El CES de Las Vegas es el escenario ideal para mostrar toda esa tecnología que las grandes empresas desarrollan a lo largo del año y con la cual buscan dejar con la boca abierta al mundo entero –algunas por su buen hacer y otras, directamente, por lo irreal de la propuesta–. En el caso de LG, la tecnológica surcoreana presenta dos televisores que quieren mostrar su experiencia y conocimiento en el apartado de paneles OLED.

Para ello se han mostrado dos propuestas que, pese a lo grandioso de sus resultados, será difícil que la amplia mayoría del público podamos llegar a tener en nuestras casas alguno de estos modelos en un futuro próximo. De 65 y 88 pulgadas, cada una de las televisiones representa apuestas totalmente diferentes la una de la otra, pero igualmente llamativas en ambos casos.

Un televisor de 65 pulgadas... ¿portátil?

La apuesta por los paneles enrrollables sobre sí mismos llega con un panel OLED de 65 pulgadas que, efectivamente, puede ser ocultado en la base sobre la que se muestra. En esta se encuentran las conexiones pertinentes y permitiría transportar el televisor sin demasiados problemas gracias a la enorme portabilidad y el reducido peso. LG quiere que abandonemos así, de una vez por todas, el concepto de TV como un elemento estático y rojo, pensado para permanecer de manera permanente en un mismo lugar.

Además, que se pueda enrollar no implica únicamente el transporte, sino que sirve también para evitar posibles accidentes o circunstancias que puedan tener lugar cuando esta se encuentra extendida las 24 horas del día. Mediante este sistema, la televisión puede reducir también su tamaño y mostrar solo una parte que puede contener información útil para el usuario como el tiempo, la hora, etc... No deja de ser un concepto interesante que, si bien se hace difícil de imaginar de manera extendida a corto plazo, marca una senda que más fabricantes seguirán en el futuro, tanto en televisiones como en paneles de otros productos (por ejemplo, en smartphones).

El mejor 8K tiene 88 pulgadas

Pasan los años y los números en cuanto a pulgadas y resolución se refiere siguen aumentando en una carrera en la que el perfil del usuario medio queda difuminado frente a las opciones que ofrecen los fabricantes en este tipo de ferias, pero que sin duda impresiona ver. La televisión de 88 pulgadas es un auténtico mastodonte en términos de espacio –que no profundidad– con un OLED que consigue alcanzar en esta ocasión una calidad de imagen 8K con una resolución de 33 millones de píxeles (7680×4320).

Si tuviéramos que preguntarnos si esto debería importarnos demasiado como consumidores a corto o medio plazo, la respuesta es evidentemente negativa. La adopción de televisiones con una mayor calidad de imagen es constante, pero también muy lenta debido al largo periodo de renovación con el que cuentan estos dispositivos. Además, a pesar que los nuevos estándares –como el 4K, por ejemplo– comienzan a reducir su precio, sigue siendo demasiado alto como para que el grueso del mercado decida invertir en ellos. La mejor muestra de ello nos la da LG con este nuevo televisor del que no ha hecho público aún el precio pero que, considerando los 20.000 dólares que cuesta su actual modelo 4K de 77 pulgadas, es de suponer que este sea aún más elevado.