Cultura

Por qué te parece que unos acentos suenan mejor que otros

Por 13/06/17 - 09:40

¿El ruso suena agresivo? ¿El francés es demasiado rimbombante? ¿Los alemanes se sienten en el tono enfadados? Todo es cosa tuya. O, más bien, de tu cabeza.

Por qué te parece que unos acentos suenan mejor que otros

Todo el mundo tiene algo que decir sobre los acentos que odian. No tiene mucho que ver con la persona que lo produce, su color o su raza. Al fin y al cabo, se te puede “pegar” un acento si pasas mucho tiempo en un lugar donde todo el mundo lo posee, aunque no nacieses allí. Por ejemplo, un estudio de 2006 realizado en Barnard College (Nueva York) concluyó que dos o más personas con acentos distintos pueden llegar a mimetizar la pronunciación de ciertas palabras durante una conversación. Además, parece ser que entre mejor es tu relación con una persona, más probabilidades hay de que comiences a hablar como ella.

Cierto es, hay acentos muy difíciles de perder. Tratar de modificar el acento al que te rodea es lo que los lingüistas y psicólogos definen como convergencia fonética, se puede lograr en buena parte, pero dicen que en el fondo siempre habrá algún elemento que acuse la procedencia: un español en México, por ejemplo, podría adoptar su habla, pero no perderá el fonema interdental —al menos durante mucho tiempo—.

En los niños es más fácil, se supone. De hecho, hay un gran debate respecto al grado en que la capacidad de adquirir el lenguaje está ligado a la edad biológica. Hay quien defiende que en los adultos ya es un problema físico. Otros llegaron a la conclusión de que el avance del cambio fonético es gradual y por eso parece tan imposible. Se da por difusión léxica progresiva y simplemente toma mucho tiempo, años, en poder perder la costumbre.

El caso es que si te pregunto tu opinión sobre, por ejemplo, el acento de un inglés de Irlanda frente a los acentos de un ruso hablando inglés, probablemente me puedas decir cuál te “suena” mejor de los dos. No te pasa solo a ti, el galés es buscado por las funerarias porque, supuestamente, suena "empático”.

Una cantidad considerable de investigación se ha hecho para averiguar por qué la gente tiene opiniones fijas sobre los acentos. Uno de los principales métodos que utilizan los dialectólogos es mezclar una muestra grande de montón de diferentes acentos y hacer a oyentes calificar las voces en una escala —sin ver a los sujetos para evitar sesgos—. Además, los oyentes suelen tener que juzgar cuestiones como la inteligencia, confianza en sí mismo, amabilidad o sinceridad, sólo por la voz.

Lo que se ha logrado con estos estudios, y otros tantos, son unas medias que frecuentemente se contradicen. Y aplican incluso a nivel regional. Hay muchas personas que encuentran el ruso “agresivo” o el francés muy “rimbombante”, pero también madrileños que encuentran demasiado “musical” al andaluz. Así, los acentos estándar, como los que emplean los presentadores de televisión, se perciben de manera más favorable en todos lados; probablemente debido a las presiones sociales y culturales que operan dentro de una comunidad. Lo cual, sí, probablemente pueda considerarse una forma de discriminación.

De todas formas, aunque podamos sacar una media, la gente de diferentes lugares clasifica constantemente acentos de manera diferente, y esto demuestra que, en realidad, no hay nada innatamente atractivo o feo acerca de cómo suena un acento más allá de que mucha gente opina que es malo, y otros muchos opinan lo contrario.

La respuesta parece estar en nuestra tendencia a que todo sea relativo de otra cosa. Nuestras actitudes están estrechamente relacionados con nuestro medio ambiente local. Desde una edad muy joven, damos forma a nuestras actitudes y todo lo que nos rodea, incluyendo connotaciones sociales. Aprendemos de una variedad de fuentes, incluyendo a las personas que nos rodean y las cosas que vemos y leemos, que la gente de diferentes lugares está asociada con características distintas y, como resultado, los acentos para nosotros también están asociados con esas características.

Actuamos en base a estereotipos. Con estereotipos me refiero a que el cerebro no sabe partir de cero. No sabemos qué queremos hasta que vemos a alguien haciéndolo y nos convencen de que es lo correcto. Al fin y al cabo, un estereotipo no es más que una forma de clasificar la información con la esperanza de predecir futuras experiencias.

De esta forma, todo es relativo a otra cosa. Necesitamos un modelo, si no, no sabemos lo que viene. Los científicos cognitivos creen que conceptualizamos cosas a partir de las versiones ideales —o prototipos— y los convertimos en una regla automática. Por ejemplo, si se le solicita a alguien el nombre de un ave, es probable que nombre a una más pequeña que grande, de sangre caliente y que ponga huevos de tamaño mediano, con plumas y un pico. Un gorrión, águila o paloma, por ejemplo. Pero los pingüinos son también aves, sólo que varían de nuestro estándar —o prototípico modelo de aves— porque no pueden volar entre otras cosas que se salen del molde, y eso hace que casi nadie dijese pingüino como primera respuesta.

Además, la relatividad es progresiva. Nuestras propias experiencias afectan a nuestras actitudes. Si tenemos una experiencia negativa o positiva con alguien de un pueblo o ciudad en particular, subconscientemente conectamos esos buenos o malos sentimientos con ciertas características, tales como su acento, transformándose en una regla de alerta. Cuando más tarde oímos ese acento en otra persona, esto puede desencadenar esos sentimientos y hacernos atribuirlos a cualquiera que hable de esa manera. Y, la verdad, esto puede ocurrir todo en nuestra imaginación; al fin y al cabo, a la mayoría de gente el acento americano le parece cool. Sin embargo, más de uno jamás habrá conocido a un americano y el motivo de su estereotipo radica en la inmensa cantidad de películas americanas que ha visto donde los americanos parecen cool.

Así pues, la próxima vez que pienses algo, positivo o negativo, sobre la forma en la que alguien habla, trata de recordar que una media no es una regla y lo que piensas que es feo puede ser hermoso para otro. Y que lo que crees que alguien es, puede no ser verdad. Todo se basa en los estereotipos que tienes, lucha contra ellos porque, muy probablemente, no estén en lo cierto.

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