Se apaga la llama de esperanza de ZTE en lo que a volver a la normalidad se refiere. En una decisión tomada hoy por el comité correspondiente se ha desestimado cualquier acción que pudiera implicar el levantamiento de la prohibición interpuesta hace unas semanas a la compañía, la cual impide que realice tratos comerciales con empresas de Estados Unidos durante los próximos siete años.

Es la respuesta por parte de los organismos reguladores al tweet de Donald Trump que prometía esta semana resolver la situación para que la compañía pudiera "volver al negocio rápidamente". Aunque las intenciones de actual mandatario fueran buenas, parece que la decisión se mantendrá en firme y nada volverá a ser igual para la empresa asiática de aquí en adelante, que tendrá que hacer frente a esta decisión debido a un incumplimiento en los acuerdos a los que llegaron con el Gobierno norteamericano tras saltarse unas sanciones estatales y exportar productos a Irán.

El futuro incierto de ZTE

La prohibición afecta al fabricante chino de varias formas, pero la más grave es la total restricción al acceso de componentes internos necesarios en sus aparatos, como los procesadores, los cuales eran adquiridos en buena parte a compañías norteamericanas. También podría afectar, aunque no está del todo claro, en el uso de Android en sus dispositivos, pues el cerco podría hacerse extensivo a los acuerdos con la compañía de Mountain View.

Todo un desbarajuste que ha llevado a anunciar a ZTE el cese de sus principales operaciones, lo que deja un futuro particularmente incierto. En el mejor de los casos solo será una parada preventiva para ver cuáles son los siguientes pasos a dar; en el peor, un desastre mayúsculo que dejaría a la empresa sin posibilidad de acción en la mayor parte de sus negocios. Solo el tiempo dirá cuál es el desenlace final, pero el panorama para la compañía no podía ser más desolador en estos momentos.

China, en aras de la guerra comercial que puede desatarse entre su país y Estados Unidos, hará un importante inversión en el desarrollo y creación de microprocesadores para abastecer a la industria local sin tener que depender de empresas como Qualcomm, la cual suministra este tipo de tecnología a buena parte del sector móvil actual. Dada la aversión desde las principales instituciones de Norteamérica hacia empresas como ZTE o Huawei, y teniendo en cuenta la incipiente industria tecnológica china, el plan del Gobierno para favorecer la independencia comercial puede ser extremadamente beneficioso en el futuro.