisiones de aire, los residuos sólidos, la contaminación del agua. Estas emisiones provienen sobre todo de los coches particulares, camiones de
pasajeros, camiones de carga y taxis, explicó el INEGI. El 0.6% del PIB restante es el costo económico por el agua subterránea, los hidrocarburos y el agotamientos de los recursos forestales.

Asimismo, los gastos en protección ambiental (GPA) ascendieron al 0.7% del PIB en 2016, que supone alrededor de 130.770 millones de pesos. Este porcentaje es parecido al de otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como España, que destina 0.5% a la protección del medio ambiente y Reino Unido con el 0.8% de su PIB.

Mientras que México se encuentra más o menos en el mismo nivel en gasto en protección ambiental respecto a otros países, su lucha contra la contaminación supone destinar millones de pesos para intentar frenar sus efectos. Por lo tanto, el aumento en este aspecto parece no compensar la alta cifra económica que es necesario afrontar a causa de los efectos de la contaminación.

Asimismo, el 4.6% del PIB queda muy lejos de otras cifras como el gasto en salud, que no superó el 2.7% del Producto Interior Bruto del país en 2017. Esta cifra es menor a la del año anterior, cuando llegó al 3% del PIB.

México se ha posicionado como uno de los últimos de la lista de la OCDE en lo que a salud pública se refiere, frente a las inversiones de otros países como Alemania, que destina alrededor del 9% de su PIB en este sector.

La cifra del gasto por la degradación ambiental y para el sector sanitario guardan una estrecha relación a pesar de las grandes diferencias numéricas. El año pasado, el Sistema Único Automatizado para la Vigilancia Epidemiológica (SUAVE) informó que en 2016 se registraron 900.000 hospitalizaciones por enfermedades relacionadas con la contaminación en la Zona Metropolitana del Valle de México.

La zona en la que se encuentra la Ciudad de México es una de las más afectadas del país, sobre todo en época seca, que desde marzo hasta junio. En estos meses de 2016 fue cuando se registraron más hospitalizaciones por conjuntivitis, neumonía y bronconeumonía. Asimismo, varios estudios han confirmado que la mala calidad del aire agrava la situación de pacientes con asma y EPOC.

En este contexto, los gastos para hacer frente a la contaminación deben sumarse a las consecuencias de este fenómeno para la salud de los habitantes. A pesar de que se han llevado a cabo medidas locales como el Hoy No Circula en la capital mexicana o la irrupción de nuevos modelos de transporte para aliviar el tráfico en las calles, México destina más del doble a superar la grave contaminación del país que en salud. Y los dos ámbitos guardan, según estudios publicados, una estrecha relación.

Para este año, este vínculo podría ser todavía mayor y la mala calidad del aire podría ser la causante de 37.000 muertes, más 100 hospitalizaciones y 6 millones de consultas médicas en 2018, según el pronóstico del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO).