Tras las fuertes tormentas y las bajas temperaturas registradas la semana pasada, como consecuencia de un fenómeno llamado DANA, el tiempo cambiará bruscamente a partir del miércoles 12 de junio. El motivo es la llegada de una ola de calor, la primera del verano y la segunda en lo que va de año, que tuvo lugar el pasado mes de julio. En esta ocasión, el episodio ocurrirá entre el miércoles 12 y el viernes 14 de julio, jornadas en las que se espera un incremento de diez grados en las temperaturas.

Según ha informado la Agencia Estatal de Meteorología, la ola de calor está causada por un cambio en las condiciones atmosféricas. Como resultado de una intensa insolación, las masas de aire se han ido calentando de forma progresiva. Se esperan temperaturas que superen los 35°C en el interior de la mitad sur de la Península Ibérica y en el área central del valle del río Ebro. Las regiones más afectadas por la ola de calor serán el sur de Castilla-La Mancha y Extremadura, junto con el valle del Guadalquivir en Andalucía.

En las provincias de Jaén y Córdoba se superarán los 40°C, pidiendo alcanzar temperaturas de entre 42 y 44°C; esta situación también podría darse en otras zonas de Albacete, Ciudad Real, Sevilla, Huelva y Badajoz. En las regiones mencionadas, las temperaturas mínimas no bajarán de los 20°C, tampoco durante la noche. Se cree que a partir del viernes 14 de julio las temperaturas se irán suavizando según las primeras estimaciones, aunque la AEMET tampoco descarta en sus próximas previsiones que el episodio de la ola de calor se prolongue durante más tiempo.

¿Qué es una ola de calor?

Una ola de calor se define como aquel episodio que dura al menos tres días consecutivos, en el que como mínimo el 10% de las estaciones registran temperaturas máximas por encima del percentil del 95% de la serie de temperaturas máximas diarias anotadas entre los meses de julio y agosto del período comprendido entre 1971 y 2000. Durante el verano es normal que haga calor, por lo que no podemos hablar de ola de calor si las temperaturas son altas o muy altas pero se mantienen en los niveles habituales del período estival.

La Agencia Estatal de Meteorología utiliza cuatro parámetros clave para definir una ola de calor: su duración, el número de provincias afectadas, la temperatura máxima del episodio y la anomalía de la propia ola. El registro histórico de la AEMET permite saber, por ejemplo, que 1991 y 2016 fueron los años donde experimentamos un mayor número de olas de calor (cuatro episodios) o que durante 2015 se vivió la ola de calor de mayor duración, que se prolongó durante veintiséis días.

¿Qué se aconseja ante una ola de calor?

Los grupos más vulnerables ante una subida significativa de las temperaturas son las personas mayores, los niños, los pacientes con enfermedades crónicas o que tomen medicamentos de forma habitual y los individuos que trabajen o realicen deporte al aire libre. El exceso de calor puede provocar síntomas relacionados con el agotamiento, como malestar, dolor de cabeza, sed intensa y náuseas; deshidratación; calambres, por la pérdida de sales, y signos típicos de un golpe de calor, como dolor de cabeza, náuseas, piel enrojecida o caliente y mareos, entre otros.

Para protegerse de la ola de calor, debemos evitar salir al aire libre durante las horas centrales del día, es decir, entre las doce del mediodía y las seis de la tarde; beber líquidos como el agua y los zumos de fruta; evitar las comidas copiosas y calientes o el alcohol, que puede provocar deshidratación; reducir la actividad física, especialmente en las franjas horarias de más calor; descansar a la sombra; permanecer en ambientes frescos y acondicionados y utilizar ropa de tejidos naturales, que sea de colores claros, holgada y ligera. Además se recomienda mantener los alimentos en la nevera y vigilar su estado de conservación. Si utilizamos vehículos privados, no debemos dejar en su interior a niños o ancianos con las ventanillas cerradas una vez que lo hayamos aparcado.

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Fuente: Pixabay.

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad también cuenta con un Plan Nacional de Actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud. Durante esta semana, según la información del Gobierno, las provincias de Córdoba, Jaén y Granada permanecerán en el nivel 2 de riesgo naranja, ya que las temperaturas se incrementarán durante tres o cuatro días por encima de los umbrales establecidos; mientras que Lleida, Teruel, Albacete, Badajoz y Salamanca se situará en el nivel amarillo de riesgo bajo debido a la ola de calor.

Además de las recomendaciones generales sobre vestimenta, alimentación e hidratación, el Ministerio también aconseja evitar la exposición solar durante las horas centrales, cubrir la cabeza con sombreros y gorros, utilizar gafas de sol homologadas y cremas solares para protegernos de la radiación ultravioleta. En el caso de aquellas personas que deban tomar algún fármaco durante la ola de calor, se aconseja seguir las instrucciones de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, ya que aunque no se consideran factores de riesgo según la evidencia actual si se usan correctamente. Sin embargo, sí pueden provocar ciertos efectos ante la adaptación del propio organismo al calor, por lo que se recomienda consultar caso a caso con su médico de cabecera.

¿Tiene alguna relación con el cambio climático?

Los expertos en meteorología, como ha sucedido en anteriores episodios de ola de calor, todavía deben identificar el origen exacto del fenómeno que viviremos durante los próximos días. Lo que sí sabemos es que, tras la inestabilidad atmosférica de la pasada semana, la insolación intensa ha calentado las masas de aire, lo que provocará un incremento sustancial de las temperaturas. ¿Significa esto que el tiempo esté loco? ¿Tiene alguna relación este episodio con el cambio climático?

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Fuente: Pixabay.

Los episodios meteorológicos puntuales no son sinónimos del calentamiento global. Por ejemplo, en el caso de la depresión aislada en niveles altos (DANA) o gota fría que entró en la Península Ibérica, las fuertes tormentas y las bajas temperaturas no desmienten la evidencia científica sobre el cambio climático. Sabemos que el clima ha variado porque se han realizado estudios de largos períodos de tiempo —que no días, ni semanas ni meses— que demuestran el incremento global de las temperaturas por culpa de los gases de efecto invernadero. La ola de calor que ocurrirá esta semana es un fenómeno puntual, por lo que tampoco deberíamos ponerlo como ejemplo del calentamiento global. Lo que sí es cierto, como advierten los expertos, es que el calentamiento global traerá consigo eventos cada vez más extremos.