La idea original fue de Eren Bali, un joven turco que se hizo a sí mismo en lo que al mundo académico respecta. Contando con la ayuda de otros dos socios pronto se dieron cuenta que el mundo del emprendimiento en Turquía no era del todo idóneo, por lo que maleta en mano se mudaron al dorado de las startups. En un viaje a Silicon Valley en el que todo podía salir mal, después de siete años la realidad de Udemy ya está en más de 100 países del mundo con 17 millones de estudiantes inscritos en la plataforma y 55.000 cursos en diferentes idiomas.

El germen de las Olimpiadas de Matemáticas

Eren Bali nació en un pequeño de Turquía; los pocos recursos académicos y financieros eran la constante por aquel momento. Eren tuvo la suerte de contar con conexión a internet durante su adolescencia en casa, algo a lo que no muchos podían aspirar. Desde el primer momento, accedió a chats especializados en ajedrez y matemáticas con el objetivo de aprender lo que el sistema educativo de su país no le proporcionaba. Con los años y la práctica consiguió colarse en las Olimpiadas de Matemática y quedar en segundo puesto. Con este pequeño germen empezó su carrera para fundar Udemy. ¿Su objetivo? Crear una plataforma de educación abierta para ayudar a las personas a estudiar en línea cualquier tema que les interesase.

Con un grupo de amigos, Gagan Biyani y Oktay Caglar, empezó con la idea en 2007. Sin ecosistema emprendedor creado, pocos recursos, sin inversores potenciales y con una plataforma sin productos ni usuarios Turquía no era, desde luego, el mejor lugar. Algo parecido vivieron en el lugar preferido para las startups: si Turquía era terreno pantanoso, Silicon Valley no iba a ser mejor. Después de todo, Udemy funcionaba como un marketplace de cursos, pero en sus primeros momentos carecía de ellos. Y sin cursos no hay estudiantes, por lo que cualquier inversor en su sano juicio negaría la mayor ante el proyecto. Los aspirantes a profesores tampoco veían mucho sentido a la nueva plataforma porque, después de todo, ya había una amplia variedad de webs que hacían algo similar. Coursera o EDX eran algunas de tantas que empezaban a popularizarse por aquel momento.

El único recurso que les quedaba en ese momento, explica Alfredo Stockder, portavoz de la plataforma en España, fue el de "asistir a conferencias y eventos pidiendo permiso a los ponentes para grabarles y subir la información a la plataforma". De esta manera empezaron a crear la base del catálogo. Con ventas de uno o dos cursos al mes, cifras irrisorias desde todo punto, no fue hasta que empezaron a enfocarse al contenido técnico y especialmente con un curso sobre programación en iOS que no empezaron a despegar. De hecho, siete años después, los cursos de orientación técnica siguen siendo los más populares entre el público de la plataforma. Fue precisamente la creación de este ecosistema de confianza lo que, según Alfredo, fue la tarea más complicada de alcanzar para la plataforma.

Rondas de financiación y expansión

Como no podía ser de otra manera, la primera ronda de financiación fue la más complicada de cerrar. Con un total de siete operaciones para levantar capital, la primera llegó el mismo año de la creación de la compañía. Un millón de dólares de varios business angels y Signia Venture Partners. Año tras año fueron cerrándose nuevas operaciones, hasta alcanzar los 173 millones de dólares en financiación y cerrar su última ronda (en 2016) con Naspers por 60 millones. El mismo fondo de inversión de origen sudafricano que se encuentra en el capital de Letgo e, indirectamente, de Wallapop.

Siendo Estados Unidos su mercado más desarrollado y con mayor oferta de cursos, la realidad es que pronto empezaron a expandirse. De forma orgánica ya veían que sus cursos estaban siendo aprovechados en otras geografías, pero había que acometer la baza del negocio de habla hispana. Con casi 400 millones de habitantes en el mundo hablando el mismo idioma, era complicado decir que no a esa opción. Las temáticas, comenta Alfredo, "se repiten en prácticamente todos los países: el software o el lenguaje de programación son constantes que interesan a gente en Estados Unidos y en mercados de habla hispana".

China, de momento, es un melón que prefieren no abrir. De sobra es sabida la suerte que cientos de tecnológicas han corrido en su empresa de conquistar China. Para Udemy es un mercado atractivo, pero de momento aparcado.

