Este pez está evolucionando delante de tus narices

- Mar 17, 2017 - 16:55 (CET)

La evolución puede parecer caprichosa, extraña y ladina. Pero lo cierto es que funciona día tras día, a cada momento. Que se lo pregunten a los peces blennoides o a los pulmonados, si no.

Este pequeño pez (porque es un pez a todas luces), está evolucionando. Y ni si quiera te has dado cuenta. No pongamos el grito en el cielo: todos los días, a cada hora, existen miles de millones de especies evolucionando, cambiando paso a paso, para convertirse en otra cosa (o no). Pero estos peces podrían tener la respuesta a una pregunta que llevamos años buscando ¿por qué los seres vivos decidimos salir del agua? Hace unos 400 millones de años, un pez similar a estos comenzó a explorar la superficie de una Tierra más joven. Con el tiempo, en una y lenta evolución, del agua surgieron los animales que darían a su vez a nuevas líneas de especies. Y esto mismo es lo que estamos viendo al mirar a este pez.

Saltando fuera del agua

En las costas de Rarotonga, entre las rocas, es común encontrar peces alargados, de grandes ojos y bocas. Pero no, no están muertos ni se están ahogando. De hecho, algunos de ellos son capaces de usar sus fuertes colas para saltar de roca en roca. Si nos paramos a mirar, veremos que estos peces pasan sobre la superficie del mar horas y horas, hasta que la marea vuelve a ser baja. Entonces, los blenios, que es como se conoce a este suborden de peces, vuelven al agua somera a seguir con su vida, hasta que vuelve a crecer la marea. Pero ¿qué pez que se precie saldría a la superficie justo cuando la marea es más alta? ¿Y por qué? En esta pregunta se esconde la respuesta que buscamos para entender la vida en la Tierra (seca).

Según Terry Ord de la University of New South Wales, Australia, la razón principal es huir de los depredadores. Su equipo ha investigado cómo los blenios utilizan la superficie para huir de peces y posibles atacantes cuando la marea es más alta. Y qué mejor lugar para huir que un lugar donde nadie puede alcanzarte, la superficie. En realidad, la superficie les da a los blenios más posibilidades de supervivencia, les permite ramonear en la roca y buscar refugio en pequeños recovecos. Con todo esto, la supervivencia de estos peces se incrementa. En tierra. sus agallas funcionan protegiendo las branquias. Estos peces no pueden, técnicamente, respirar en el aire. Pero lo imitan bastante bien. Este podría haber sido un buen comienzo para nuestros actuales pulmones.

Entonces, ¿salió nuestro pez ancestral del agua huyendo de algún horrible depredador? Desde luego, esta cuestión no es tan sencilla. El proceso fue lento, gradual, lleno de razones: comida, espacio, supervivencia, azar... Un proceso muy, muy parecido al que están sometidos los blennoides, capaces de vivir, maravillosamente en tierra; evolucionando hacia formas, especies y adaptaciones adaptadas a un medio que les resulta peligroso. Y es que los blennoides son un ejemplo perfecto de cómo un pez evoluciona y se adapta a la vida en Tierra. Y no son los únicos.

Evolución para todos

Los peces tienen branquias y los animales terrestres pulmones. O no. Porque también hay peces con pulmones. La subclase Dipnoi es un perfecto ejemplo de ello. Los peces pulmonados pueden respirar fuera del agua como lo hacemos otros animales. Este ejemplo es también una muestra de que la evolución ocurre delante de nuestras narices sin que lo sepamos. Pero de una manera sorprendente. Porque los peces pulmonados no son antecesores de los animales con pulmones. Lo que muestran es que la evolución, a veces, repite procesos, aunque procedan de otras vías, copiando los resultados de forma sorprendente. Y es que los peces pulmonados se encuentran estrechamente relacionados entre los peces y los animales terrestres pero con características que los diferencian de ambos grupos por completo.

Esto es un Dipnoi, un pez pulmonado

Eso mismo ocurre, en cierto sentido, con los blennoides. Es como si la evolución repitiera un proceso ocurrido 400 millones de años atrás, buscando sacar del agua a estos diminutos animales en busca de nuevas oportunidades. Pero no pensemos que sólo los peces muestran signos de la evolución. En realidad son muy pocos los animales que no muestran signos claros de haber evolucionado a lo largo del tiempo (o al menos que no hayamos detectado). Hasta en los seres humanos la evolución sigue ocurriendo. Muestras de algunos restos evolutivos son las muelas del juicio, el músculo plantaris, varias partes del oído o el tubérculo de Darwin.

Pero tras leer todo este artículo, pongamos los pies de nuevo en la tierra. Aunque hablar de evolución es útil para comprender los procesos naturales que convierten a los seres vivos en lo que son, lo cierto es que no es un fenómeno sencillo de entender. Y desde luego no es nada simple. La evolución es el paso gradual que cambia y modifica a una especie. Su consecuencia última es generar un ser vivo diferente pero relacionado con toda la estirpe anterior. En este proceso juegan un papel crucial cientos de fenómenos y en escalas muy, muy diversas. Por eso, poder ver (y entender) qué significado tiene algo tan pequeño como un pez que salta entre las rocas es una forma maravillosa de apreciar la naturaleza en todo su esplendor.