Sergey Nivens: Shutterstock

Todo empezaba en un momento complicado en la historia de España, cuando las cifras de desempleo alcanzaban máximos históricos, el cierre de empresas se sucedían a cada día y el desánimo social era un reflejo de la propia economía. La crisis, que algunos dan por terminada y otros insisten en su persistencia, no sólo fue causa de destrucción de proyectos. Aunque parezca mentira trajo alguna buena noticia.

Albert Colomer iba en un avión, hace ahora 17 años, cuando creó las bases de su emprendimiento. Reempresa vio la luz en 2011, poco antes que el poderoso mercado de segunda mano digital, Wallapop, o que cualquier tecnológica que en este momento controle la atención del panorama emprendedor en su totalidad. Colomer sentó las bases que vendrían a sustituir, o al menos intentarlo, el papel del famoso cartel de «se traspasa» que durante tantos años de dificultades económicas poblaron las marquesinas de negocios y establecimientos. Primer problema: de forma inconsciente cuando se decora la fachada de un local con ese cartel el público asocia la información con un posible negocio fallido. Un agujero de dinero y, posiblemente, una auténtica ruina. «Lo que la gente se olvida es que hay quien se quiere jubilar» explica Colomer; o, simplemente, los años de crisis no daban los mismos resultados que en periodos anteriores y los dueños del negocio no querían seguir trabajando en él, «lo que no quiere decir que vaya mal», añade. El 70%, según sus estadísticas, vende su empresa por jubilación y casi el 30% restante por motivos de salud; los que traspasan por mal negocio, en el caso de Reempresa, serían los menos.

La historia detrás de la app: Wallapop

Como hizo dos años después Wallapop, poniendo tecnología a un mundo carente de alma, Colomer puso en su lugar al sector de la compra de empresas «se segunda mano». En un momento en el que cientos de negocios echaban el cierre definitivo, pero que se incentivaba el emprendimiento como forma de autoempleo, ¿qué sentido tiene abrir otra empresa si ya hay cientos creadas en busca de un nuevo dueño? Existe aquella letanía que dice que sólo una de cada 10 empresas que abren en España sobrevive con el paso de los años; Colomer quería mejorar la media haciendo que aquellas que ya funcionan sigan operando. Y, lo más importante, mantengan el empleo. La mayor parte de ellas, explica, cuentan con uno o dos empleados, para pasar a otras de cuatro o incluso 15. «Además de salvar el empleo, ayudamos al crecimiento económico», explica Colomer, con un porcentaje de éxito del 95% en las re-compras (por no llamarlo traspaso), algunas de ellas incluso vuelven a recomprar para crecer.

No todo el mundo tiene esa gran idea

Como si de la pantalla de inicio de Wallapop se tratase, las empresas que quieren optar a tener una segunda vida se ponen a disposición de los posibles compradores. Panaderías, centros de yoga, bares o pequeñas tiendas, la mayor parte centradas en el sector servicios y alguna en menor medida del sector industrial, los compradores potenciales suelen tener experiencia (la media está en los 40-50 años), pero les falta algo esencial: esa gran idea para montar algo dentro del mundo de las famosas startups. Es decir, son personas que no quieren ocupar el lugar de Zuckerberg o Jobs en el mundo, pero sí saben ser gestores. Con la ventaja de que todo el trabajo de permisos, clientes, y publicidad ya está hecho.

Detrás de la máquina, con aspecto de marketplace, existe un mundo offline. Es posible que la gente compre ropa por internet, pero «una empresa es mucho más complicado», añade Colomer. «Detrás están los análisis de las mismas para que no hayan sorpresas, además de los puntos de información asociados», con el objetivo de ayudar a que los traspasos sean transparentes y una empresa pueda venderse de forma natural. «La gente que pone el cartel de traspaso devalúa inmediatamente el precio de su empresa, cuando realmente no es necesario. Y esto es como tener un hijo al que no puedes cuidar: no lo tiras a la calle, lo dejas en adopción con la mejor persona que encuentres», explica el fundador, lo que quiere decir que una vez completado el proceso, el antiguo dueño de la empresa trabajar como mentor para salvaguardar lo que alguna vez fue suyo.

Con más de 1.000 empresas recolocadas, la verdadera pregunta de todo esto es de dónde sacan los fondos para subsistir. La mayor parte de los marketplace cobran una comisión por su trabajo como intermediarios, en el caso de Reempresa el servicio es gratis. Los famosos fondos FEDER, otorgados por la Unión Europea -la cual también ha concedido un premio a la actividad de la compañía-, estuvieron enfocados a la promoción del negocio del ladrillo en la mayor parte de los casos. La letra pequeña de estas concesiones decía, sin embargo, que actividades como la promoción de venta de compañías a terceros también entraban en el concurso. De esta forma, explica Colomer, «somos totalamente neutrales, porque si nuestro sueldo depende de vender más o tener comisón, terminaríamos colocando cualquier cosa a cualquiera».

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