Sabemos bien que la serie original de Netflix, «Orange is the New Black«, está basada en las memorias escritas por Piper Kerman en donde narra sus experiencias tras haber pasado un año en una prisión federal de mujeres. Los personajes que hemos visto en el show de televisión están, pues, inspirados en los que Kerman presentó en su libro, así como en algunos de los eventos que ocurrieron (y le ocurrieron) en su estancia en prisión.

Si bien el motín que se desarrolla en la quinta temporada de Orange is the New Black no forma parte de las experiencias de Kerman sí existe un precedente real que, sin duda, inspiró lo que ocurre durante la nueva temporada de la serie de Jenji Kohan: el motín de Attica en 1971. Incluso algunas reclusas comienzan a gritar ¡Attica! ¡Attica! cuando se desata la rebelión en la prisión de Litchfield.

Cabe decir que no hay spoilers de la serie, en adelante hablamos sólo del hecho histórico al que se refiere este artículo.

Ese motín pasó a la historia como el evento que cambiaría las condiciones de las prisiones (al menos en Estados Unidos) debido a los eventos que lo originaron y las consecuencias de éste. Todo sucedió cuando en el Attica Correctional Facility, ubicado en Nueva York, el 9 de septiembre de 1971 al menos mil de los 2,200 reclusos tomaron el control de la prisión e hicieron rehenes a 42 guardias.

Fueron cuatro días de negociaciones entre los reclusos y las autoridades, encabezadas entonces por el gobernador Nelson Rockefeller. Los reclusos extendieron una lista de demandas llamada «July Manifesto». En este documento exigían: mejor condiciones tanto de las instalaciones de la prisión como atención a sus derechos; mejores condiciones sanitarias y atenciones médicas; trato justo en sus visitas personales; y amnistía para los participantes en el motín.

Como podemos ver, las demandas son muy parecidas (si no es que iguales) a las que Taystee y las reclusas, en un acto democrático puro, presentan a las autoridades. Tampoco nos será ajeno el motivo principal que desató el motín: la brutalidad de los guardias contra los reclusos. Además, el asesinato de George Jackson en la Prisión de San Quentín había despertado la intranquilidad y la impotencia entre los reclusos pues, este activista y miembro del Partido Pantera Negra, había revelado en sus libros el trato a los prisioneros negros en las cárceles y cómo se utilizaban técnicas inhumanas como privación sensorial, aislamiento total, vigilancia constante, violencia extrema y humillaciones por parte de los guardias blancos racistas.

Negociaciones durante el motín (AP Photo)

Los elementos de motín se fueron acumulando y, finalmente, el 9 de septiembre la prisión había quedado en manos de los reclusos. La cobertura de los hechos incluía helicópteros sobrevolando la prisión y una serie de rumores de lo que sucedía dentro de la misma. Son señalados dos líderes de los amotinados: Frank «Big Black» Smith, quien fuera el guardia de seguridad y de captura de los rehenes, y Elliott James «L.D.» Barkley quien fue la voz de la rebelión. Él declaraba entonces:

¡Somos hombres! No somos bestias y no queremos ser golpeados o tratados como tales. Toda la población prisión, eso significa que todos y cada uno de nosotros aquí, se han levantado para cambiar para siempre la brutalidad despiadada y el desprecio por la vida de los presos aquí y en todo Estados Unidos. Lo que ha ocurrido aquí es que el sonido de la furia de los oprimidos. No vamos a ceder en cualquiera de los términos, excepto aquellos términos que sean aceptables para nosotros. Hemos llamado a todos los ciudadanos conscientes de los Estados Unidos para que nos ayuden a poner fin a esta situación que amenaza la vida de no sólo nosotros, sino de todos y cada uno de ustedes también.

Cuando las negociaciones fracasaron, el director de la prisión, Russell Oswald, pidió al gobernador Rockefeller que fuera a las instalaciones para respaldar a los reclusos y tal vez así terminar con el motín. Este se negó, algo que le costaría duras críticas por el tratamiento de los hechos pues fue entonces cuando se decidió entrar a la fuerza a retomar la prisión. Se dice que los líderes del motín fueron asesinados por venganza y mucho de lo que sucedió en la recuperación del lugar permanece sin saberse pues el informe total no ha sido liberado al dominio público hasta la fecha.

El final no es menos trágico: murieron 43 personas al retomar la prisión; entre ellas 33 reclusos y 10 oficiales y empleados. Varias de las demandas exigidas fueron cedidas por las autoridades aunque no se consiguió la amnistía total para los perpetradores del motín (para los que quedaron con vida, claro) ni remover de su cargo al director de la prisión. Se ha dicho que varios de los reclusos que murieron no estaban involucrados directamente con el motín pero que se encontraban en el primer espacio retomado por las autoridades.

Tiempo después siguieron las discusiones sobre el proceso fallido para acabar con el motín y sobre la negativa de las autoridades para admitir responsabilidad en la toma de la cárcel. Sin embargo, los deudos de las personas que murieron presentaron una demanda contra el estado de Nueva York y, finalmente, llegaron a acuerdos económicos tanto para los familiares de los reclusos como los de los empleados de la prisión.

A estas fechas del trágico motín de Attica el eco de sus demandas sigue teniendo cabida y, aunque Orange is the New Black es sólo un show televisivo sí evidencia el racismo, los privilegios y la discriminación de la vida real. Esto nos recuerda que, como nunca, el trato humano y el respeto por los derechos es algo que no debemos dar por sentado.

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