El otro día fue Londres. Un poco antes, Manchester, Milán, París... pero también, Maiduguri, Lahore, Beirut, Yakarta... el pasado mayo el mundo sufrió 134 atentados yihadistas documentados a lo largo de veintitrés países, dejando como resultado más de un millar de fallecidos, según informaban desde el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET). El terrorismo parece conseguir en cierta medida su propósito: aterrorizar. Y con ello dividir y confundir. La horrible "yihad 2.0" de la que se hacen eco los medios se ha extendido gracias, en parte, a las nuevas tecnologías. Los terroristas inmersos dentro de esta vorágine de sinsentido se apoyan en las redes sociales para difundir su mensaje de odio y violencia. Aun años después de muertas, algunas figuras todavía aparecen en los vídeos alentando a provocar más daño. Pero al igual que la posibilidad de extender el mensaje, las redes sociales tienen la capacidad de contrarrestarlo.

La herramienta preferida por el terrorismo

Cuando hablamos de terrorismo, hay que dejar claro, por si a alguien le quedan dudas, que no sus integrantes son gente demente pero no tonta, cuyos ataques no son aleatorios o puntuales. Las organizaciones terroristas contemplan y poseen un modus operandi y un entrenamiento disciplinario. No hablamos del entrenamiento militar, sino el propagandístico, una de las herramientas más potentes empleadas por los grupos radicales. La propaganda disfruta de nuevas cotas de alcance gracias a Internet. La red de redes ofrece un sinfín de soluciones y aplicaciones de comunicación y seguimiento. ¿Cuáles de ellas son las más usadas en el terrorismo? "Ahora mismo estamos en una etapa de transición. Hace un año la red más utilizada por los terroristas [yihadistas] era Twitter. Twitter es un terreno atractivo por su alcance y la información se movía en esta red sin problemas", explica para Hipertextual Manuel Ricardo Torres Soriano, Director del Diploma de Especialización en Análisis del Terrorismo Yihadista, Insurgencias y Movimientos Radicales de la Universidad Pablo de Olavide.

"Sin embargo, Twitter empezó a ser mucho más prolija a la hora de eliminar estos contenidos, lo que ha hecho que los terroristas hayan ido trasladándose a otras redes donde se mueven con mayor impunidad. Entre ellas Telegram". La capacidad de este servicio para crear canales públicos, compartir archivos sin limitación de peso y permitir la comunicación directa y codificada son las razones principales de que el Terrorismo esté optando por usar esta "red". "Además, Telegram no está siendo especialmente activa a la hora de perseguir este material", añade Manuel. Desde el comienzo del conflicto en Siria, la presencia terrorista, que ya llevaba años en Internet, comenzó a extenderse y trasladarse a las redes sociales. La capacidad de llegar a todas partes, a pesar de la aparente contradicción que supone usar unas redes controladas por aquellos que representan todo lo contrario a los "valores" terroristas, fue la razón decisiva que impulsó a los grupos radicales a introducirse de lleno en las redes sociales.

Redes como Twitter, Facebook, al principio, Telegram, WhatsApp o incluso Snapchat a medida que va evolucionando la reacción de las compañías contra los contenidos emitidos por los radicales. "Los terroristas compatibilizan diversos espacios", nos comenta el experto. "Telegram, Twitter, así como otras redes de menor calado. Al final, los terroristas necesitan estar ahí donde está la gente, por su carácter reclutacional. De poco sirve que tu contenido permanezca si este no se expande". Esta es la razón principal de que los terroristas usen redes de un carácter tan frívolo, relativamente hablando, en contraposición al espíritu yihadista, de corte férreo y draconiano, contrario al progresismo que caracteriza a los servicios de los que se aprovechan los terroristas. Es la mezcla de estos servicios de mensajería los que generan una serie de resultados, terriblemente efectivos, en la campaña de reclutación y acción promovida dentro de estos ambientes. La herramienta preferida por el terrorismo es, como vemos, aquella que le permite llegar a más gente para hacer una propaganda más efectiva. Una propaganda cuyo objetivo es aterrorizar y reclutar por todo el mundo. Y en ese sentido, DAESH le ha ganado la batalla a otros grupos terroristas predecesores.

El poder de los vídeos

Los expertos como Manuel coinciden en un punto fundamental a la hora de hablar de la capacidad mediática de los terroristas: son expertos en crear contenido de calidad. De calidad para los fines que persiguen, por supuesto. Así, los equipos audiovisuales con los que cuentan y la distribución del material juegan un papel crucial, especialmente cuando hablamos del DAESH. "El Estado Islámico representa el punto más elevado de sofisticación y eficacia alcanzado por el terrorismo yihadista en su relación con las nuevas tecnologías de la información. Para conseguirlo, ha apostado por ensalzar e incrementar el prestigio de aquellos de sus miembros que se dedican a la yihad mediática". Los vídeos del Estado Islámico poseen una estructura narrativa atractiva que combina profesional de la escenografía y el simbolismo de las imágenes. Su edición no descuida ningún aspecto, incluyendo el retoque digital, la ingeniería de sonido o el control de la iluminación.

