La batalla legal más épica de Silicon Valley está dando sus últimos coletazos. La fecha límite impuesta por la corte es octubre, pero a ambas partes les gustaría resolver el entuerto muchísimo antes. Otra cosa es lo que la realidad diga del caso. El conflicto entre Uber y Alphabet, con la división de coches autónomos de la segunda por medio, ha dado un nuevo giro. Aunque lo más seguro es que sea sólo un capítulo más de esta larga historia.

La historia comenzaba hace cinco meses cuando en la división de coches autónomos de Alphabet saltaban las alarmas por una posible fuga de información clasificada. En estos archivos se encontraban las futuras patentes que la marca de coches de Google vendría a poner en práctica durante los próximos meses: ideas, bocetos y el global de la estrategia de la división de Google se trasladaban a las oficinas de sus vecinos en Silicon Valley: Uber. La sospecha de Alphabet, aún por demostrar, se enfocaba en Anthony Levandowski. La compañía de coches conseguía fichar a uno de los mejores talentos técnicos de Google; el ingeniero, miembro del proyecto Waymo, era contratado por Uber para trabajar en otro igual, los coches autónomos de Uber. O lo que es lo mismo: el codiciado futuro de la tecnológica, en el cual podrá prescindir de los conductores. Esta fuga de talento no gustó nada de nada a Google, que desde el primer momento sospechó de Levandowski.

La demanda no se hizo esperar y el empeño de Alphabet por demostrar que Uber se había aprovechado de los secretos comerciales de Waymo no ha cejado desde aquel momento. Según sus estudios, antes de irse de la compañía, el ingeniero descargó 14.000 documentos confidenciales entre los que se encontraban las patentes de tecnología láser que, entre otras cosas, ayudan a los coches a no chocar contra los obstáculos del camino. Por su parte, Uber asegura que en ningún momento se han empleado dichas patentes para el desarrollo de su propia tecnología. Como era de esperar. Pero las investigaciones internas obligadas han terminado con el despido de Levandowski; según Uber, el ingeniero no ha cooperado con el equipo legal a la hora de intentar esclarecer los términos de la demanda. Según su abogado, este tiene derecho a acogerse a la Quinta Enmienda, la cual hace prevalecer los derechos del acusado a la hora de autoinculparse de un delito.

En cualquier caso, con o sin el ingeniero, la demanda sigue adelante. Las últimas declaraciones de Uber muestran a una tecnológica muy confiada en su posición; después de hacer una due diligence que, según ellos, demuestra que todos sus desarrollos han sido de cosecha propia, la compañía anuncia un posible acuerdo antes de la fecha límite. Así se lo ha hecho saber a unos inversores algo inquietos por el intenso panorama al que se ha tenido que enfrentar la empresa en las últimas semanas: la salida de su CEO, Travis Kalanik o las acusaciones sexismo entre otras muchas historias abiertas. Estos han aceptado con sumo gusto el optimismo de la compañía en el caso, pero no así tanto como Alphabet. La tecnológica dista mucho de retirarse de la acusación y su intención es llegar hasta el final del caso.

Pero lo cierto es que esta afirmación ante los inversores se encuentra bastante sostenida por los hechos. La semana pasada, Alphabet dejó de lado muchas de las acusaciones que había presentado contra Uber. De los 100 secretos de empresa que, según ellos, habían sido usurpados, la lista quedó reducida a 10. Sin embargo, esa información robada sería suficiente, según Alphabet, para impulsar con éxito una división de coches autónomos.

Pese a todo, la tecnológica conocida como Google, quiere seguir adelante con su demanda, por mucho que Uber y sus inversores se posicionen de manera tan optimista.