Sin cifras de negocio a la vista y sin intención de publicarlas en el medio espacio de tiempo, el portavoz de la compañía afirma que desde que se iniciasen operaciones en España en 2016, el número de usuarios ha crecido en un 200% cada año. Una gran inversión en marketing que se ocasionó precisamente por el crecimiento orgánico que estaba empezando a surgir. Pero quedaba solucionar el tema de la conectividad y los pagos. Ciertas regiones de Latinaomérica carecen de tradición a la hora de contar con métodos de pago vía tarjeta, por lo que barajan la idea de emitir la opción de abonos en efectivo; así como la opción de descargar los cursos para evitar los problemas de conectividad.

El ¿mal? poder de los usuarios

A precios que rondan entre los 10 y los 200 euros, los beneficios por los cursos se reparten de forma diferente en función de cómo haya llegado el usuario a la plataforma. Si ha sido por búsqueda orgánica, los ingresos serán al 50%; si fuese por el trabajo propio del profesor, este se llevaría el 97% de los ingresos. Como era de esperar, Udemy hace trabajo de marketing para que la mayor parte de los accesos sean bajo la primera condición. Con este sistema, el poder de elegir qué enseñar y cómo está en manos de los propios profesores. El control se establece en función de las opiniones de los alumnos: "Si no hay credibilidad establecida poca gente los seguirá. Además de eso, los estudiantes tienen la opción de volver a tener su dinero si el curso no les gusta en los siguientes 30 días, siempre y cuando no hayan acabado el curso", explica Alfredo.

Sin embargo, dar el poder a los usuarios puede tener consecuencias negativas. Fue en 2015 cuando Udemy se enfrentó a un caso de plagio en su plataforma. El comunicado de la compañía, pese a dejar claro que tomaría cartas en el asunto, dejaba en manos de sus alumnos el identificar y estar atentos a posibles casos como estos. Alfredo explica que existe un departamento encargado de analizar estas cuestiones y aún así, insiste en que si es un caso como este los usuarios lo identificarían rápido y bajarían sus calificaciones.

Y llegó la homeopatía

Uno de los males de que sean los usuarios los que toman el control de la plataforma es que son ellos mismos los que deciden qué contenido subir a la misma. De cualquier temática y orientación, vale todo siempre y cuando entre dentro de los límites legales de la actividad. Es decir, explica Alfredo, "nunca habrá un curso sobre cómo montar un arma". Pero sobre lo demás, todo juega en las líneas de la oferta y la demanda. De hecho, en un comunicado posterior han recalcado el papel del departamento de calidad:

"Udemy es una plataforma global y abierta con la misión de mejorar las vidas de las personas a través del aprendizaje. Desde Udemy animamos a los expertos de diferentes sectores a compartir sus conocimientos en nuestra plataforma. Para enseñar en Udemy, los instructores de todo el mundo tienen que aceptar nuestros Términos de Servicio. Estos términos requieren que los instructores confirmen que tienen las cualificaciones, credenciales y expertise necesario para enseñar y ofrecer sus conocimientos sobre un tema específico. Udemy cuenta con un equipo específico de Seguridad & Confianza comprometido a hacer cumplir nuestros términos. Además, cualquier usuario puede informar sobre contenidos inapropiados en cualquier momento y nuestro equipo de Seguridad & Confianza se pondrá inmediatamente a investigar y eliminar cualquier curso de nuestra plataforma que no cumpla con nuestros términos".

Esto, como tantas otras cosas, puede traer problemas mayores. ¿Qué pasaría entonces con temáticas vinculadas a las ciencias de la salud? Es decir, que por temática aplican cuestiones que van más allá del hobbie. ¿Se puede enseñar de todo? La realidad es que con una búsqueda simple se pueden encontrar múltiples cursos sobre dietas que podrían tener efectos secundarios sobre los alumnos desaconsejados si estas carecen del soporte científico apropiado.

Homeopatía para niños, introducción a la homeopatía o homeopatía avanzada son sólo algunas de las opciones disponibles. Una rama que se encuentra dentro de los estudios de ciencia pero que, por contra, carece de ninguna evidencia científica. ¿Quién tiene la potestad de elegir qué se oferta y quién no? Junto a cursos de dudosa procedencia científica, podemos encontrar también alguno para hablar con los ángeles y hablar con nuestros perros. Pero, de nuevo, son los alumnos los que detectan el fraude.