"Años después de su muerte, sabemos que hay personas que han cometido atentados o se han detenido antes de hacerlo y que habían sido inspirados por un predicador que está muerto desde hace cinco años"

Así, no es de extrañar que los vídeos Anwar al-Awlaki, sigan prestando "servicio" a los grupos terroristas. En los últimos años, varios de los atentados perpetrados se han puesto en relación con este personaje, clérigo y activo promotor de la yihad terrorista de Al-Qaeda. Awlaki murió en una ofensiva contraterrorista en 2011. Sin embargo, varios años después, sus vídeos continúan rondando por la red, inspirando otras acciones terroristas potenciales. "Los vídeos juegan un papel muy importante. Básicamente porque tienen la capacidad de ser perpetuos", afirma Manuel al preguntarle por los casos de la maratón de Boston o el del club nocturno en Orlando, ambos relacionados con Awlaki. "Más allá de las personas, las palabras tienen su peso y su importancia, independientemente del autor". Especialmente cuando el contenido es de un carácter tan sensible como es un vídeo.

El medio audiovisual es especialmente eficiente para la viralización y transmisión de mensajes. Por ello, los grupos terroristas como DAESH han desarrollado técnicas de realización, edición y propagación de sus mensajes mediante vídeo de una manera tan efectiva. "El dominio del territorio también le ha proporcionado el acceso a infraestructura y equipos profesionales de comunicación, como los que es posible encontrar en los estudios de televisión y productoras audiovisuales que han caído bajo su control", explica Manuel en el Cuaderno de Estrategias 180. Pero no sólo la calidad del material es la responsable de su perpetuación. Las redes sociales son, como decíamos, la herramienta adecuada para mantener vivos y para siempre estos vídeos. "Si existe una base de personas suficientemente grande, se puede permitir que el contenido no se pierda".

Soldados en una guerra por las redes

¿Qué se puede hacer para detener el avance de esta yihad mediática, esta guerra en la red? La respuesta es bastante compleja. La primera línea de respuesta está en todos los usuarios, soldados silenciosos de esta guerra. El poder de las redes sociales descansa en sus usuarios y son conscientes de ello. Por eso, Twitter y Facebook, o incluso Youtube, disponen de sistemas de aviso de "abuso de contenidos". Todos los contenidos que violen la política de uso o privacidad de la empresa son automáticamente eliminados en el momento que se detectan. Ni que decir tiene que el terrorismo y la apología de la violencia están contemplados en dichas políticas de uso. Pero, ¿qué ocurre con los mensajes que no llegan a ser nunca reportados? Existe una gran cantidad de información de difícil acceso en Internet.

"Hay varias iniciativas llevadas a cabo por las grandes prestatarias de servicios de Internet", comenta el experto. Se refiere a iniciativas dedicadas a la detección y eliminación de contenidos. Es relativamente sencillo detectar este tipo de contenidos en un formato escrito. Otros proyectos como PhotoDNA de Microsoft o los algoritmos analíticos de imágenes de Google permiten detectar contenido relacionado con la apología de la violencia en fotografías. Pero la espina clavada de las grandes compañías siguen siendo los vídeos. Por el momento, ninguna empresa ha sido capaz de automatizar de forma eficiente la eliminación de vídeos de contenido terrorista. O bien los algoritmos son muy laxos o son muy estrictos, lo que provoca un malfuncionamiento de cara al usuario. Existe, por otro lado, un prototipo llamado eGLYPH, desarrollado por el Counter Extremism Project, una organización apolítica y sin ánimo de lucro, cuya función es controlar las imágenes mostradas en un vídeo de una manera muy similar a como lo hace PhotoDNA con las imágenes.

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El sistema es sin duda complejo y requiere de algoritmos potentes y eficientes. Estas son las principales barreras que han detenido hasta la fecha a grandes empresas a la hora de implementar un sistema automático de revisión de vídeos. Sin embargo, aunque parece que eGLYPH podría resultar la solución que esperábamos, las compañías no están por la labor de implementar algoritmos ajenos a sus delicados negocios. Es una guerra que todavía continúa en evolución mientras cada empresa trabaja en su propia solución. Pero existe otra cuestión sin resolver: "El problema suele estar en los servicios donde es problemático identificar, incluso, la jurisdicción por su situación, porque no tienen una sede social identificable, no hay acuerdo de cooperación... en estos casos no hay una capacidad de ir más allá", explica Manuel.

En estos casos el contenido no se puede asociar a una entidad tangible. Por tanto, no hay un responsable claro del servicio al que poder recurrir por una vía concreta. Esta vía podría ser legal en el caso necesario. "Cuando se recibe un requerimiento legal y no se aplica, se aplica la ley buscando la responsabilidad civil o penal", comenta. Aún así, no siempre es sencillo actuar contra este material. Por ello, hace falta un levantamiento silencioso y pacífico, pero general. Todos podemos ser soldados contra la radicalización y la expansión del terrorismo en las redes. Si el medio no ofrece una forma concreta de denunciar un contenido, o no existe dicho medio, siempre existe la posibilidad de recurrir a las autoridades. En España existe la plataforma Stop Radicalismos donde alertar tanto de contenidos en las redes como de radicalizaciones observadas en personas de nuestro entorno. A nivel europeo, la Europol cuenta con el centro de contraterrorismo en el que se pueden hace un seguimiento de toda la información necesaria o incluso alertar de algún movimiento sospechoso. Pero, en cualquier caso, ante una manifestación apologética del terrorismo, lo mejor es avisar a las autoridades locales en caso de no encontrar otra vía adecuada.