El reciente informe del Instituto Nacional de Estadística, el INE, mostraba los datos recopilados y analizados del pasado 2015, dos años atrás. Y no son buenos. Según la serie recogida desde 2008, España emitió a la atmósfera 338,6 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Esto supone un 3,5% más que el año anterior, en 2014, y un 4% que en 2013. ¿Realmente estamos mitigando nuestro impacto en la atmósfera?

Más gases invernadero a la atmósfera

Según el informe, publicado en las inmediaciones del pasado COP23 de Bonn, el incremento significativo de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera incluye el aumento de CO2, Metano, PFC y óxidos de nitrógeno, que habrían crecido un 2,3%, con respecto al año anterior. El incremento de los perfluorcarbonos, o PFC, señala el informe, sufrió un crecimiento significativo consistente en un 37,3%, mientras que los hidrofluorcarbonos o HFC, descendió casi la misma cantidad, un 37,6%.

Esto indica, básicamente, una sustitución de los HFC por PFC en la industria, donde se emplean como refrigerantes y otros aspectos tecnológicos. Todos estos compuestos fluorocarbonados pueden resultar dañinos para el medio ambiente, por lo que se aboga por su reemplazo o eliminación en la producción.

No obstante, según muestra el informe, algunos de los gases que más recelo provocan son el dióxido de carbono, conocido por ser uno de los componentes principales de los gases causantes del efecto invernadero al que le atribuimos el calentamiento global. Sus cifras crecieron un 6,4%, siendo las que más contribuyeron al aumento de la tasa de variación anual, aportando 5,102 puntos al crecimiento, explica el informe.

Los datos apuntan a que el 71,3% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares proceden del uso del transporte propio, pudiendo reducirse con medidas más restrictivas en los medios de locomoción. ¿Y qué estimaciones tenemos para el futuro? Todavía es pronto para saberlo. Según los datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, MAPAMA, las cifras proyectadas para este 2017 y el próximo 2018 están en 274,5 y 277,6 respectivamente, mucho menos que los actuales. Pero estos datos no parecen corresponderse con la realidad.

Propuestas ambiciosas, resultados lentos

El pasado dieciocho de noviembre se celebraba en Bonn la vigesimo tercera cumbre sobre el cambio climático, la COP23. En ella se volvió a hacer un llamamiento a las naciones para luchar contra este reduciendo la cantidad de gases emitidos a la atmósfera, un recordatorio de los compromisos adoptados en París durante la COP21. Sin embargo, algunas voces críticas no dudan en sentenciar estas propuestas como un brindis al sol, sin resultados reales.

Por ahora, datos como los recogidos por el INE parecen avalar este temor. Si bien las proyecciones estimadas por el Sistema Español de Inventario de Emisiones dan unas cifras muy positivas, lo cierto es que, en comparación con la realidad, parecen exageradas, sobre todo para los últimos años. Las intenciones son buenas y ambiciosas, pero los medios no lo parecen tanto.

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No obstante, esto es un proceso a largo plazo ya que no podemos medir con seguridad la cantidad de gases emitidos hasta mucho tiempo después de haberlos vertido. En general, actualmente, los países están tratando de poner los medios adecuados para reducir las emisiones nocivas para el medio ambiente, aunque no siempre con éxito.

Durante la pasada COP23 se consiguieron logros moderados, como son la separación entre el Fondo de Adaptación y el Mecanismo de Pérdidas y Daños. De esta manera se consigue mayor autonomía a la hora de indemnizar a los países bajo la sombra de las emisiones de otros más desarrollados. Esto también se queda, en parte, en agua de borrajas al no haberse alcanzado un acuerdo sobre la cuantía del Fondo de Adaptación, que fue incluido en el Acuerdo de París.

Por el momento, las propuestas y el trabajo siguen adelante, creando precedentes y tratando de amparar a todos los países y facciones comprometidos con la lucha contra el cambio climático. No obstante, recordemos que existen grandes grupos que ya han decidido no cumplir con sus adscripciones del pacto de París, como E.E.U.U. Mientras tanto, la contaminación mata a miles de personas al año, además de los efectos que tiene a la larga. Cualquier medida impuesta ahora tendrá resultados en el futuro a medio o largo plazo. Por tanto, no podemos esperar más para ponerlas en marcha.