Pitágoras fue un genio casi inigualable. Sus enseñanzas inspiraron a hombres excepcionales como Platón y Aristóteles, ambos filósofos basaron varias de sus teorías en los trabajos anteriores del matemático. La escuela que lideraba también consistía en un grupo de sujetos sumamente inteligentes. Sin embargo, poseían una mala fe científica, por la cual no dudaban en excluir por completo a cualquiera que cuestionara seriamente sus planteamientos matemáticos y filosóficos.

Los pitagóricos pensaban que todo el universo consistía de una unión armoniosa de números, sobretodo por los números racionales. Afirmaban que la abstracción del número racional era señal de divinidad y pureza. Creían en la reencarnación y despreciaban los objetos mundanos. Así, eran vegetarianos para evitar comerse por error a un amigo reencarnado.

«Pedro me caía mal, pero si que sabe bien!».

Este grupo de excéntricos se encontraba satisfecho ya que las teorías que fundamentaban sus argumentos no podían siquiera ser cuestionadas. Bueno, al menos era así hasta que Hipaso de Metaponto se percató de algo curioso, descubrió mediante el teorema de Pitágoras que era imposible explicar el resultado de la raíz cuadrada de dos: 1,4142135…Un número seguido de cifras infinitas cuya sucesión no puede explicarse por ninguna regla o patrón.

En ese momento no se había dado cuenta, pero Hipaso había descubierto los números irracionales. Esto significaba que todas las bases del pensamiento pitagórico: la unidad, la armonía matemática, la creencia de que todo se podía medir, etc. Podían ser puestas en duda, es decir, ya no eran reglas sino descripciones de casos específicos. Ya que es imposible medir exactamente el lado y la diagonal de un cuadrado.

Nada peor que alguien use tu propio teorema contra ti.

El griego, emocionado por el descubrimiento, no dudó en mostrárselo a sus amigos, a pesar de saber que lo que proponía era el equivalente a afirmar en una iglesia que, en realidad, la biblia es una serie de alegorías sin referente real. Decidió no quedarse callado y enfrentar las consecuencias de su innovación.

Sus compañeros lo tildaron de hereje y lo expulsaron de la escuela pitagórica. Existen dos versiones sobre lo que le sucedió después a Hipaso de Metaponto: o se suicidó de la vergüenza y el desprestigio que sufría, o sus propios camaradas lo tiraron por la borda durante uno de sus viajes en barco. Para más tarde darse cuenta que tenía razón.

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