Sin duda meditar es una actividad con la que podemos conseguir extraordinarios beneficios. La ciencia ha estudiado ampliamente los efectos en los practicantes de esta técnica y ha concluido que es efectiva para reducir el estrés, incrementar la actividad cerebral en las zonas asociadas a emociones positivas, favorece la atención y la concentración, entre muchos otros efectos.

Podemos decir que el mindfulness, basada principalmente en los principios de la meditación, es mucho más que una técnica de moda. Lo mismo sucede con la meditación en sí; para empezar porque no se trata de una técnica nueva, por el contrario tiene una milenaria tradición en las culturas orientales. En segundo lugar por los resultados que ha constatado la ciencia. Pero ¿cómo comenzar a meditar, podemos hacerlo nosotros mismos o se requiere un guía? ¿Por qué he fracasado en otras ocasiones en mis prácticas meditativas? ¿Cuánto tiempo debo meditar?

A continuación veremos las respuestas de estas preguntas; algunas creencias erradas y otras prácticas que no favorecen a la meditación.

Creer el viejo cuento de "la mente en blanco"

La idea de que para comenzar a meditar debemos poner "la mente en blanco" es una que se ha arraigado más por las series y películas (gracias, Hollywood) que por las técnicas y maestros de meditación. Y es que la meditación no persigue esta utópica meta, por el contrario debemos comenzar a meditar sabiendo que la mente seguirá su curso (en el budismo le llaman "la mente de mono" porque no para). Lo que no debemos de hacer es juzgar los pensamientos, ni irnos con ellos lejos del momento presente. Yongey Mingyur Rinpoche lo explica en este brevísimo y esclarecedor video, en donde, por cierto, nos recuerda que podemos meditar en cualquier parte y en cualquier momento (esto nos da pie para el siguiente punto).

Cuando medito me quedo dormido(a)

Esto es algo muy común sobre todo en las primeras prácticas. Si bien es posible meditar en cualquier momento y en cualquier lugar, uno de los errores comunes en los principiantes es meditar cansados o bien, meditar acostados. Aunque esto es posible al principio es recomendable tomar algunas precauciones más que nada porque el cuerpo y la mente (sí, la misma de mono) relaciona cerrar los ojos con dormir, mucho más si nos acostamos o estamos cansados. Por tal motivo es recomendable tener una buena postura, una que nos permita estar relajados. Pero, atentos: no es necesario hacer posiciones extrañas o difíciles, por el contrario. Con la práctica la mente y nuestro cuerpo entenderá que cerrar los ojos no siempre significa irse a dormir.

Pensar que es muy fácil o muy difícil

Meditar no es ninguno de estos extremos, en realidad es muy sencillo (que no fácil) pero es necesaria la práctica. Eso sí, podemos comenzar con pocos minutos diarios y de ahí incrementar el tiempo de práctica. Lo más importante en esta técnica, como en muchas otras, es que lo hagamos a diario. Por otro lado, meditar no tiene por qué ser difícil, de hecho con la práctica y con los beneficios que nos trae casi de inmediato será mucho más sencillo y disfrutable.

Pensar que lo estamos "haciendo mal" o que "no pasa nada"

Una de las primeras preocupaciones cuando comenzamos a meditar es creer que lo estamos "haciendo mal" o que no "está pasando nada" y es que muchas de las veces se crean expectativas sobre la meditación (otra vez, gracias Hollywood) o se dicen cosas que son exageradas: "sentí una paz indescriptible", "vi luces, mandalas y budas" (true story). Entonces si eres principiante creerás que lo estás haciendo todo mal. Lo cierto es que la sencillez de la meditación también está en lo que sucede mientras meditamos, es decir, no esperes fuegos artificiales, no esperes abrir los ojos y descubrir que estabas levitando. No, la meditación es sencilla, relajante y con el tiempo y la práctica descubrirás por ti mismo los beneficios.

Ahora bien, la ciencia ha hecho múltiples estudios y ha encontrado cosas fascinantes. Así que, tu labor es meditar con constancia y los resultados llegarán por sí solos.

No crear un hábito

Crear hábitos no es sencillo pero tampoco imposible. Como ya dijimos, meditar requiere que lo hagamos a diario. La constancia nos ayudará a hacer de ella un hábito, pues lo mejor (y lo peor) de los hábitos es que es difícil dejarlos ya que dejan de ser un asunto pendiente para ser algo que hacemos de forma automática (de ahí la importancia de elegir bien entre buenos y malos hábitos).

Así pues, si derribas estos mitos y malas prácticas podrás crear un hábito que te traerá grandes beneficios. Te recomendamos también algunas apps para meditar porque todo los que nos ayude a ser constantes, bienvenido.