El Ayuntamiento de Madrid ha dado a conocer los resultados de los Presupuestos Participativos 2017, una iniciativa incluida en la plataforma Decide Madrid con la que los ciudadanos podían elegir y apoyar proyectos de gasto para la ciudad y sus diferentes distritos. Uno de los proyectos ganadores es fruto de una propuesta impulsada por Cel Fosc, asociación contra la contaminación lumínica, y apoyada por múltiples organizaciones de científicos y ecologistas, que pedían al Gobierno de Manuela Carmena la realización de un análisis sobre la contaminación lumínica en la ciudad.

La proposición, que finalmente ha sido respaldada con 2.829 votos, recibirá una partida presupuestaria de 120.000 euros para llevar a cabo un estudio global del impacto ambiental ante el cambio de alumbrado público realizado en Madrid desde 2014. Los promotores de la iniciativa denunciaron que la operación, realizada bajo los mandatos de Ana Botella y Manuela Carmena, había provocado la conversión de buena parte del alumbrado público a una tecnología LED de color más blanco, sin que se hubiera demostrado una mayor eficiencia ni se hubiera evaluado su impacto sobre el medio ambiente, la salud o el patrimonio, según aseguraban a Hipertextual.

Alejandro Sánchez, científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía y uno de los defensores del proyecto, ha señalado que el presupuesto sea "probablemente escaso para poder hacer un estudio que abarque los temas de seguridad, impacto ambiental y en la salud que solicitamos". Sin embargo, el investigador se felicita de que la iniciativa sea "posiblemente el mayor proyecto financiado en España para un estudio de impacto de contaminación lumínica y un hito que esperamos que sirva de ejemplo". El Ayuntamiento de Madrid no ha ofrecido de momento más detalles sobre cómo se realizará el proyecto ni cuáles serán los objetivos definitivos de la investigación.

Qué pedían científicos y ecologistas

Agrupaciones científicas como la Sociedad Española de Astronomía o la Federación de Asociaciones Astronómicas de España y organizaciones sociales como Ecologistas en Acción, la Asociación RedMontañas o Madrid Ciudadanía y Patrimonio habían unido sus fuerzas a Cel Fosc para impulsar una iniciativa que evaluase la contaminación lumínica en la capital. Según detallaban en la propuesta recogida en los Presupuestos Participativos del Ayuntamiento de Madrid, el objetivo era determinar los efectos de la sustitución del alumbrado público en el medio ambiente y espacios protegidos, como el Monte del Pardo y el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en la salud pública, en la seguridad vial y ciudadana y en el deterioro del patrimonio cultural inmaterial y los símbolos de la ciudad.

El Gobierno de Ana Botella licitó a finales de 2013 un contrato integral para la "gestión integral y energética de instalaciones urbanas de la ciudad" por importe de 772 millones de euros. El objetivo, según puede leerse en el pliego, era lograr "una mayor eficiencia energética de las instalaciones en vías y espacios públicos". Philips, empresa proveedora de las luminarias, anunció que la intervención abarcaría 225.000 puntos de luz, de los que 84.000 serían sustituidos por tecnología LED. En cifras globales, el cambio afectaría a un 37,3% del alumbrado público antiguo de la capital, una operación que supondría un ahorro energético del 44% respecto a la anterior instalación, de acuerdo a la información facilitada por la empresa.

Según datos del propio Ayuntamiento de Madrid, a fecha de 31 de diciembre de 2016, la ciudad contaba con 85.166 luminarias de tipo LED de un total de 255.899 puntos de luz instalados en la capital, lo que supone un 33,28% del total. Los investigadores y ecologistas, sin embargo, no creen que el cambio de alumbrado público haya sido más eficiente, sino que está provocando más perjuicios y beneficios que no habían sido evaluados hasta la fecha. La contaminación lumínica, considerada como la introducción de luz no natural en el medio ambiente nocturno, es un grave problema para la capital. Madrid es desde hace tiempo la segunda ciudad con mayor contaminación lumínica de toda Europa, solo superada por Valencia.

Los científicos y ecologistas denunciaron que el incremento de las áreas iluminadas y el aumento de la potencia iluminada por farola habían agravado todavía más la situación. "La mayor emisión de luz azul de los LED que se están instalando es la responsable de que el impacto de la contaminación lumínica se haya multiplicado (en algunos efectos es hasta cuatro o cinco veces más perjudicial que la iluminación de vapor de sodio a alta presión)", afirmaban en su proyecto, que finalmente ha recibido el respaldo popular. La evidencia científica sostiene que la contaminación lumínica puede afectar a la biodiversidad, la imposibilidad de contar con cielos oscuros e incluso algunos trabajos preliminares apuntan que podría trastocar los ritmos circadianos y el sueño. La aprobación del presupuesto para el estudio de impacto ambiental determinará ahora si la operación de cambio del alumbrado público ha tenido realmente consecuencias para los madrileños.