Ninguno de los ocho presidentes que gobernaron Estados Unidos de 1924 a 1972 pudieron echar de su cargo a J. Edgar Hoover. Durante los 48 años que fue director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI), las amenazas a personas famosas, de mucha reputación y hasta de presidentes mantuvieron al criminólogo en el poder.

Hoover se tomó muy en serio el valor de investigación en el FBI, hasta tal punto que convirtió al servicio de policía estadounidense en una red de espías. En pleno siglo XX, el director de la Oficina modernizó a todo su equipo e implementó las últimas tecnologías en reconocimiento de huellas dactilar, grabación de conversaciones, escuchas telefónicas y fotografías. Todo la sociedad estaba bajo el yugo del criminólogo, el cual se hizo célebre por sus maneras de chantajear e intimidar a la alta sociedad estadounidense.

Este martes 2 de mayo se cumplen 45 años de la muerte de J. Edgar Hoover, casi el mismo tiempo que estuvo como director del FBI. Su intervención en la vida privada de muchas personas con una influencia en el ámbito social y político le valieron la fama, aunque el criminólogo tuvo un efecto mucho mayor en los acontecimientos políticos de Estados Unidos durante el siglo XX.

Después de la Segunda Guerra Mundial y en los inicios de la Guerra Fría, el comunismo se convirtió en el peor enemigo de Estados Unidos. El senador Joseph Raymond McCarthy inició en 1950 lo que se llamaría la caza de brujas y el macartismo. Este fenómeno que duró hasta 1956 puse entre las cuerdas a miles de sospechosos en Estados Unidos por tener una ideología comunista o formar parte del Partido Comunista. Algunas de estas acusaciones de traición a la patria se llevaron a cabo sin un juicio justo que respetara los derechos de los acusados.

Las sospechas llegaron a todos, desde civiles hasta políticos, escritores o actores de Hollywood. Sin Hoover y sus tácticas de espionaje que iban desde las fotografías hasta las escuchas, el plan de McCarthy de acabar con el comunismo en Estados Unidos a la fuerza no habría sido posible. Entre las personalidades que fueron investigadas por el director del FBI se encontraron Marilyn Monroe, por haber estado casada con el acusado de comunismo Arthur Miller y sus relaciones con la familia Kennedy, Charlie Chaplin, Pablo Picasso, Elvis Presley o John Lennon.

En estos años de persecución a comunistas, Hoover también demostró su poca confianza y piedad ante los acusados. En el famoso caso Rosenberg, un matrimonio judío estadounidense fue acusado de espiar para la Unión Soviética y darles información para que construyeron la bomba atómica. A pesar de que los Rosenberg afirmaron que eran inocentes, Hoover declaró que las sospechas eran suficientes y rechazó la petición de indulto. El matrimonio fue condenado a la silla eléctrica por alta traición.

Las informaciones recabadas en aquellos años también le valieron a Edgar Hoover su pertenencia al FBI durante casi medio siglo. El criminólogo investigó a la familia Kennedy, la cual nunca fue de su agrado, y tenía información acerca de las infidelidades de John Fitzgerald Kennedy. El biógrafo de Hoover, Kenneth Ackerman, afirmó que el espionaje a los presidentes estadounidenses no eran ciertos, pero los artículos y documentos acerca del director de la oficina sostienen que esta fue la manera gracias a la cual Edgar Hoover se convirtió en una persona intocable. Las tensiones con la Casa Blanca se mostraron en la película de Clint Eastwood J.Edgar, protagonizada por Leonardo Di Caprio.

A pesar de que Hoover pudo haber investigado a los ocho presidentes que gobernaron durante sus 48 años de trabajo para el FBI, la familia Kennedy fue sin duda uno de sus mayores rivales. El director de la Oficina de Investigación estadounidense no solamente podría haber logrado demostrar las infidelidades del presidente, también pudo haber sido cómplice del asesinato de JFK el 22 de noviembre de 1963.

J. Edgar Hoover elaboró su propia lista negra con los presuntos comunistas que ponían en riesgo la seguridad de Estados Unidos y, en 1950, envió una solicitud al presidente Harry Truman para que le permitiera arrestar a 12.000 personas. Además, pedía la eliminación de la orden judicial de Habeas Corpus, la cual evita las detenciones arbitrarias y asegura los derechos básicos de los presuntos sospechosos. La petición no fue aprobada por el presidente, pero puso de relieve las intenciones del director del FBI en mediados del siglo XX.

Por otro lado, las escuchas telefónicas y el espionaje también fueron utilizados para intimidar a activistas dentro del movimiento de derechos civiles y asociaciones contra la guerra de Vietnam. En 2014, el diario The New York Times publicó por primera vez una carta enviada a Martin Luther King, en la que se le denominaba "diablo", "completo impostor" y "bestia anormal" y la cual iba adjuntada de una grabación que demostraba los actos de infidelidad del activista por los derechos de los negros en Estados Unidos. El propósito de la misiva era el suicidio de Luther King y más tarde se demostró que la carta fue enviada por el FBI mientras Edgar Hoover fue su director.

La implicación de Hoover en la política estadounidense llegó hasta el caso Watergate, que provocó la renuncia del presidente Richard Nixon por presunto espionaje a opositores políticos o grupos de activistas usando el FBI, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Servicio de Rentas Internas (IRS). El escándalo salió seis meses después de la muerte de Hoover en 1972.

Si el criminólogo originario de Washington no hubiera estado al cargo del FBI, la historia podría haber sido diferente. Quizá no hubiera llegado el reconocimiento de huellas dactilares al FBI (o al menos no en ese momento), muchas personalidades de la política o del cine no hubieran sido espiadas y algunos activistas no hubieran sido amenazados. Quizá el Gobierno de Nixon lo hubiera tenido más difícil para espiar e investigar a opositores políticos.

Las escuchas a todo tipo de personas fueron algo común durante el mandato de Hoover en el FBI. Nadie tenía secretos para él y todos ellos eran descubiertos por el criminólogo. Sin embargo, su vida privada fue siempre una de las incógnitas más comentadas y la presunta homosexualidad y complejo de Edipo de Hoover nunca pudieran ser demostradas. La sociedad y política estadounidense no era un secreto para Edgar Hoover, pero él fue siempre un misterio.

La figura de Hoover, a pesar de su liderazgo, fue duramente criticada durante y después de dirigir el FBI. El presidente Truman afirmó en relación a las prácticas llevadas por Hoover que "no queremos una policía secreta o Gestapo. El FBI está avanzando en esa dirección. Está interviniendo en escándalos sexuales y usando el chantaje". Más tarde, el Senado estadounidense aceptó una resolución que reconocía que Hoover jugó un papel negativo en la historia de Estados Unidos. A partir de la muerte de J. Edgar Hoover, ningún director del FBI puede permanecer más de diez años en su cargo.

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