Sólo el 7% de la comunicación proviene de las palabras que usamos, el resto proviene de cómo lo decimos. Hay mucha evidencia que demuestra lo importante que es el lenguaje corporal en las impresiones que causamos en los demás, pero aún así infravaloramos ampliamente su potencial. Al hablar de comportamiento no verbal o lenguaje corporal no verbal, como lo denominan los sociólogos, se habla del lenguaje físico, es decir comunicación, que se produce espontáneamente en las interacciones.

Es tanto o más importante cómo dices las cosas, que el qué dices. De hecho, a veces estás mandando mensajes sin decir absolutamente nada. Por ejemplo, Alex Todorov, de Princeton, ha mostrado que los juicios sobre los rostros, es decir, las impresiones que causan las expresiones de los candidatos, en solo un segundo, predicen el 70% de los resultados electorales con éxito.

El lenguaje corporal puede revelar tanta o más información que las palabras.

Bueno, seguro que conoces a alguien muy inteligente, simpático y que te cae muy bien, pero que posee un lenguaje corporal demasiado agresivo o a veces descoordinado con lo que dice y eso instintiva e irremediablemente te produce rechazo. A lo mejor esa persona, de hecho, eres tú. He venido aquí a convencerte de la importancia de transmitir tu mensaje adecuadamente en más ámbitos que el sonoro. Y no sólo por lo obvio de cómo te van a entender los demás, sino porque ,en realidad, cómo lo dices te afecta a ti.

Amy Cuddy, una psicóloga social conocida por su investigación sobre los estereotipos y la discriminación en el comportamiento no verbal y sus efectos sobre los niveles hormonales, defiende que estamos influenciados por nuestras propias expresiones no verbales, pensamientos, sentimientos y por nuestra fisiología. Dicho de otra manera, te crees aquello que haces. Cuando no te comportas de acuerdo a lo que estás sintiendo, empiezas a sentirte de acuerdo a cómo te comportas.

La investigación al respecto, de todas formas, es más antigua. Hay que nombrar a Paul Ekman, pionero en el campo de las emociones y su expresión facial y uno de los cien psicólogos más destacados del siglo XX, quien descubrió la relación que existe entre la comunicación no verbal y el estado de ánimo. Cuando una persona adopta una expresión facial negativa como la tristeza, el cerebro interioriza esa expresión y su estado de ánimo cambia para tornarse acorde a ella. Por ejemplo, los científicos han descubierto que el hecho de sonreír a propósito (es decir, de fingir una sonrisa de forma voluntaria) puede ayudar a que la gente se sienta mejor, porque la mera expresión desencadena endorfinas y dopamina automáticamente.

Es más, las expresiones básicas son universales. No es factible decir que tú hablas así o eres así. Se han hecho estudios con invidentes de nacimiento, es decir, personas que nunca han visto ni sabido qué expresiones son las correctas a adoptar, y usan las mismas aperturas para el éxito o la alegría y las mismas contracciones para la tristeza o el cierre para la disconformidad o enfado. Nadie les ha dicho cómo se supone que deben actuar para expresar sus sentimientos correctamente, pero intuitivamente saben hacerlo.

Volviendo a Amy Cuddy, en esta charla TED se especializa en la postura de poder. Parece que la principal diferencia interna entre la gente segura y exitosa son dos hormonas: la testosterona, la hormona del la dominación, y el cortisol, la hormona del estrés. Explica que en su estudio inducían a las personas a posturas concretas, de poder o de debilidad, durante dos minutos y luego medían en laboratorio sus niveles de las dos hormonas mencionadas. Se alteraban acorde a su postura creando diferencias enormes entre individuos. Estar dos minutos fingiendo sentirte poderoso, de hecho, te hace sentirte así.

También se menciona en la charla la sensación de falsedad. Esto es normal; se trata de una especie de variable del síndrome del impostor. En realidad este concepto describe a los individuos de alto rendimiento que tienen a su vez incapacidad para internalizar sus logros. Creen que es un error, suerte o que no lo merecen, lo que les lleva a un miedo persistente a ser expuesto como un "fraude”. Cuando se dice a alguien que sonreír le hará sentir mejor y lo hace, efectivamente se sentirá mejor y su química cambia, pero durante un tiempo sigue pensando que solo está fingiendo. Igualmente se aplica a las posturas de seguridad en sí mismo o de dominación del ambiente que le rodea. Contra esto, los psicólogos solo dicen: fínjalo hasta que se haga real y, cuando sea real, continue haciéndolo hasta que se lo crea. Parece, solo hay que hacerlo lo suficiente hasta interiorizarlo.

Al final, esto crea una paradoja: cuando las personas te dicen "pareces triste" demasiado frecuentemente, deberías preguntarte si parecerlo tanto tiempo no te está afectando. Y tal vez y solo tal vez, convendría adaptar nuestras posturas, expresiones y gestos a qué queremos que la gente entienda pero, sobre todo, a cómo queremos estar. Al fin y al cabo, parece que tiene potencial para funcionar.

Para saber más sobre qué dicen de ti unas u otras expresiones no verbales, ahora que te hemos convencido de su importancia, no sólo para el exterior sino también para el interior, tenemos otros artículos sobre el tema que enseñarán qué posturas tomar y evitar.