Entrando a la sala y rodeado de una enorme cantidad de hombres con barba, acepté la apuesta. Fue muy simple en verdad, simplemente requirió que desplegara un total de 16 cámaras que dispararan al mismo tiempo y las bases del cine estaban básicamente sentadas. También se demostró que al galopar los caballos sí despegan sus patas del suelo, y gané una apuesta de $25.000 —pero no se olviden del cine, claro que tuvo algo que ver—.

Debo apurarme, el tren está a punto de salir. Debo mostrarle al mundo ese pedazo de filme de unos dos segundos y sabrán que he descubierto las "imágenes en movimiento". Esperen un minuto, creo que acabo de observar algo en el fondo —que quizás pueda causar mi desaparición total de la historia...

Título de mi autobiografía: cómo crear un nuevo arte por accidente y fingir que todo fue el plan desde el inicio.

—Debemos apresurarnos —decían los hermanos Lumière—. —Debo intimidar más y conseguir la fórmula secreta —decía Thomas Edison para sí mismo mientras sostenía a uno de sus trabajadores por el cuello. —Debo decir que si bien no soy uno de los padres pioneros del cine, y bien puedo llegar a serlo con mis artículos, me interesa la historia y sus inicios. Y más allá de la historia por la historia, debemos conocer aquellas raíces para comprender de una vez por todas el arte misterioso del siglo XX —decía el egocéntrico escritor de Hipertextual.

Los inicios del cine van mucho más allá de dos simples hermanos proyectando a ciertos empleados, es una trama sobre nosotros. La historia de gente sedienta por la nueva tendencia que cruzó fronteras a crédito de unos ciertos particulares. Y a continuación sus grabaciones, sus resultados y nuestras propias raíces culturales.

Reino Unido

Como mencioné en algunos datos insólitos que cambiarán tu perspectiva sobre la historia del cine, aquellos comerciales y libros de historia se equivocan al considerar la proyección de los hermanos Lumière en 1895 como la "primera de toda la historia".

Aquel hombre del principio que ganó una apuesta nos trajo lo que algunos consideran el primer momento cinematográfico, pero el segundo inventó literalmente el cine.

Louis Le Prince grabó en su jardín de Leeds, Reino Unido a su suegra, esposa e hijo —y quizás algún cuñado reprimido— mientras caminaban por su jardín. Con tan sólo dos segundos de material, pasaría a grabar otros experimentos como El Puente de Leeds o El Acordeonista todos en 1888.

Estados Unidos

Criándose en Inglaterra y migrando a la "tierra de las oportunidades" para trabajar con Thomas Edison, el inventor William Dickson era un aficionado de capturar breves segundos en movimiento, y lo consiguió para 1890 —lastimosamente no conocía muy bien su enfoque—.

Después de que Louis Le Prince desapareciera sin dejar rastro alguno, se reiniciaba la historia consiguiendo múltiples avances en pocos años, donde se tuvo rápidamente una segunda versión mucho más clara e incluso una versión con sonido —y algo perturbadora— para 1894.

Años después Dickson sería un simple ingeniero eléctrico, y adivinen quién habrá tomado el crédito por crear el cine y pedir el derecho infinito de poseer todas las películas: el gran Thomas Edison nuevamente.

Francia

Pensar que una de las primeras cintas animadas y con trama se remontan a 1892 pone muchas cosas en perspectiva. Por ejemplo, aquellas sombras que deambulaban fuera de una fábrica no lo hacían en vano ya que miles de personas como Émile Reynaud veían el enorme potencial del medio incluso tres años antes de la famosa proyección.

Inventando un "teatro óptico", las imágenes debían dibujarse directamente sobre la cinta pero básicamente eran proyectadas ante una audiencia e incluso llevaban música original para acompañarlas.

Sería aquí, en una de las capitales del cine, donde otros pioneros apuntarían a otro tipo de cine mientras capturaban escenas cotidianas en su amada Francia. Aquellos hermanos pasarían a la historia, pero algunos como el mago detrás de ¡Pobre Pierrot! serían poco reconocidos.

Italia

Los hermanos Lumière sacaron provecho de su invención y recorrieron toda Italia para mostrar el cinematógrafo a las grandes masas. Con una influencia tan grande en el país, la gente sintió la necesidad por filmar cintas parecidas, y si bien se rodaron muchísimas, la mayoría se encuentran perdidas.

Se piensa que la primera producción italiana fue realizada por Vittorio Calcina en 1896, y con un título gigantesco: Umberto e Margherita di Savoia a passeggio per il parco, y una página de IMDB depresiva, esta no se encuentra en ningún registro y lo más probable es que ya no exista. Gracias al cielo todavía tenemos un poco de su santidad, ya que otra cinta del mismo año permanece mostrando al Papa León XIII —que otra grabación se podría esperar de un país así—.

España

Eduardo Jimeno Peromarta adquirió una cámara Lumière y varios metros de cinta por 2.500 francos. Acercándose a la entrada de la Iglesia empezó a girar la manivela y revelando la grabación era difícil divisar algo.

¡La luz! ¡Sólo es que me he quedado sin luz! —gritaba con el terrible material en sus manos.

Y tenía razón, por lo que una en una tarde calurosa grabó la primera producción española al tener a diversas personas en la Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza en 1897. Un inicio sin razón aparente, que trajo un cine de particulares muy diferente a las corridas de toro que se habían filmado anteriormente por la compañía Lumière.

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