No tiene base científica ni existen una serie de hipótesis iniciales y conclusiones finales. Pero de la experiencia de pasar una semana "conociendo gente" en dos redes sociales que se ubican en dos puntos de la realidad diametralmente opuestos, desde el punto de vista de una chica y de un chico, la conclusión es que realmente no existe nada diferente a la realidad del día a día. Independientemente del entorno en cuestión, los estereotipos que se asocian a la conducta masculina se cumplen y los de la conducta femenina también. Con excepciones en ambos lados, eso sí.

Tinder o Happn ya forman parte de la vida social, tanto de jóvenes como de mayores. Con origen en las ya olvidadas páginas de contactos, para evolucionar a los chats, la idea de las apps de ligar (o de conocer gente, como ellos se publicitan) llegaba a principio del siglo XXI como una idea novedosa para convertirse en todo un complejo empresarial multinacional que cotiza en bolsa. Un puro negocio del amor basado en una compleja red de algoritmos que definen los gustos de las personas en función de sus costumbres en Facebook. La realidad, comentaba Eparquio Delgado a Hipertextual, es que lo que ocurre en estas aplicaciones es un fiel reflejo de la realidad de la vida. Y, sin embargo, no todos hablan de la realidad que supone estar apuntado a una app para buscar pareja, amigos, compañía o lo que surja. El estigma existe en las apps para ligar y alguien miente con este tema.

En cualquier caso, esto va de aquellos que optan por ir un poco más lejos en esto de conocer gente o, dicho de otro modo, quieren ir al nicho de mercado perfecto para sus gustos o necesidades.

Las bases del experimento

Por un lado, está el chat Química Cristiana que, como bien cita su propia web, tiene el firme objetivo de buscar pareja de la misma condición religiosa. Problema: en el mundo de los católicos entran un gran número de congregaciones y ramas que, en muchas ocasiones, no cuajan entre sí. Así que seguramente será la primera vez que seas rechazado por no ser mormón o catecuménico, lo cual supera al clásico "no es por ti, es por mi".

Por otro lado, y en el punto opuesto, se encuentra Wyylde. Una web que se define como "un entorno liberal" que se basa en las uniones liberales fundamentadas en el sexo y todas sus variantes: heterosexual, homosexual, bisexual, tríos, orgías y otra serie de posibilidades infinitas. Problema: hay un sinfín de opciones que jamás habrías pensado y hay que entrar con la mente muy abierta porque el espacio es, precisamente, para buscar esa unión liberal.

La tremenda decepción de ser hombre

En este punto, la realidad es que la experiencia puede resultar aburrida para ambos casos. Requiere una alta participación de forma activa porque, de hecho, ninguna fémina se "acerca" si no hay un contacto masculino previo. Ni en la versión católica, ni en la radical liberal. En algo tenían que confluir ambos lugares.

Después de varios intentos de conectar en chats privados con diferentes chicas, en el caso de Química Cristiana, y gente de ambos sexos en la opción de Wyylde la realidad es que pocas fueron las del primer caso y solo funciono con los hombres en el segundo. Hubo que recurrir a la consabida imagen de perfil (donada amablemente por un tercero) para completar la información y así poder tener una experiencia mucho mejor. Pues ni con esas.

Con las mujeres creyentes había poco feeling; pese a la insistencia en los mensajes, siempre correctos y educados, fueron pocos los que recibieron respuesta y tampoco llegó más allá. Con los amantes del sexo, la realidad es que las visitas al perfil aumentaron, especialmente por la parte de parejas en busca de un intercambio sexual, pero sin más interés que ese.

Básicamente, por ninguna de las partes y durante una semana completa hubo la posibilidad de entablar alguna conversación con alguien interesado en el falso perfil masculino, carente de atractivo alguno por lo visto. Una gran decepción, sin duda, pero que dio tiempo a mirar qué es lo que buscan las mujeres en ambos lugares. Da igual el tipo de relación que se solicite, que en ambos sitios web ellas tienen muy definidos los gustos, límites, necesidades y, especialmente, lo que no quieren.

Una de las chicas que buscaban "sexo ocasional en Wyylde" explicaba muy correctamente que no atendía a mensajes de hombres con penes como imagen destacada, no tenía relaciones en la primera cita y que no aceptaba a casados que andan haciendo el guarro. Como ella, la mayor parte de los perfiles femeninos. Y está claro que lo que no querían era a ese hombre de perfil falso.

Resultado: fracaso absoluto.

