El investigador Manuel Elkin Patarroyo participó en la jornada inaugural del XXV Congreso Internacional de Derecho y Genoma Humano, que estos días se celebra en el Bizkaia Aretoa de la Universidad del País Vasco. El colombiano, creador de la primera vacuna sintética contra la malaria, ha explicado sus avances en una charla titulada El futuro de las ciencias biomédicas, donde ha repasado los problemas y las limitaciones a la hora de desarrollar una estrategia de prevención efectiva contra esta enfermedad que provoca medio millón de muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud.

Patarroyo ha sido muy crítico con los movimientos animalistas, a los que ha acusado de haber intentado "parar el estudio de la vacuna contra la malaria". Según explicó ante el auditorio, grupos de origen británico y colombiano estuvieron presuntamente detrás de la paralización durante cinco años de una de sus investigaciones, en las que se utilizaban monos del Amazonas. Sus críticos denunciaron que el científico colombiano empleaba ejemplares del género Aotus asegurando primero que estaba relacionado con el "tráfico ilegal de animales" y después que "estaban en peligro de extinción", afirmaciones rechazadas por Patarroyo. "Mientras tanto hay 600.000 niños muriendo de malaria", ha lamentado durante su conferencia.

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Jim Gathany (Wikimedia)

En particular, Manuel Patarroyo ha utilizado desde 1984 monos de la especie Aotus nancymaae, con los que logró desarrollar su primera vacuna sintética contra la malaria, que recibió el nombre de SPf66. Según los medios locales, la impulsora de este movimiento de rechazo contra el uso de micos es Ángela Maldonado, una experta en Biología de la conservación que llevó al colombiano ante los tribunales en un primer momento para detener el uso de estos animales de experimentación. Patarroyo posteriormente logró realizar análisis de ADN para demostrar el origen de los monos usados en sus investigaciones contra la malaria.

La última acusación recibida por Patarroyo, que había denunciado incluso amenazas "por falsedades sobre el uso monos en investigaciones", se centra en el supuesto peligro en el que se encuentra la especie que utiliza. Según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), las poblaciones de Aotus nancymaae están disminuyendo, una reducción que se ha situado en un 30% menos de ejemplares en los últimos veinticinco años. Estas cifras han llevado a la IUCN a calificar su situación como "vulnerable", una categoría diferente a la de "en peligro de extinción".

La ansiada búsqueda de una vacuna

La malaria es una enfermedad que provoca síntomas parecidos a los de la gripe, entre los que se incluyen fiebre, dolores musculares, escalofríos y, en los casos más graves, anemia, ictericia o coma. La patología, que también recibe el nombre de paludismo, está causada por un parásito del género Plasmodium, transmitido por un mosquito que funciona como vector de la enfermedad y que se denomina Anopheles. La mayoría de los casos de malaria en el mundo se registran en el África subsahariana.

Patarroyo es uno de los científicos pioneros en la búsqueda de una vacuna contra la malaria. Su primera herramienta experimental para frenar la enfermedad fue Spf66, que no logró los resultados clínicos esperados. El colombiano fue reconocido por el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1994, cuyo jurado destacó "la originalidad, el rigor y la perseverancia durante muchos años".

Aunque a día de hoy no existe una vacuna antimalárica autorizada, Manuel Patarroyo continúa trabajando en la producción de vacunas sintéticas. Su objetivo es desarrollar y probar la fórmula que permita obtener la máxima eficacia posible. En los próximos meses, según anunció en el Congreso Internacional de Derecho y Genoma Humano, dará a conocer los nuevos avances realizados con la vacuna experimental Colfarac. Su estrategia de investigación podría aplicarse en la lucha contra otras patologías, e incluso el propio Patarroyo destacó que existe interés en analizar la seguridad y eficacia de las vacunas sintéticas en áreas como el cáncer. El científico se mostró muy crítico con el acceso a los medicamentos, al cuestionar "que una vacuna que vale diez céntimos pueda costar 150 euros".