El 14 de marzo ha quedado para siempre marcado en la historia de la ciencia. No solo porque hoy se celebre el nacimiento de Albert Einstein, el Día de Pi, como guiño a la forma en la que se escribe la fecha en los países anglosajones (3/14), o porque el mundo se haya despertado con la muerte de Stephen Hawking, el genial físico que nos permitió conocer un poco mejor cómo es el universo. También este miércoles se cumple el aniversario del nacimiento y del fallecimiento de Félix Rodríguez de la Fuente, probablemente el primer gran divulgador de la ciencia en español.

"Quizá suena ya un poco caduco o casposo, pero fueron los documentales de El hombre y la Tierra, los que me engancharon primero a la naturaleza y luego a la ciencia", escribió el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi al ser preguntado en Naukas por la persona que marcó su carrera. Una reflexión similar a la realizada por el bioinformático Francis R. Villatoro, quien reconocía que "cuando era niño la única fuente de divulgación científica en mi casa era la televisión", donde Félix "era la gran estrella". Su inesperada muerte, acaecida tras un accidente de avioneta el 14 de marzo de 1980 en Alaska, donde también fallecieron sus compañeros Teodoro Roa y Alberto Mariano Huesca mientras trabajaban, dejó huérfanos a varias generaciones que soñaron con ser algún día naturalistas para descubrir así el mundo que les rodeaba.

Logró crear conciencia por la naturaleza

"Han sido más de dos de trabajo en el campo. Detrás de cada imagen de la fauna española hay el esfuerzo de todo un equipo". Así comenzaba Félix Rodríguez de la Fuente la presentación del programa El hombre y la Tierra, donde mostró los animales y los ecosistemas que forman parte de la Península Ibérica. Sin ningún género de dudas, y a pesar de los esfuerzos de investigadores de renombre como Santiago Ramón y Cajal u Odón de Buen para difundir su trabajo, fue el divulgador burgalés el que marcó un punto de inflexión en la mente de millones de españoles. "Estamos destruyendo nuestro medio ambiente y si lo destruimos nos destruimos a nosotros mismos", alertó Félix Rodríguez de la Fuente en un aviso que parece hoy en día más actual que nunca.

Con su trabajo televisivo, que había empezado años antes con la emisión de programas como Fauna, Animalia y Planeta Azul en RTVE, el naturalista logró cambiar la mentalidad de miles de españoles sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. Lo hizo, además, dejando una huella imborrable en el futuro del país: los niños que, pegados a la pantalla, asistían semana tras semana a la retransmisión de los episodios que Rodríguez de la Fuente grababa junto a su equipo. Inolvidables fueron las tomas donde el burgalés, nacido en el pequeño municipio de Poza de la Sal el 14 de marzo de 1928, se abrazaba a un lobo ibérico o atrapaba a una anaconda en medio de las aguas y el barro, tirándose literalmente a atrapar a la serpiente para mostrársela luego a los telespectadores.

El hombre y la Tierra permaneció en antena desde mediados de los setenta hasta 1981, cuando se cumplió un año de su trágica muerte, ocurrida el 14 de marzo del año anterior. La emisión del programa, que duraba tan solo media hora, logró crear una verdadera conciencia ecológica en España, donde miles de personas siguieron sus aventuras recorriendo los ecosistemas y parajes venezolanos, americanos e ibéricos. Su retransmisión situó a Televisión Española a la altura de gigantes como la BBC en la producción de grandes documentales sobre la naturaleza, contribuyendo además a la protección de especies en peligro como el lobo ibérico —al que describió como "un animal social jerárquico con muy mala prensa"— o el lirón careto.

El asombro, inmortalizado en aquella escena increíble donde grabaron cómo un águila derriba a una cabra montesa y se la lleva volando, era otro de los regalos que Rodríguez de la Fuente logró impregnar en varias generaciones. Su figura, que se sitúa al lado de otros divulgadores de renombre como Jacques Cousteau y David Attenborough, fue recordada en otra canción grabada en la memoria de miles de españoles —junto a la trepidante sintonía con la que comenzaba su documental más emblemático y que cualquiera de los espectadores de El hombre y la Tierra recordará—. Amigo Félix, el tema de Enrique y Ana, contó el viaje del naturalista burgalés y el legado que dejó en cientos de niños que querían "ir a jugar un poquito con el osito de la Osa Mayor".