El fenómeno de la regresión es extraño para la mente humana. Tanto que no fue identificado hasta doscientos años después de la teoría de la gravitación o del cálculo diferencial. Fue descubierta bien avanzado el siglo XIX por sir Francis Galton, primo segundo de Charles Darwin.

Los efectos de regresión pueden encontrarse en cualquier parte, pero no los reconocemos como lo que son, a Galton le tomó varios años más llegar a la conclusión de que la recesión inevitablemente se da cuando la correlación entre dos mediciones es menos que perfecta.

“En el fenómeno de regresión a la media, si una variable es extrema en su primera medición, tenderá a estar más cerca de la media en su segunda medición y, paradójicamente, si es extrema en su segunda medición, tenderá a haber estado más cerca de la media en su primera”.

Para ilustrarlo, va un ejemplo extremo. Mantengan en mente: ”la recesión inevitablemente se da cuando la correlación entre dos mediciones es menos que perfecta”.

Titular: los niños deprimidos tratados con una bebida energética mejoraron tras un periodo de seis meses.

Me lo he inventado, efectivamente, pero el hecho que anuncia es cierto: matemáticamente cierto, al menos. También ocurrirá si los niños pasan el mismo tiempo abrazados a un oso de peluche, haciendo el pino o viendo documentales sobre hormigas. La mayoría de nosotros buscará explicaciones causales por las cuales no es totalmente imposible que las bebidas energéticas o abrazar osos mejoren los síntomas de la depresión —si nos dicen de ante mano que es cierto—. La respuesta es simple: da igual lo que hagan, siempre mejorarán. La regresión a la media tiene explicación, no causa.

Puesto que los niños deprimidos constituyen un grupo extremo y cualquier prueba sucesiva tiene una correlación menos que perfecta, su grupo extremo regresará a la media con el tiempo, aún si no se hace nada. Se presentará una mejora, aunque sea ínfima, pues la depresión es un estado extremo. Para evitar hacer inferencias equivocadas, la regresión hacia la media debe ser considerada en el diseño de experimentos científicos y la interpretación de los datos. Por eso, para concluir si los tratamientos hacen algo, el proceso científico añade un grupo de control al que no se le da nada —o mejor, se le da un placebo—, y de esta forma se constata si los pacientes mejoran más de lo que la regresión a la media podría explicar. Esa es la gran aportación.

En qué influye esta aportación científica que nos ha dejado la historia a las personas corrientes, dirás. Pues bastante desde que se puede aplicar a la calidad de la ejecución.

Notarás que tanto las otras personas como tú mismo, halagas tu ejecución cuando es muy buena, siendo concretos cuando es significativamente superior a tu media. Y al contrario, te regañan y tú mismo te deprimes cuando haces algo significativamente peor de lo habitual. Cuando tienes un mal día, vamos, te hundes en el fango.

Siento decirte que lo más probable es que cuando te salgas de forma extrema de tu media, solo hayas tenido buena o mala suerte. Entendiendo a ‘suerte’ como las fluctuaciones de un proceso meramente aleatorio, que como buen aleatorio se puede repetir —puede tocarte la lotería dos veces aunque la probabilidad inicial ya sea de 116,5 millones, es decir, muchísimo más improbable de que te aplaste un rayo (una entre 700.000)—, pero con independencia de si te felicitan o regañan, el fenómeno extremo regresará a la media con el tiempo, siempre que la correlación entre las dos mediciones sea menos que perfecta. En resumen: no sirve de nada machacarte cuando tienes un mal día, y tirarte flores por uno exageradamente bueno es iluso.

Este fenómeno será así aún si nos dedicamos a tirar canastas de espaldas. La mala ejecución sigue por tendencia a una buena ejecución y a la inversa. En las finanzas, el término reversión a la media es utilizado de una manera un poco diferente, pero ilustra bien el problema: "los retornos pueden ser muy inestables en el corto plazo, pero muy estables en el largo plazo”.

Es decir, tu talento real es la media que sostienes en el tiempo, no tu último suceso extremo. Es fácil buscar explicaciones causales y predicciones intuitivas, asumimos que alguien tiene talento o es un genio, o está acabado o no durmió anoche, basándonos en la última observación. Buscamos causas, la aleatoriedad no las tiene. Nos basamos en el hoy, y hoy no explica una vida. Lo importante es la suma de todo, con tus buenos, medios y malos días. Un caso no puede explicar una tendencia. Por tanto, la próxima vez que lo hagas terriblemente mal o brillantemente bien, no dejes que te afecte, espera a ver cómo lo haces las siguientes veces. O mejor, valora cómo lo has hecho en un amplio periodo de tiempo, ese es realmente tu desempeño.