El color en el cine es básicamente un recurso que estuvo disponible desde el principio. Incluso si significaran incontables horas de pintar cuadro por cuadro.

Obviamente estoy exagerando un poco, ya que pocas personas quisieran ver el resultado de horas y horas de pinturas descuidadas realizadas probablemente por el pasante. A fin de cuentas sí estaba disponible, pero obtener resultados como los de hoy en día eran una cima inalcanzable para nuestros antepasados.

Lastimosamente, así fuera inalcanzable no era totalmente necesaria. Teniendo como alternativa el glorioso blanco y negro, donde nos dejábamos llevar por un estilizado uso de las sombras y una realidad mucho más creíble.

¿Recuerdan esa fotografía histórica de nuestro primer viaje a la luna? Observen a Neil Armstrong cerca de la ceja derecha.

El famoso programa televisivo Siskel & Ebert funcionaba bajo la premisa de que juntando a dos críticos de cine que se odiaban mutuamente detrás de cámaras y obligándolos a reseñar películas juntos por poco más de una década se podrá conseguir la serie televisiva más exitosas en lo que a este género se refiere —reseñas de películas quizás, supongamos que existen otros programas parecidos—.

Conformado por Gene Siskel y Roger Ebert, fue uno de los shows más famosos de su época. E indagando bajo el cobertizo de YouTube hemos encontrado un especial dedicado al maravilloso arte de la colorización.

Media hora y decenas de razones sobre por qué el agregar color mediante un método igual de retrógrado que las pinturas del pasante —esta vez reemplazando al pasante por una computadora—, encontramos una gran verdad: el color en las películas no siempre es necesario.

¿Recuerdan esa película infantil de la luna? Claramente no se parece a la luna en ninguna instancia.

Veamos dos breves ejemplos:

En la primera esquina tenemos la brutal pelea entre dos alegorías a la Guerra Fría conocidas como Rocky Balboa e Iván Drago. 120 Kg de pura magia cinematográfica y golpes simulados provenientes de todos los colores que América y Rusia nos pueden ofrecer en esos dos shorts de boxeo.

Y en del otro lado tenemos al único e inigualable Toro Salvaje. 300 Kg de sombras, brutalidad y potencia que provienen de golpes mucho más simulados pero extrañamente muchísimo más reales.

Lo que hace más brutal a una escena de la otra va más allá de los planos cerrados y la sangre excesiva, es el blanco y negro. Y como hemos comprobado con aquel aterrizaje inédito que hemos descubierto más arriba, captamos fácilmente los detalles que verdaderamente importan cuando nuestro cerebro no está ocupado capturando información que muchas veces puede parecer innecesaria.

¿De verdad es tan importante que veamos el color de la sangre para identificarla? Según Siskel y Ebert, claro que no.

Sin embargo, esto no aplica únicamente a las películas de boxeo. Existiendo un simple experimento cinematográfico que mejorará tu comedia favorita con tan sólo pequeños ajustes.

## El simple experimento cinematográfico

Como nos propondría Roger Ebert —la parte gorda de la relación—, el blanco y negro es mucho mejor en varios casos, y en sus propias palabras:

Creo que el blanco y negro es incluso mejor que el color para algunas películas, especialmente las comedias, donde la sincronización, el movimiento y el diálogo son mucho más importantes que el color. Así que me gustaría invitarlos a una guerra en contra de la colorización rentando vuestra comedia favorita que fue grabada a color y ajustando sus televisores para verla en blanco y negro. Creo que la haría más graciosa».

Si bien ya no podemos ajustar tan fácilmente nuestros televisores, basta con cambiar los valores en cualquier programa simple de edición. Notando como factores adversos empiezan a tomar el control de la escena, y nuestro enfoque se vuelve más poderoso al no tener que procesar colores.

Y el caso contrario puede ser comprobado fácilmente, observando lo perturbador que una comedia de Chaplin como El Gran Dictador se vería teniendo color.

El tercer Reich riendo en toda su omnipotencia.

Ebert continuaría la frase alegando que su propuesta era un tanto tonta, pero que por lo menos poseía cierta validez. A fin de cuentas abre una nueva ventana para explorar algunos de los clásicos de la comedia en su forma más pura y sin distracciones.

Realicen el experimento en casa, tengo una pequeña versión satisfactoria con la comedia 21 Jump Street, sin duda se vuelve cada vez mejor con la nueva adición del blanco y negro.

No puedo creer que llevo años sin ver la mejor versión posible…

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