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La Ciudad de México quiere ser una capital más verde y con menos contaminación. Desde que la ciudad adquirió niveles alarmantes de gases contaminantes en el aire, se han llevado a cabo varias iniciativas para mejorar la calidad del aire que respiran los capitalinos.

El jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, se comprometió a prohibir la circulación de vehículos diésel en la capital para 2025, en el marco de la Cumbre de alcaldes C40: Ciudades liderando acciones climáticas celebrada en la ciudad en diciembre de 2016.

Además de dar incentivos para el uso de vehículos verdes, el Gobierno también quiere incentivar el uso de la bicicleta en la Ciudad de México. En el transporte público, se implementaron nuevos autobuses eléctricos, los cuales tienen un costo de 10 millones de pesos cada unidad.

Si para 2025 el Gobierno se quiere prohibir los vehículos diésel, la mayoría de los 70.000 autobuses que operan actualmente en la capital con un motor diésel deberían ser sustituidos por uno eléctrico. El gasto que supondría el cambio sería una gran inversión para el Gobierno de la capital.

Pero, ¿y si se pudiera cambiar solamente el motor sin tener que comprar un vehículo nuevo? Esta es la iniciativa de la empresa Advanced Power Vehicles (APV), quienes han llevado a cabo un proceso para convertir los motores diésel en eléctricos.

De esta manera, el transporte público fomentaría una mejor calidad del aire, pero sin tener que afrontar un gasto tan grande, ya que «la conversión cuesta una tercera parte que comprar un autobús nuevo», explica Alfonso Hernández, director de APV en entrevista con Hipertextual.

El cambio de motor supone un proceso en el que se retiran los sistemas diésel, como es la transmisión, el tanque de diésel y los filtros para realizar la instalación eléctrica que requiere baterías y computadoras.

Hasta el momento, la empresa ha centrado su negocio únicamente en los autobuses porque resultan mucho más rentables. Si un automóvil particular puede circular diariamente entre 1 y 3 horas, un autobús puede estar en funcionamiento de 15 a 18 horas diarias.

Alfonso Hernández apuesta directamente por los vehículos eléctricos en ciudades tan contaminadas como es la Ciudad de México y cree que los híbridos pueden ser solamente una solución a corto plazo.

Vamos a suponer que estás en un barco a punto de hundirte porque hay un agujero. Los vehículos híbridos siguen emitiendo y así solo conseguirías hacer el agujero más chiquito, pero no solucionas el problema. Te hundirías. En cambio, tener vehículos con cero emisiones es tapar el agujero completamente.

Hasta ahora, la empresa solo tiene hecho el prototipo pero calculan que en agosto o septiembre de este mismo año podrán empezar a comercializar los primeros autobuses con el motor convertido.

Para ello, AFV va a buscar apoyos por parte del Gobierno: «Puede ser de muchas maneras, que apoyen a los concesionarios para pagar la conversión o que el Gobierno invierta», expone Hernández.

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Los beneficios para el medio ambiente son el primer factor para llevar a cabo la tecnología de conversión. Sin embargo, el director de AFV subraya la importancia que tiene invertir en una empresa mexicana.

Lo importante es que el Gobierno innove y que lo haga con una empresa mexicana y con tecnología mexicana. Por el efecto del país vecino [en relación a las políticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump] necesitamos que las inversiones se queden en nuestro país, que se generen empleos de alta tecnología y que las empresas innoven.

Además de la importancia de invertir en el talento nacional, Alfonso Hernández también resalta los otros beneficios que tendría el Gobierno si decidiera convertir los motores de los autobuses.

En la Ciudad de Mexico es difícil poder asegurar que una unidad del transporte público está en buenas condiciones años después de haber sido adquirido. Para ello, la capital obliga a renovar el transporte cada diez años, para asegurar que no emite más emisiones de las permitidas.

Si los autobuses fueran eléctricos, no sería necesario llevar a cabo estas medidas, ya que las emisiones son siempre nulas, y la vida de los autobuses podría alargarse. «Ofrecemos una propuesta integral y nos encargamos de la conversión y de los cargadores de las baterías», informa Hernández, quien resalta en entrevista con Hipertextual que la potencia de las baterías pueden ser modificadas según el tiempo de recorrido de los autobuses.

Aproximadamente un 70% de los habitantes de la Ciudad de México utilizan el transporte público para desplazarse. En una ciudad con un tráfico infernal y mucha contaminación, los autobuses eléctricos se perfilan como la opción más cómoda para los usuarios. Además de una reducción de calor y ruido, los conductores llevarían un vehículo automático mucho más fácil de manejar y con un compromiso por el medio ambiente. Según palabras de Alfonso Hernández, con la conversión del motor «gana el concesionario, gana el chofer, gana el ciudadano y gana en general la Ciudad de México».

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