Desde principios del siglo XX, los tiburones han estado en el punto de mira de los medios de comunicación, quienes los han pintado como máquinas de matar agresivas y carniceras. No es que antes no existieran ataques de estos animales. Pero el mundo moderno ha ayudado en gran medida a extender la información. Desde entonces, las películas, noticias y rumores sobre lo que puede ocurrir en un encuentro con tiburones pintan a estos animales como auténticos y terroríficos asesinos. Pero la realidad es distinta. Los tiburones son peligrosos, sin duda. Sin embargo, la experiencia puede convertirse en algo, incluso, placentero. El secreto está en conocerlos mejor.

¿Cómo actúa un tiburón?

El primer paso para salir bien parado en el encuentro con tiburones es entender por qué hacen lo que hacen. Los tiburones, grosso modo, se relacionan con el medio que les rodea mediante tres sentidos principales. Los tiburones tienen un olfato increíble, capaz de oler en el agua a cientos de metros. La sangre, la carne y los desechos pútridos dejados por la pesca, residuos o cualquier otra razón atraen su atención. Cuando llegan a la zona, examinan con la vista la situación. Son especialmente buenos detectando los contrastes de color, ya que esto es propio de las escamas plateadas de los peces que suelen ser su presa. Es entonces cuando se lanzan al ataque. Una vez que se encuentran cerca de su posible presa, otro sentido llamado electrorecepción juega un papel protagonista. Gracias a las conocidas como ampollas de Lorenzini, los tiburones son capaces de detectar las ligerísimas señales eléctricas que provocan los animales en el agua, de manera que pueden saber dónde se encuentra a pesar de que no haya luz o el agua esté turbia.

Tiburones limón, playa tigre, Noviembre 2014. Michael Muller/Taschen
Tiburones limón, playa tigre, Noviembre 2014. Michael Muller/Taschen

Pero los tiburones no son animales sanguinarios y sin escrúpulos. Son animales salvajes, como todos los demás. Cuando se topan de frente con algo que se sale fuera de su conocimiento actúan con cautela. Esto es lo que pasa cuando se topan, por ejemplo, con una pareja de buceadores. Básicamente, los tiburones detectan un animal muy grande. Los equipos metálicos que portamos producen intensas señales en el agua desde el punto de vista de los tiburones, lo que puede confundirlos aún más. Esto suele ser suficiente como para alejarlos. Pero también puede provocar su curiosidad.

Los tiburones son muy difíciles de estudiar por su forma de vida y su pequeño número. Pero al cabo de los años los biólogos marinos se han percatado de un detalle crucial en su comportamiento: cuando un tiburón quiere saber qué es algo, le da un bocado. Es una manera de manifestar su curiosidad. También es una manera de relacionarse entre sí, como se ha observado en las numerosas marcas de dientes que portan. El problema es que un bocado de "prueba" no es agradable para nadie. Si un tiburón excesivamente curioso desea saber de qué está hecho un objeto, arremeterá con un ligero bocado. Normalmente los seres humanos no somos apetitosos para los tiburones debido a nuestra falta de grasa y poca carne.

Pero un mordisco en un lugar inapropiado puede ser letal. Por otro lado, un tiburón puede sentirse tentado a atacar en busca de comida, especialmente si cree que ha detectado una posible presa. Esto se aprecia en su comportamiento: nados rápidos en zigzag, caídas en picado para situarse y ataques desde el fondo o golpes en sucesiones rápidas, tras los que vienen los mordiscos. Si un tiburón parece especialmente insistente y agresivo, lo que se aprecia por la velocidad de sus movimientos y su actitud, podemos tener un serio problema.

¿Qué hacer para librarnos de un tiburón?

Lo primero es prepararnos para evitar un contacto negativo con ellos. El encuentro con tiburones no tiene por qué ser malo. Todo lo contrario, puede ser una experiencia increíblemente bella. Pero hay que prepararse para no provocar confusiones. Se desaconseja totalmente llevar ropa de colores chillones. Esto llama la atención visual de los tiburones, especialmente preparados para detectar los contrastes. Las prendas con alto grado de contraste podría confundir al animal y hacerle pesar que está ante una posible presa. Otra regla de oro es evitar la sangre en el agua. Es decir, no bucear o bañarnos si hay presencia de restos de pescado (por la pesca, por ejemplo), si tenemos alguna herida abierta o si alguna mujer está con el periodo. Los tiburones son atraídos por la sangre desde casi un kilómetro de distancia.

Otro factor crucial es nadar en grupo. Los grandes animales en manada asustan a los tiburones, que prefieren a los animales en solitario. Permanecer junto a nuestra pareja de buceo o junto al resto de compañeros disipa su interés. Otro aspecto crucial, y muy difícil de seguir, es evitar el pánico y el burbujeo. En el caso de un encuentro peligroso, es importante no perder nunca de vista al tiburón mientras se nada firmemente hacia la orilla o un lugar somero, donde el tiburón no pueda nadar. Chapotear y crear burbujas solo llama la atención del tiburón, que se predispone pensando que su víctima está perdiendo la capacidad de defenderse.

