Daniela Vargas llegó a los Estados Unidos cuando tenía siete años. Su familia huía de la crisis económica del 2001 en Argentina, y desde entonces, ella y su familia habían hecho su vida entera en el país ahora gobernado por Donald Trump.

Los padres de Vargas habían entrado a los Estados Unidos con una Visa de turista con tres meses de vigencia, pero se quedaron quince años a trabajar ilegalmente.

Sin embargo, el sueño de la familia Vargas sucumbió el 15 de febrero, cuando el padre —un pintor de casas— y el hermano de Daniela —un trabajador de construcción— fueron detenidos en una redada del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Jackson, Missisipi.

Ante el arresto, Daniela fue una de las oradoras en una conferencia de prensa organizado por activistas pro migración frente a la alcaldía de Jackson el 1 de marzo. Poco después de que terminara la rueda de prensa, Daniela fue arrestada por las autoridades migratorias mientras viajaba en un auto acompañada de una amiga.

Daniela Vargas

Daniela es una DREAMER, el nombre que se le da a los inmigrantes que llegaron a los Estados Unidos con menos de 16 años y que están inscritos al programa DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals). Se calcula que hay 75.000 jóvenes inscritos en DACA, el cual brinda una especie de inmunidad temporal a quien lo posee, pero requiere de demostrar cierto grado de estudios, estar libre de antecedentes criminales graves y tramitar la renovación cada dos años, entre otras cosas.

El problema es que el permiso DACA de Daniela había expirado pocos días antes y aunque la ciudadana de origen argentino ya había tramitado la renovación, su solicitud todavía no había sido aprobada, informó Nathan Elmore, uno de sus abogados.

De acuerdo con el diario argentino La Nación, Daniela de 22 años es estudiante de la Universidad del Sur de Mississipi. Sus abogados creen que será procesada en prisión, pero ellos pedirán al juez de inmigración libertad bajo fianza para la joven.