Si Estados Unidos tiene a Theranos, la famosa biotecnológica que hacía análisis de sangre más baratos y eficientes a base de su revolucionaria tecnología creada por Elisabeth Holmes, como el caso polémico actual por su estafa tanto a los pacientes como a los inversores, en el caso de España también hay una versión propia. Hace unos años los ojos se centraban en Gowex, cotizando en el MAB, por su estafa con el Wi-Fi gratis, ahora le llega el turno a otro de los grandes de los años 2000: Blusens.

Lo comunicaba El Confidencial hace unos días: el fundador de Blusens era detenido en Santiago de Compostela. Las causas de su actual disposición judicial se mantienen bajo sumario, pero la realidad es que José Ramón García ya apuntaba a maneras cuando el mundo descubrió algo que, hasta hace unos años, pasaba inadvertido para muchos: comprar barato en China y vender a un precio más elevado en España. La venta de descodificadores de canales de pago ilegales. Las deudas con Hacienda y el impago del IVA de algunas de sus compañías le han mandado directamente a la lista de empresarios morosos de España. Todo aliñado con un gasto desmedido en viajes de promoción a diferentes países en los que Blusens se presentaba como uno de los potenciales rivales de Panasonic, Samsung o los que estuviesen por llegar.

1. Los MP3 de China y El Canto del Loco

Los reyes del MP3 allá por aquellos años. Con este apelativo Blusens empezó a conocerse en el sector la tecnología made in Spain. Se habló de la compañía de José Ramón García como una visionaria en el sector de la música. En 2009, la compañía gallega creaba una discográfica con el objetivo de regalar música con los MP3 que vendía; una suerte de Apple Music de andar por casa. Y Blusens apuntaba alto: la encargada de rentabilizar la nueva compañía de música era Eva Perales, conocida por descubrir a grupos como El Canto del Loco o llevar la gira de Amaral.

Realmente todo tenía sentido: Blusens controlaba una cuota de mercado de entre el 15% y el 20% allá por 2007. Cada nuevo producto era acogido por los usuarios con positivismo, y cualquier añadido a sus opciones de uso como un motivo para compararlos. De los simples a los que ya tenían pantalla a color, estos realmente podían a llegar a alcanzar precios superiores a los 70 euros allá por 2007. Había descubierto algo que hoy está a la orden del día: ir a China a por lo que en Europa saldría demasiado caro. Sobre la mesa, una lista de grandes competidores de alto nivel: Samsung, Panasonic... Decían que no se podía, pero se pudo.

Años más tarde, y habiendo facturado la friolera de casi 56 millones en 2011 con la venta de productos tecnológicos, la realidad del mercado dio de lleno a Blusens: el MP3 pasó a mejor vida sustituido por la nueva tecnología de los smartphones en un mundo que empezaba a estar dominado por Apple.

2. Crecimiento desmedido: a por todo en China

Fletar barcos o aviones para ir a comprar productos a China empezó a ser demasiado caro y poco ambicioso para la compañía. Blusens, que ya tenía reproductores DVD, televisores, GPS, ordenadores portátiles, teléfonos y electrónica de consumo, además de los famosos MP3, terminó por comprar su propia fábrica en Shenzen. No solo una, sino dos.

Diseñando todo en Galicia, fabricando en sus dos factorías de China y vendiendo en España era cuestión de horas que un avión rumbo a la Península llenase los establecimientos de los diferentes modelos de sus productos en menos de 30 horas. Cada uno de ellos con una nueva prestación que batía de lleno a la competencia.

Esto no salió nada barato para la tecnológica, de hecho, siempre pasó algo curioso con sus cuentas. Pese a alcanzar los más de 50 millones en ingresos, sus deudas seguían superando los 10 millones de euros. Todo contando con inversiones de patrocinadores que confiaban en la marca; entre ellos varios bancos que entraron de lleno con varios millones. Millones que no terminaron declarándose a Hacienda y que se diluyeron con el paso de los años. La Administración acusaba a la compañía de declarar IVA en forma en carrusel, lo que supuso un fraude de casi 800.000 euros. Cualquier posible comprador se apartó ante la inmensidad de los problemas que traía consigo la compañía. En 2017 la sociedad se liquidó quedando en el olvido.

3. Descodificadores ilegales de canales de pago

Ha sido acusado de un supuesto delito de propiedad intelectual por su producto estrella: un descodificador de contenidos audiovisuales de pago. Mediapro, LaLiga o la Agencia de Contenidos Audiovisuales se han presentado como acusación por la actividad ilícita de Web TV de Blusens. Hasta ahora, la policía ha incautado 4.600 terminales, de los 100.000 vendidos a unos 120 euros cada uno. Además, todos los dispositivos que se vendieron hasta la fecha, aunque operativos, han dejado de conectarse a Internet.

Lo que empezó siendo un aparato para ver la televisión, se convirtió en un producto para piratear contenidos audiovisuales en toda regla. Movistar o Netflix fueron algunos de los que vieron su contenido robado por parte de este descodificador.

4. Dinero por el desagüe y marketing desmedido

Viajes por todo el mundo, trajes caros, patrocinios en grandes marquesinas, internacionalización del producto con sede en Dubai, una de las regiones más caras del mundo... Todo era posible para un Blusens. La compañía buscaba posicionarse en primera línea, en un lugar donde cualquiera pudiese acceder a sus productos.

Las aspirantes a Miis España llegaron a lucir la marca de José Ramón en sus pasarelas. Para encontrar nuevos patrocinadores, los fundadores de la compañía no dudaban en alquilar los mejores palcos del Bernabeu. Las fiestas en Pachá para presentar los nuevos productos forman parte de la normalidad del día a día. MotoGP también gozó de la presencia de Blusens como patrocinadores del evento deportivo.

Los ingresos millonarios de la compañía se vertían en el gasto en patrocinios generando, además de problemas legales, agujeros que desembocaron en pérdidas igualmente millonarias.