petardos

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La pirotecnia, como otras importantes industrias en España, ha sufrido durante los últimos años una progresiva desaceleración. Los productos fabricados en China, más económicos, han ido ganando terreno a las empresas tradicionales encargadas de crear los fuegos artificiales y los petardos empleados en las fiestas populares. Según datos publicados por el diario El País, en la actualidad las compañías pirotécnicas exportan material a otras regiones del mundo por un valor de 10 millones de euros. Los fabricantes de fuegos artificiales y petardos, sin embargo, han caído un 20% en los últimos quince años.

La pérdida de peso de la pirotecnia en España no es el único gran problema al que se enfrentan los productores de estos materiales explosivos. En muchas ciudades españolas tirar petardos está prohibido o restringido por las ordenanzas municipales; según la firma Legalitas, las sanciones pueden ir desde los 750 euros en Alcalá de Henares (Madrid) a los 600 euros en Sevilla. En los casos donde no lo está, los movimientos vecinales se han ido movilizando en los últimos años para impedir su uso, ya sea por los problemas que pueden provocar en los humanos o por los daños que causan en las mascotas.

Recientemente conocimos el caso, por ejemplo, de un niño de Jaén que perdió una mano al explotarle un petardo durante la pasada Nochebuena. El menor se disponía a prender la mecha cuando el explosivo estalló. En un primer momento se pensó que solo tenía afectado un dedo, pero finalmente los médicos tuvieron que amputarle la mano entera al pequeño. Su caso, por desgracia, no es el único que muestra los riesgos que acarrean los petardos para la salud si están en mal estado o se utilizan de forma incorrecta, aunque su empleo sea tremendamente popular en fiestas como la Nochevieja.

Daños visuales

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Existen varios casos en la literatura médica donde se alerta acerca de los peligros de encender un petardo. Un reciente artículo publicado en New England Journal of Medicine dio a conocer la historia de un hombre de 44 años que sufrió heridas en ambos ojos tras manejar un artefacto explosivo.

El paciente llegó al hospital con fuertes dolores y visión reducida, como consecuencia de los cuerpos extraños que se habían insertado en sus córneas. Tras retirar los restos de petardos incrustados y ser tratado con antibióticos y gotas, el hombre no recuperó la visión normal. Su caso llevó a los facultativos a recomendar el uso de gafas protectoras para aquellos que utilizaran estos fuegos pirotécnicos.

Un segundo artículo publicado el año pasado en BMJ Case Reports mostraba los problemas sufridos por una niña de ocho años. La explosión de un petardo provocó, de nuevo, la introducción de diversos elementos extraños en el ojo derecho de la menor, que padecía dolor, pérdida de visión, enrojecimiento y lagrimeo. Los oftalmólogos también tuvieron que retirar con mucho cuidado estos materiales, tratando de conservar la mayor parte de tejido normal posible. Para evitar este tipo de problemas de salud, que pueden acarrear la pérdida de visión de los afectados, médicos chinos aconsejaron a sus pacientes la utilización de dispositivos protectores para reducir los riesgos de trauma ocular, según explicaron en un tercer estudio difundido en Acta Ophthalmologica.

Problemas auditivos

La pérdida auditiva, que se ha incrementado en los últimos años por la exposición excesiva al ruido, puede ser otro de los problemas asociados al manejo de petardos. Según un trabajo publicado en la revista Cirugía y cirujanos, el ruido generado por la explosión de juegos pirotécnicos puede alcanzar incluso los 170 decibelios. Los riesgos principales de estar cerca del lugar donde explota un petardo son los temidos acúfenos o tinnitus, un trastorno que se manifiesta como un zumbido constante en los oídos. Para evitar problemas, los especialistas mexicanos recomendaban mantener una distancia mínima de 8 metros entre el individuo y el lugar donde se genera la explosión.

Posibles efectos respiratorios y cardiovasculares

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Algunas investigaciones preliminares realizadas en la India y en China, donde el uso de la pirotecnia es tremendamente popular en determinadas festividades, comentan que estos explosivos pueden influir en la contaminación del aire. Eso es al menos lo que sugieren sendos estudios publicados en Journal of Environmental Biology y en Science of the total environment, que apuntan que el empleo de este tipo de artefactos se relacionaría con un incremento de las partículas contaminantes presentes en la atmósfera, afectando a la salud respiratoria y cardiovascular.

Las quemaduras en la piel y los posibles daños en la cavidad oral, como recordaban diversos trabajos publicados en Journal of Craniofacial Surgery, Journal of Plastic, Reconstructive & Aesthetic Surgery o Journal of Indian Society of Pedodontics and Preventive Dentistry, son otros riesgos asociados con el uso de los petardos. Si no se emplea el material pirotécnico de forma adecuada, e incluso aunque extrememos las precauciones, es posible que suframos daños o heridas de diversa consideración. De ahí que debamos tener el máximo cuidado en fiestas como la Nochevieja para evitar cualquier tipo de problema.