Lejos quedaron aquellos años en los que, ya no las clases sociales, sino los sexos estaban altamente definidos bajo el techo de la Fira en la celebración de los consecutivos Mobile World Congress. La tendencia de algunos deportes en los que el papel de las azafatas ha sido imagen durante largos años también tenía su reflejo en el mundo de la tecnología.

Ciclismo, motociclismo, tenis o Fórmula 1 son solo algunos de los ejemplos que han vivido bajo la sombra de la popular azafata uniformada en escuetos y ajustados vestidos. Un mundo de hombres, con un público predominantemente masculino y enfocado, como no, a ese mundo de testosterona. Llegó el siglo XXI y con él un cambio que no a todos ha agradado. El papel de la mujer ya no era puramente testimonial o de imagen física; los manifiestos públicos ya no entendían la razón de posicionar a la mujer como el elemento mudo de las escenas deportivas. Todo para cortejar al campeón del juego, siempre hombre. Y ocurrió lo que las grandes organizaciones nunca imaginaron: mujeres viendo deporte al igual que ellos. Todo había cambiado. Años se ha tardado en llegar al punto en el que las propias competiciones prohiban las azafatas. La Fórmula 1 anunciaba durante los primeros días del año que "la costumbre es contraria a las actuales normas sociales". Tanto así el tenis y las motos, que empezarían a poner niños aficionados al deporte en el papel de esas bellas mujeres.

Un cambio puramente de imagen corporativa, de cara a la galería. Cierto, ya no hay mujeres con poca ropa paseándose por las parrillas de salida, pero tampoco se pueden encontrar en los equipos de ingeniería o estrategia. Son pocas o ninguna las que llegan a cierto tipo de competiciones. ¿Ha avanzado entonces la situación de la mujer en estos encuentros? Ya no es objeto de deseo, cierto. Pero tampoco es responsable de nada. El logro de millones de mujeres bregando por los derechos y la igualdad que, sin embargo, no gusta a las propias azafatas. Decía Lauren-Jade, una de las chicas de parrilla de la Fórmula 1, que efectivamente todo este movimiento le ha dejado sin trabajo. ¿Podría acceder alguna de las chicas a alguno de los puestos de alto nivel? Muy probablemente tendría que lugar bastante más que su par masculino. Así que una cosa ni la otra.

Un cambio significativo, pero triste, durante el MWC

Volviendo a la cuestión del MWC. Se suele decir que la industria tecnológica, y su concepción de empresa, forman parte de un nuevo concepto de sociedad. La cultura de Google y Facebook ha cambiado muchas cosas. Sin embargo, no ha cambiado la base de todos los problemas. La realidad es que la industria tecnológica ha heredado los peores vicios de las compañías más tradicionales. Y estos pasan por el mismo sitio: la mujer queda en un segundo plano.

Al igual que ha sucedido en los eventos deportivos, dirigidos a un mundo masculino de forma tradicional, la concepción de la tecnología había estado enfocada a ellos. Las famosas azafatas del MWC, con poca ropa, bailando cada cierto tiempo en los stands, atendiendo a los posibles clientes y curiosos. La estampa no tenía desperdicio. Todo cuadraba: asistentes hombres, mujeres asistiendo. No hace tanto tiempo de esta situación: ZTE, la popular marca china, recurría a las suntuosas coreografías hace solo dos años durante la Fira.

De nuevo, el cambio ha llegado, lo que no quiere decir que sea a mejor. En esta nueva entrega de la celebración tecnológica por excelencia ya hay un cambio. Samsung, ZTE, Nokia, Huawei... todos con una paridad casi absoluta en su volumen de asistentes. Todos vestidos con la misma ropa. Todos jugando con las mismas reglas. Toda una novedad en esta historia, pero que sigue dejando uno de los trasfondos más tristes de la situación.

Es imposible disfrutar el cambio de sociedad cuando, de hecho, la tendencia en asistentes sigue siendo la misma. Si el MWC se concibió para hombres, la verdad es que se sigue manteniendo para ellos. El papel de la propia mujer ha sufrido el mismo curso que los mencionados eventos deportivos: la sustitución de las azafatas no ha venido acompañada de una progresiva incorporación de la mujer a esos puestos de dirección y negociación. Ni mucho menos a un posicionamiento público en encuentros como este. Ya se pudo ver con la escueta representación de la voz femenina en las keynotes de todo el evento, y solo hay que echar un rápido vistazo a los pasillos de la Fira y sus diferentes rincones para darse cuenta de la realidad de la situación: cientos de hombres, que por supuesto son líderes en sus puestos, y pocas mujeres recorriendo los pasillos del mundo tecnológico.

El sector de los negocios tecnológicos sigue siendo un lugar 100% masculino y no tiene aspecto de cambiar a medio plazo.