Algo está pasando en el transporte por la ciudad de Londres y por una vez no tiene nada que ver con el drama entre los taxis y Uber. A los tradicionales autobuses de dos plantas de la capital británica, anteriormente rojos, se les ha unido una nueva flota de vehículos de 30 plazas, esta vez en color verde.

Citymapper, la popular aplicación de gestión de nuestros trayectos en transporte público, ha querido dar una vuelta de tuerca a su modelo de negocio. De conocer las mejores rutas en autobús, metro, bicicleta o incluso Uber ahora han decidido pasarse al otro lado. Según ha podido saber Wired, la tecnológica ha creado su propia línea de autobuses por el centro de Londres, el smartbus. Llamada CMX1, esta ruta conectará Southwark con Blackfriars, cerca del puente de Waterloo y de vuelta a lo largo de la orilla sur. Entre medias de estos dos puntos, el bus de Citymapper usará las paradas de las líneas convencionales.

Este curioso movimiento por parte de Citymapper, explica el CEO de la compañía Azmat Yusuf, sólo estará vigente dos días pero sienta las bases del futuro de la compañía. Según el equipo, el negocio del trasporte en autobús no ha sufrido ningún cambio desde hace décadas ni se ha innovado nada en lo que a experiencia de usuario se refiere; por esta razón, quieren ofrecer una nueva experiencia de usuario. Autobuses de 30 plazas, conocidos como velocistas, con cargas de USB y toda la información que podría obtenerse en la aplicación en grandes pantallas informativas: estado del tráfico, dónde bajarse, mejores conexiones... Es decir, el futuro del transporte imaginado y llevado a la realidad por parte de la propia aplicación.

Yusuf explica a Wired que es una forma de "empezar a mostrar que pueden hacer este tipo de cosas bien", y aunque sólo es una experiencia piloto, supone "la primera parte de un proceso". No está claro el tipo de negocio que, de llevarse a cabo de forma efectiva este proyecto, gestionaría la compañía. Por un lado estaría el sistema de Uber o Cabify, los cuales no tienen en propiedad los coches que controlan; o, si por el contrario, ellos serían los propietarios de las flotas. Lo cual requeriría de una gran inversión y, probablemente, una nueva ronda de financiación. Aunque también es cierto que supondría un verdadero modelo de negocio para la compañía, puesto que hasta la fecha no está demasiado claro.

Por otro lado, tiene sentido. Citymapper, a través de su sistema, tendría acceso a los datos generados por sus propios usuarios. ¿Qué afluencia existe en ese momento? ¿Tráfico? Con todo podría saber qué volumen de vehículos sacar o cuántos se tendrían que quedar en cocheras. Al contrario que las redes de autobuses tradicionales, la capacidad de reacción de Citymapper sería mucho más rápida y efectiva.

El proyecto, destinado a Londres en primera instancia, tampoco deja claro el tema de las licencias. En el caso de la capital británica ya se están emitiendo licencias privadas para autobuses urbanos, pero es de esperar que la internacionalización de este proyecto, de querer llevarse a cabo, se encuentre más de un problema asociado.

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