En la cima del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, los engranajes llevan ya dos semanas en silencio. Las lentes del GTC, el mayor telescopio óptico del mundo, permanecerán aguardando a oscuras a que se solucione el fallo técnico que las ha inmovilizado. Si todo va bien, el Gran Telescopio de Canarias comenzará su actividad de nuevo en once días, el veinticuatro de noviembre. Entre tanto, el cielo sigue brillando, impasible.

Una "sujeción en fallo"

Según informaban desde el Gran Telescopio de Canarias, durante la fase de aluminización de los espejos se detectó un fallo en una de las sujeciones del instrumental. Debido a esto, esperando a la reparación del mismo, el telescopio lleva en parada técnica desde hace un par de semanas. Este parón en la actividad se añade al tiempo que llevaba el telescopio, que detuvo su labor el pasado nueve de octubre.

El inicio de la parada, como explicábamos, se ha debido a la necesidad de aluminizar los espejos del telescopio. Esta operación se lleva a cabo cada cierto tiempo con la intención de mantener las superficies reflectoras en un estado perfecto. Estas, como su nombre indica, son de aluminio, y los grandes telescopios como el GTC cuentan con sus propias instalaciones de realuminización, un proceso especial para devolverles el brillo.

Durante este proceso, indican las fuentes oficiales, se detectó un fallo en las sujeciones de uno de estos espejos (el terciario) lo que podría provocar, en primera instancia, errores de medición. En el peor de los casos, el telescopio podría acabar por perder alguna de sus partes, estropeándolo por completo. La reparación, afirman desde el GTC, llevará todavía un poco más de tiempo y se espera que el telescopio retome su actividad el próximo viernes veinticuatro de noviembre con su horario normal.

El telescopio óptico más grande del mundo

El GRANTECAN es por el momento, y hasta la construcción del Telescopio Gigante Magallanes (GMTO), el telescopio óptico de mayor tamaño que existe. En el caso de OSIRIS, el instrumento estropeado, hablamos de un enorme aparato que tiene un espejo de diez con cuatro metros (conocido como primario) segmentado en treinta y seis piezas hexagonales vitrocerámicas, de casi dos metros entre sus vértices y 470 Kg de masa cada una.

Pero además, el GTC consta de un espejo secundario y otro terciario que, junto al primario, permiten ajustar el plano focal de observación. Todo ello está inmerso en una enorme estructura de metal móvil, la cual es la que se encarga de mover el telescopio según las necesidades de observación del momento.

Aparte de OSIRIS, el GTC consta de otras herramientas como el CanariCam, el CIRCE o los instrumentos de segunda generación (EMIR, FRIDA, GTCAO...). Todos estos disponen a las instalaciones en una posición aventajada para observar la luz visible y el infrarrojo, permitiendo observaciones increíbles del espacio.

Así, el GTC ha participado en el descubrimiento y la observación de numerosos objetos astronómicos como agujeros negros, estrellas en diversos estadios o la posición estelar de los elementos que nos rodean en la galaxia. En el 2018 tiene prevista una gran renovación que durará desde 2018 hasta 2020, al menos. Y es que el cielo no se para nunca. Y los astrónomos, a pesar de los fallos técnicos, tampoco.