La historia de los Juegos Olímpicos de Invierno se remonta a principios del siglo XX. Los llamados Juegos Nórdicos, que se celebraron por primera vez en Suecia en 1901, es el evento precursor de los juegos de invierno que conocemos, celebrados cada cuatro años.

Viktor Gustaf Balck fue un oficial del ejército sueco y el creador de los Juegos Nórdicos. Desde su primera edición, se celebraron cada cuatro años hasta 1926. Balck fue miembro original del Comité Olímpico Internacional y desde ahí gestionó para que deportes de invierno fueran incluidos en el programa de los juegos olímpicos. Por tal motivo, el patinaje artístico estuvo presente en los Juegos Olímpicos desde Londres 1908.

Para los juegos en Estocolmo 1912 el conde italiano Eugenio Brunetta d'Usseaux propuso al comité la celebración de una semana dedicada exclusivamente a los deportes de invierno, pero se negó la iniciativa para preservar los Juegos Nórdicos y por la dificultad de realizar competencias de deportes invernales. Sin embargo, la idea quedaría sembrada y para los Juegos Olímpicos de Berlín 1916 se programó una semana invernal que incluyó patinaje de velocidad, patinaje artístico, hockey sobre hielo y esquí nórdico; lo triste aquí es que debido a la Primera Guerra Mundial los juegos fueron cancelados.

Fue hasta los Juegos Olímpicos de París 1924 que se dedicó una semana a los deportes de invierno. Se celebraron en Chamonix y el éxito fue inmediato: más de 200 deportistas de 16 países se dieron lugar y compitieron en los 16 deportes del programa. Así, en 1925 el Comité Olímpico Internacional llegó a la decisión de celebrar cada cuatro años los Juegos Olímpicos de Invierno y se designó el evento en Chamonix la primera edición oficial de estos espectaculares juegos.

En St. Moritz, Suiza se celebrarían los Juegos Olímpicos de Invierno de 1928. Desde entonces, salvo la cancelación en 1944 por la Segunda Guerra Mundial, los juegos de invierno se han ido consolidando como una competición robusta, seguida por un gran público.

Las medallas

Uno de los protocolos más significativos para los deportistas y para los que siguen las competencias, sin duda, es el de la entrega de las medallas. El podium, las flores, las banderas, el himno del país ganador y claro, las medallas de tres clases para condecorar a los tres primeros lugares de la competencia.

Desde Atenas 1896, cuando se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos, se estila otorgar medallas a los ganadores. En esa primera edición sólo se dieron al primer y segundo lugar, oro y plata respectivamente. Ya para San Luis 1904 los deportistas con el tercer lugar fueron galardonados con medallas de bronce.

El diseño de las medallas también ha cambiado significativamente con el tiempo. Por ejemplo, en las primeras ediciones no se trataba de medallas que se colgaban del cuello y fue hasta Roma 1960 que se utilizaron lazos como actualmente se acostumbra. Otra cosa es que el diseño cambia con cada edición, al principio, desde Amsterdam 1928 y hasta Melbourne 1956, el diseño fue uno: por un lado con la diosa de la victoria en la mitología griega, Niké o Nice, y del otro la imagen de un deportista cargado en hombros en un estado olímpico; este diseño fue realizado por el artista italiano Giuseppe Cassioli.

Por fortuna cada edición de los Juegos Olímpicos y de los Juegos Olímpicos de Invierno tiene su propio diseño de medallas; cada uno tiene significados muy especiales para el país sede, así como innovaciones tecnológicas que han cautivado a lo largo de la historia de los juegos.

Por tal motivo, repasamos los diseños de las medallas de los Juegos Olímpicos de Invierno. ¿Cuál es tu favorita?

Chamonix 1924

St. Moritz 1928

Lake Placid 1932

Garmish-Partenkirchen 1936

St. Moritz 1948

Oslo 1952

Cortina d'Ampezzo 1956

Saquaw Valley 1960

Innsbruck 1964

Grenoble 1968

Sapporo 1972

Innsbruck 1976

Lake Placid 1980

Sarajevo 1984

Calgary 1988

Albertville 1992

Lillehammer 1994

Nagano 1998

Salt Lake City 2002

Turín 2006

Vancover 2010

Sochi 2014

Pyeongchang 2018