Se suele hablar del lo que acontece en las cálidas regiones de Silicon Valley o en las poderosas zonas de la versión emprendedora de Israel, Silicon Wady. Pero el mundo necesita emprendedores por todas sus costas porque no sólo de Facebook o Uber se puede vivir. En una versión optimista del asunto, Chris Hely, fundador de Techstars, apunta que “el mundo necesita startups para crecer y no estancarse”.

El problema que tiene fijarse en el gigante californiano es que a veces se pierde el norte, como quién dice. La referencia por excelencia que ha incentivado innumerables copycats, fabricados en serie y que simulan un ecosistema nativo de los Estados Unidos. El problema, para Susan García-Robles, miembro del BID, es que la creación de copias no siempre es sinónimo de innovación. “Lo que ocurre en Latinoamérica, y a su vez en cada una de sus ciudades, no es igual a lo que pasa en el Valle de Silicio”, explica Susan en el marco del PerúVCC. Incentivar las diferencias ha sido, y es, el objetivo del emprendimiento que se general en la región sur del continente.

Si algo coinciden todos los asistentes es en que hay que aprovechar las diferencias y particularidades de cada zona. “Hay oportunidades, somos muchos millones de latinoamericanos y 400 millones están conectados. «Tenemos hartas oportunidades para crear tecnología que solucione problemas latinoamericanos. No tenemos porque solucionar problemas de otros sitios, porque los problemas de los gringos son otros que nosotros no tenemos. Hay que enfocarse en Latinoamérica y en ese sentido se ve como los diferentes países tienen diferentes potenciales”, explica Gonzalo Villarán, Director General de Innovación, en declaraciones a Hipertextual. Lo que no quiere decir que no sea factible la adaptación de un modelo de negocio extranjero a la realidad propia del país. Para Andrés Benavides, de UTEC Ventures, “la adaptación con éxito también es un modelo de innovación”. Y es en este contexto donde se busca el tipo de emprendimiento adecuado al ecosistema presente. Una expansión que cada día entiende menos de regiones y más de grandes bloques; dividido por idiomas, más que por fronteras políticas.

Un boom emprendedor que está creciendo porque, entre otras cuestiones, el coste de oportunidad de entrar en el sector ha bajado considerablemente. Para Greg Mitchell, de Angel Ventures, “hace 10 años los que emprendían en Perú eran los que salían de la universidad, pero ahora es gente que deja su trabajo y se pone a resolver problemas que ellos conocen muy bien; que son profesionales de la materia”.

La riqueza gastronómica y natural de regiones como Perú son, según los expertos, los elementos a explotar por los emprendedores. Para Greg, el foodtech tendrá una gran aceptación en los próximos años. Así como las oportunidades del e-Coomerce o la logística. Basándose en la idea de que son empresas basadas en tecnología, pero una que ya existe desde hace 10 años. “Esto permite emprender a gente que no es necesariamente muy techie”, argumenta.

Entrenando al sector de la financiación

La región de Perú tiene en su haber un gran exit: CinePapaya era comprado por Fandango en 2016. Una compañía extranjera entrando en el mercado local. Si bien este es un punto positivo, también tiene sus claroscuros. Para Mitchell el problema es que la falta de profesionalización de los inversores locales ha impedido ver oportunidades de negocio tan buenas como las del caso de CinePapaya. Es por esto que, según él, “es tiempo de que los inversores se sofistiquen un poco” y aprendan de algo que no entienden. La mayoría viene del mundo inmobiliario y eso, aunque no quieran, pesa:

«Hay inversores muy buenos, pero la cuestión es que no saben evaluar startups y lo peor es que creen que lo saben. La señal de eso es que hay exits como los de papaya en el cual ellos no han estado. Pero la gente que cree que sabe no va a ir a aprender algo nuevo, así que es un trabajo complicado que requiere tiempo»

Su profesionalización y el hecho de entender que inversores y emprendedores, sumados a todos los players, juegan el mismo juego. Entendiendo que unos quieren sacar partido de su negocio y los otros rédito de su inversión, el objetivo es que no haya uno que pierda y otro que gane.

Queda mucho tiempo para que Perú vea una serie A, B o sucesivas. Ni siquiera México, un mercado mucho más desarrollado por su cercanía a Estados Unidos ha tocado esa madurez del sector emprendedor. No es un ecosistema perfecto, ninguno lo es, de hecho; pero la colaboración del estado como elemento esencial de la iniciativa emprendedora en un trabajo similar al que Rusia ha trabajado en su región de Skolkovo ha sido determinante. El trabajo por delante se presenta complejo porque, explica Andrés, “hay mucha plata que no está conectada con el ecosistema emprendedor”. De hecho, según datos de LAVCA, del conjunto de países más potentes de Latinoamérica, Perú está por debajo de sus compañeros. Durante el año pasado se cerraron cuatro grandes deals, por un total de 31 millones de dólares. Comparados con los 13 de Colombia o los 73 de México, el sector se encuentra años luz de sus posibilidades.

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