Hoy nos ha sorprendido la muerte del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, nacido en Reykjavík en septiembre de 1969. Estudió idiomas y literatura en la universidad y fue guitarrista en bandas de indie rock. Su carrera fue verdaderamente interdisciplinar, pues aportó sus partituras musicales a obras de diversos medios artísticos, desde el teatro y la danza contemporánea hasta el cine y la televisión, además de sus propios discos en solitario desde 2002. Huelga decir que se le conoce muy en especial, como no podía ser de otra forma, por la música que nos brindó para el séptimo arte, en el que su estreno se produjo con la comedia The Icelandic Dream, de su compatriota Róbert I. Douglas (2000).

Cruzó el charco para participar con sus melodías en el drama romántico Efectos personales, del estadounidense David Hollander (2009); la ciencia ficción de De día y de noche, del mexicano Alejandro Molina (2010); o el drama independiente Por Ellen, de la surcoreana So Yong Kim (2011). Pero su trabajo se le reconoce o ha tenido oportunidad de lucirse en mayor medida con sus composiciones para filmes como el thriller Prisioneros, del canadiense Dennis Villeneuve (2013), director de Blade Runner 2049 (2017); el biopic sobre el científico Stephen Hawking titulado La teoría del todo, del inglés James Marsh (2014), por la que ganó el Globo de Oro a la Mejor Banda Sonora Original y fue nominado al Oscar y a los BAFTA; el thriller criminal Sicario (2015) y la intriga de ciencia ficción La llegada (2016), las dos de Villeneuve también y que le reportaron sendas nominaciones a los Oscar y los BAFTA de nuevo.

jóhann jóhannsson
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Quiso repetir igualmente con Kim en el drama romántico Lovesong (2016) y con Marsh en la aventurera The Mercy, recién estrenada en Reino Unido. El neoyorkino Darren Aronofsky le consultó para la música y el sonido de Madre! (2017), y aún nos queda por saborear su labor en la película de acción Mandy, del italiano Panos Cosmatos, y en María Magdalena, del australiano Garth Davis (2018). En principio, se anunció que Jóhannsson iba a encargarse de la banda sonora de Blade Runner 2049, como compositor fetiche que parece que era de Villeneuve. Pero luego, para asombro de la prensa especializada y la cinefilia, le sustituyeron por el veterano Hans Zimmer, autor de la música que hemos escuchado en películas como Hannibal (Ridley Scott, 2001), La señal (Gore Verbinski, 2002) o Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto (Verbinski, 2006).

Villeneuve se lo explicó a Al Arabiya English en septiembre de 2017 de esta manera: “Hacer películas es un laboratorio. Es un proceso artístico. No puedes planear cosas. Jóhann Jóhannsson es uno de mis compositores favoritos de la actualidad. Es un artista muy fuerte. Pero la película necesitaba algo diferente, y yo necesitaba algo cercano a Vangelis. Jóhann y yo decidimos que tenía que ir en otra dirección”. Y continuó así, puntualizando: “Espero tener la oportunidad de trabajar con él de nuevo porque creo que es realmente un fantástico compositor”. Pero, claro, ya no va a poder ser.

El estilo de Jóhannsson es ecléctico, pues le gustaba la experimentación y la mezcla en sus partituras, que tienen ingredientes clásicos, del jazz, el metal, el punk o la música electrónica. Tim Husom, el agente de Jóhannsson, ha declarado lo que sigue: “Estoy muy triste. Hoy he perdido a mi amigo, que era uno de los músicos más talentosos y una de las personas más inteligentes que conocía. Hemos recorrido un largo camino juntos”. Los cinéfilos y los amantes de la música compartimos su tristeza; pero siempre nos quedarán las melodías que nos legó.