Cuando apenas tenía dos años, Zion Harvey sufrió una sepsis, una grave enfermedad que ocurre cuando el cuerpo desarrolla una fuerte respuesta inmunitaria ante el ataque de una bacteria y que puede llegar a ser mortal. El niño afrontó, entre otras complicaciones, la amputación de sus manos, parte de sus piernas y la pérdida de sus riñones. El pequeño tuvo que someterse a un trasplante tiempo después para recuperar su función renal y aprender a vivir sin buena parte de sus extremidades. Por suerte la medicina ha conseguido cambiar su historia casi una década después.

En 2012, Pattie Ray, la madre de Zion, llevó al niño al Hospital Pediátrico de Filadelfia. El objetivo era que dos especialistas pudieran hacerle una revisión al menor y tal vez implantarle manos protésicas para mejorar su calidad de vida. Pero los médicos que le atendieron, Scott Kozin y Dan Zlotolow, le propusieron otra idea, mucho más radical y novedosa: realizarle un trasplante doble de manos, una intervención realizada por un limitado número de cirujanos en todo el mundo y que jamás se había hecho en un paciente pediátrico.

La operación no iba a ser sencilla, ya que requería una cirugía compleja microvascular y de la mano, conectando los músculos, tendones y los vasos sanguíneos —con suturas más finas que un cabello humano—. A pesar de las dificultades y los riesgos, Pattie firmó el consentimiento para que su hijo recibiese un doble trasplante de manos. Durante tres meses, los médicos estudiaron al detalle la intervención con modelos de manos impresas en 3D, hasta que finalmente consiguieron un donante que se adaptaba a las características de Zion.

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Zion, días después de la operación. Fuente: The Children's Hospital of Philadelphia.

Una difícil operación que acabó bien

En julio de 2015, el Hospital Pediátrico de Filadelfia llevó a cabo el doble trasplante de manos para el niño. La operación, en la que participaron cerca de cuarenta profesionales y que duraría finalmente algo más de diez horas, se conoce técnicamente como alotrasplante vascularizado de tejidos compuestos. Según detallan los cirujanos en un trabajo publicado hoy en la revista The Lancet Child & Adolescent Health, la intervención implica la transferencia de múltiples tejidos, tales como los músculos, los huesos, los nervios y la piel como una única unidad funcional, con el fin de reconstruir los miembros amputados.

"Nuestro estudio muestra que la cirugía de trasplante de manos es posible cuando es realizada y apoyada por un equipo de cirujanos, especialistas en trasplantes, terapeutas ocupacionales, equipos de rehabilitación, trabajadores sociales y psicólogos", afirma la Dra. Sandra Amaral, del Hospital Pediátrico de Filadelfia. Dos años después de la intervención, el niño es cada vez más independiente y capaz de completar actividades del día a día, gracias al apoyo de fisioterapeutas y psicólogos que le acompañan desde entonces. Zion puede escribir, alimentarse, ir al baño y vestirse por sí mismo, de forma mucho más autónoma que antes de la operación. El menor sigue recibiendo medicación a base de inmunosupresores para evitar cualquier tipo de rechazo y los estudios de neuroimagen funcional demuestran una reorganización cortical somatosensorial y motora.

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El niño puede comer solo, sin necesitar ayuda de nadie, gracias a la intervención. Fuente: The Children's Hospital of Philadelphia.

"El trasplante de manos no salva vidas, pero para muchos pacientes las mejoras en la función y la calidad de vida justifican la administración de inmunosupresores de por vida y la rehabilitación prolongada", sostienen los especialistas en el artículo publicado en The Lancet Child & Adolescent Health. Los niños, a diferencia de los adultos que se someten a esta cirugía tan complicada, pueden disfrutar durante más años de las manos implantadas si la intervención termina bien. Sin embargo, los médicos alertan de que existen más riesgos de efectos secundarios de los tratamientos utilizados para evitar rechazos, incluyendo posibles infecciones.

Antes de la operación, según cuentan en el trabajo, Zion tenía una limitada capacidad para vestirse, alimentarse o bañarse por sí solo, utilizando sus extremidades amputadas o equipamiento especial. Su madre esperaba que la cirugía le permitiera ser capaz de vestirse, lavarse los dientes o cortar la comida de forma independiente. El niño también deseaba volver a jugar escalando en los parques o practicando béisbol. Además, el trasplante de riñón que había recibido de pequeño había hecho que el menor tuviera que tomar inmunosupresores anteriormente, lo que según los especialistas era una ventaja de cara a la intervención. De ahí que los propios médicos resalten que en otras operaciones se deba llevar a cabo un balance riesgo-beneficio para cada paciente.

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Fuente: The Children's Hospital of Philadelphia.

Días después de la cirugía, el niño podía mover los dedos de la mano utilizando los ligamentos de las extremidades que le habían amputado años atrás. A los seis meses, gracias a la reconstrucción de los nervios, Zion fue capaz de mover los músculos de las manos trasplantadas y disfrutar del sentido del tacto, además de alimentarse por sí mismo y tomar un bolígrafo para escribir solo. Cuando habían transcurrido ocho meses desde la intervención, el pequeño ya usaba tijeras y pinturas, mientras que al año siguiente jugaba al béisbol tomando el bate con ambas manos. Su cerebro también ha podido reconstruir las rutas neuronales para que el menor controlase los movimientos y volviera a recuperar el tacto.

Pese a los grandes avances conseguidos, el camino hasta aquí no ha sido fácil. Tal y como explican los médicos en The Lancet Child & Adolescent Health, Zion ha sufrido ocho episodios de rechazo diferentes al doble trasplante de manos, que han podido ser resueltos gracias a la administración de inmunosupresores, junto con algunos problemas de infecciones y a un peor funcionamiento de sus riñones. "Si bien los resultados funcionales son positivos y el niño se está beneficiando de su trasplante, la cirugía ha sido muy exigente para el menor y su familia", sostiene Amaral. Su trabajo durante estos dos años es un hito médico al conseguir un éxito en el doble trasplante de manos, no exento de dificultades y problemas. El artículo publicado hoy también demuestra que los especialistas deben considerar los riesgos y los beneficios caso por caso, especialmente en los pacientes pediátricos que no hayan recibido anteriormente inmunosupresores por el mayor riesgo de padecer diabetes, cáncer o infecciones. Pero la historia de Zion es una prueba de que operaciones tan difíciles como la suya pueden tener un final feliz.