Max Born fue un eminente físico y un excelentísimo matemático; también fue un refugiado, incluso un rebelde. Pero, sobre todo, Born fue un revolucionario de la ciencia. Su forma de entender algunas de las cuestiones más complejas de la física teórica llevó a esta disciplina mucho más lejos de lo que nadie jamás habría esperado. Por eso hoy, 135 años después de su nacimiento, Google le dedica un doodle a su persona.

El buen refugiado

Nacido en seno de una buena familia, su formación en las mejores universidades le brindó el conocimiento necesario para convertirse en un promotor excelente de la ciencia. Así, con apenas veinte y pocos años, Born marcó su currículum con una indudable muestra de excelencia. Con menos de cuarenta era ya catedrático de Física.

En esas mismas fechas, junto a James Franck, trabajó para que la Universidad de Gotinga, en la que impartía clases e investigaba, prosperara y se transformara en uno de los centros principales de investigación en física de Europa. Los nombres de Pauli, Heisenberg, Fermi, von Neumann, Wigner y Dirac están escritos en los anales de aquella época, junto al de Born.

Entonces llegó la catástrofe. En 1933 el partido nazi llega al poder y Max Born, como miles de personas con raíces judías, comienza a preocuparse por la integridad física, moral y económica de su familia. Su temor es confirmado cuando en ese mismo año es destituido como profesor de la Universidad de Gotinga.

El mismísimo Albert Einstein, con quien mantenía cierta rivalidad intelectual, le aconseja encarecidamente que abandone el país. El propio Max Planck defendió a Born y al resto de físicos que huían del régimen nazi ante el führer, sin mucho éxito, eso sí. Born, finalmente, salió del país, quedando truncada su carrera durante un tiempo.

Cuando desembarcó en Reino Unido, el eminente catedrático tuvo que ganarse la vida escribiendo libros de texto sobre ciencia, en Edimburgo, algo que pudo realizar gracias a la ayuda ofrecida a los refugiados, quienes recibían asistencia de sus colegas. Así pagó durante aquella época dura para la familia todos los gastos.

Sus libros, por cierto, se convirtieron en un estándar educativo en las escuelas de Reino Unido. Pero este no fue el fin del eminente físico. A pesar de las dificultades económicas, Born siempre se negó a participar en el desarrollo nuclear. Durante su vida en Edimburgo, Born fue profesor de filosofía natural, algo esencial en el premio Nobel que ganaría años después, en 1954.

El fin de la certeza

Probablemente, su mayor logro en el mundo científico fue el desarrollo de la estructura filosófica de la mecánica cuántica. Su principal contribución fue la interpretación probabilística del modelo de ondas propuesto por Schrödinger. Esto suponía un cambio fundamental, una ruptura sin vuelta atrás del determinismo.

Born llevaba años discutiendo con el propio Einstein sobre la naturaleza del universo. Mientras que al segundo le atormentaba la idea del caos, al Born le parecía que el mundo, a medida que los desmenuzamos más y más, es menos concreto, menos medible. Llegó al punto de escribir una crítica sobre el determinismo clásico, que siempre ha sido una piedra de toque científica.

Max Reich, Max Born, James Franck y Robert Pohl

Pero, como explicábamos, el premio Nobel recibido en 1954 junto a Walther Bothe se debe a su "interpretación fundamental en la mecánica cuántica, especialmente por su interpretación de la función de onda", tal y como reza el galardón. En dicha interpretación se une una excelente revisión matemática con una profunda crítica filosófica, algo que ha llegado a atormentar a mentes como la de Einstein.

En definitiva, Born consiguió que el indeterminismo ganara la batalla. Porque a ciertos niveles, tal y como hemos comprobado una y otra vez, el comportamiento de la física no es como nuestra lógica se empeña en comprender. A veces el universo parece caótico. Y comprender esta difícil concepción, y seguir descubriendo el mundo con esta idea bien calada en el corazón, bien vale un doodle. Y también un Nobel.