Cuando ser mujer puede resultar hasta insoportable

Esta es la parte más divertida, y también la más terrible, de la experiencia. Mismas condiciones que en el perfil masculino, sin foto y perfil falso, pero resultados diametralmente opuestos en todos los casos, además de algún rechazo por no cumplir con las condiciones del opuesto.

En el mundo cristiano, con una media de edad que supera la del perfil creado, fueron varios los rechazos por no ser de la rama mormona de la religión. Una lástima. Otros, de las 38 conversaciones que surgieron casi al mismo instante en el que se aceptó la cuenta de registro, eran personas completamente normales que "no encontraban una pareja con sus mismas prácticas religiosas". Afortunadamente, los más numerosos, con los que se pudo entablar la típica conversación cordial e, incluso, entretenida después de una semana de relación web. Gustos de todo tipo, profesiones variopintas y gente normal.

Después llegaron las 105 visitas al perfil, 18 guiños (que son una especie de saludo) y 20 favoritos sin piedad. La realidad de Tinder también ha llegado a Química Cristiana. Cientos de mensajes pidiendo un número de teléfono o quedar para tomar algo sin un saludo previo. Nadie dijo que en el mundo religioso las cosas tuviesen que ir despacio. ¿Lo más destacado? Cuando alguno de los que opositaba al amor comentó que buscaba una mujer fiel, paciente, agradable, tranquila y callada. Sí, callada.

La fiesta llegó en Wyylde. Si en el caso anterior fueron 38 los mensajes instantáneos, en esta ocasión llegaron hasta casi los 150. Mensajes directos, tanto en concepto como en forma, de hombres en su amplia mayoría y alguna fémina que buscaba tríos con su pareja estable. El resumen de las primeras horas fue simplemente abrumador: por el número, las imágenes de penes surgiendo de todos los puntos del monitor y cientos de propuestas que, desde un punto de vista normal pueden sonar soeces, pero que en el ámbito parecen típicas. La realidad es que después de un rato y habiendo hecho la criba incial hasta puede resultar entretenido y engancha. Quizá por la novedad de cualquier cosa que digan o porque todo es tan absurdamente real, pero se pueden perder horas hablando en un tono bastante explícito con desconocidos.

Entrar como mujer era una experiencia totalmente diferente a la de ser hombre, donde algunos de ellos tenía mensajes preparados para soltar en masa y que iban acompañados de la apertura de perfiles de imágenes con alto contenido sexual. Y, todo esto, sin decir apenas un hola.

Los hay realmente insistentes... Y hay cosas que se salen de toda explicación medianamente sensata y que superó cualquier respuesta que se pudiese dar en el momento. El liberalismo está bien, pero el exceso puede resultar ofensivo....

Y luego estaban los que, sin duda buscaban un encuentro de cualquier tipo, pero la forma en la que tienen de acercarse puede resultar hasta amigable en un entorno tan sórdido y complicado. ¿Llegar a plantearse cosas de ese tipo? Ni en broma, pero puede parecer hasta divertido según se explique. Todos preguntan qué buscas y realmente no sabes qué responder porque todo es abrumador. Un "lo que surja" puede ser hasta socorrido en estas situaciones.
Amablemente te invitan a locales "de este tipo" donde si quieres puedes ir a pasarlo bien o solo a mirar, "como en cualquier discoteca". Realmente parece gente común que, quizá, tienen gustos que se salen de la norma y, por supuesto, no tienen que ser erróneos. En términos generales sería lo mismo que estar en Tinder, pero habiendo eliminado las capas de conocerse bajo el vano intento de ser algo más. En este caso, suponiendo que no hay ninguna inhibición en el ambiente (porque, de hecho, vas buscando eso) se pasa a las conversaciones útiles desde el minuto uno. Eso sí, el nombre, profesión, lugar de residencia y foto (por si cuela) siempre van por delante.

Todo parece normal. Y entonces, error, preguntas por las prácticas sexuales de terceros. Tríos, tanto con chicos como con chicas, es algo de lo más normal. Anal. Travestis. Transexuales. Y otra serie de prácticas de nombres imposibles, pero qué más dará. Todo bien. Pero llegó la lluvia dorada y la siguiente confesión final: juegos con heces y coprofagia. O lo que es lo mismo: comer caca. Una práctica que, por lo que cuentan, es de lo más excitante, erótica y normal en algunos ambientes.

Es en este punto cuando, ahora sí que sí, tiras la toalla. Ese mundo definitivamente no es el tuyo y decides dar por terminado un experimento que empezó con un anuncio de una página de contactos en el metro y ha terminado con la peor propuesta que podías imaginar: que te hagan caca encima.