Las chanclas son uno de los tipos de zapatos más usados durante el verano, ya que nos permiten dejar los pies al descubierto en los días más calurosos. Durante la última semana, este calzado ha vuelto a estar en el punto de mira después de que Primark anunciase la retirada de miles de chanclas del mercado por contener altos niveles de criseno, un compuesto clasificado como posiblemente carcinógeno. A pesar de que la compañía aseguró que las sandalias con esta sustancia no se habían puesto a la venta en España, lo cierto es que la polémica ha vuelto a poner el foco en este tipo de calzado.

Desde hace años los especialistas recomiendan utilizar chanclas en piscinas o duchas públicas, un consejo que ayuda a evitar la infección en los pies provocada por hongos, según explica la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Y, aunque es preferible ponerse unas sandalias antes que caminar completamente descalzos, lo cierto es que este tipo de zapatos abiertos debe ser usado únicamente durante cortos períodos de tiempo. En caso contrario, las chanclas pueden provocar problemas importantes para nuestros pies.

Por qué las chanclas pueden ser peligrosas

"En este momento del año veo frecuentemente a pacientes con afecciones del pie relacionadas con llevar chanclas", explica la Dra. Christiana Long, cirujana en el Centro Médico Bautista Wake Forest, en unas declaraciones recogidas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Por un lado, este tipo de calzado abierto ofrece la ventaja de dejar los pies al descubierto proporcionando cierto frescor; sin embargo, también quedan desnudos y expuestos ante posibles cortes, heridas, hematomas, picaduras de insectos, quemaduras provocadas por la radiación solar y ruptura de uñas.

Por otro lado, las chanclas son unos zapatos que no proporcionan estabilidad a los pies, aumentando la probabilidad de sufrir esguinces o torceduras. Además, el uso de este calzado modifica la forma en la que caminamos, ya que nos obliga a dar pasos más cortos, afectando a la musculatura normal, según explicaba Víctor Alfaro, responsable de podología de la Federación Española de Atletismo, en un artículo publicado en EFE Salud. Un estudio publicado en la revista Journal of Aging and Physical Activity apuntaba que la utilización de chanclas en personas mayores también causaba una carga adicional que podía resultar en un aumento de la flexión de las rodillas.

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Fuente: Pixabay.

Otro de los problemas relacionados con este tipo de calzado es el incremento de riesgo de fascitis plantar, un trastorno que sucede cuando se inflama el tejido grueso en la planta del pie —denominado fascia— y que cursa con dolor y dificultades a la hora de caminar. Llevar chanclas favorece el incremento de tensión en la fascia, ya que se trata de un zapato muy plano, que no ofrece apoyo para el talón o el arco del pie, y que provoca un mayor agarrotamiento de los dedos para que no se salgan las sandalias, lo que a su vez genera más tensión en los pies. Así lo demostró también un estudio en la revista Journal of Foot and Ankle Research, que confirmó que este tipo de sandalias modifican la biomecánica del tobillo y los patrones de carga de los pies.

Según la Asociación de Podología de Estados Unidos, es aconsejable comprar chanclas de calidad, preferiblemente de cuero blando, un material que reduce el riesgo de padecer ampollas y otros tipos de irritación. Se recomienda además revisar los zapatos de forma anual y evitar todo aquel calzado que muestre un cierto desgaste. El uso de chanclas en todo caso debe ser ocasional, restringiendo este calzado para las ocasiones en las que estemos en piscinas, vestuarios o duchas públicas, pero evitando su utilización para caminar largas distancias, conducir o practicar deportes.