En el caso de los buceadores con botella, un tiburón curioso se acercará a oler y observar. Para evitar mordeduras de "prueba" a veces solo hace falta empujar con firmeza al tiburón por el morro. Tras un par de intentos, el tiburón perderá el interés, entendiendo que no se encuentra ante una presa sino ante un animal de su mismo tamaño. En el peor de los casos, la atención persistente de un tiburón puede terminar de mala manera. Lo primero, si disponemos de equipo, es emplear los objetos duros de forma defensiva. Más vale que el tiburón muerda algo de nuestro equipo que a nosotros. Eso, además, evitará la sangre, que haría que el animal redoblara el esfuerzo. Si existe la oportunidad, y sólo en el caso necesario, un buen golpe en las agallas o un ataque en los ojos suele ser suficiente para convencer al tiburón de que no merece la pena. No obstante, hay que tener mucho cuidado pues la boca está muy cerca de estas partes. Las agallas son, en este caso, mejor objetivo, pero algo menos sensibles que los ojos.

Los más agresivos del mundo

El museo de historia natural de Florida compiló hace un tiempo una gran cantidad de información sobre los ataques de tiburones recogidos desde una centuria atrás. Con estos datos, los biólogos marinos han identificado a los principales protagonistas en los ataques a humanos. Estos son los tiburones más agresivos a la luz de dicha lista:

  • El gran tiburón blanco, Carcharodon carcharias es especialmente agresivo. Eso a pesar de ser una especie especialmente sensible y con gran riesgo de extinción. Tiene 314 ataques no provocados a sus espaldas.

Encuentros con tiburones

  • El tiburón tigre, Galeocerdo cuvier, es también conocido por su agresividad. O puede que el número de ataques se deba a su cercanía a los seres humanos. En realidad no parecen tan agresivos como los pintan. Aún así, cuenta con 111 ataques no provocados.

Encuentros con tiburones

  • El tiburón toro, Carcharhinus leucas, es otra especie con un gran número de ataques a su espalda. Pero como ocurre con el tiburón tigre, su presencia cercana a los seres humanos podría explicar gran parte de ellos. 100 son los ataques documentados por este animal.

Encuentros con tiburones

  • El tiburón de puntas negras, Carcharhinus limbatus, ha protagonizado bastantes menos ataques que los anteriores. Y aunque sus consecuencias también han sido menos graves, puede ser muy peligroso en ciertas circunstancias. 29 personas fueron atacadas, según se documenta, por este tiburón.

Carcharhinus limbatus

  • El tiburón de arena, Carcharias taurus ha provocado el mismo número de ataques que el tiburón tigre. Pero ninguno ha sido mortal, según recogen los datos. Eso no evita que un encuentro con él pueda ser peligroso en las circunstancias adecuadas. 29 personas fueron atacadas, aunque ninguna de ellas sufrió consecuencias letales.

Encuentros con tiburones

Esta lista sólo recoge una serie de datos documentados. Puede que muchos de ellos estén tergiversados por el miedo o el desconocimiento. Otros casos, por desgracia, nunca han sido documentados. En cualquiera de los casos, no está de más saber qué animales podrían resultar más proclives a atacarnos dada las circunstancias.

Más miedo de nosotros que de ellos

Según el ISAF, en 2015 98 personas fueron atacadas por tiburones en todo el mundo. Este representa un número ínfimo en comparación con la población mundial cerca de la costa. Desde 1580, sólo 828 personas han sido atacadas por tiburones, según recoge el museo de historia natural de Florida. De estos encuentros con tiburones, solo 160 resultaron letales. Esto implica una cifra apabullante: la posibilidad de ser atacado por un tiburón es de una entre 3.700.000. Es casi ridícula. Mucho menor que sufrir otro tipo de accidentes o ataques animales. Y es que en realidad los tiburones, al contrario de lo que piensa el imaginario popular, no son criaturas abyectas sedientas de sangre. Muy al contrario, suelen ser reservadas y tímidas. Grandes cazadores, pero que no suelen acercarse a los humanos.

Tiburón

Es más, muchas especies se encuentran actualmente en peligro de extinción. El tiburón blanco se encuentra amenazado actualmente. Esto le ocurre a muchos otros tiburones, que requieren de lugares especiales para reproducirse o se ven dañados por la polución y sobre-explotación de las aguas. Los condrictios, que engloban a los tiburones, son animales muy antiguos y con una gran cantidad de características que consideramos primitivas. En gran medida, pueden considerarse maravillosos fósiles vivientes, extraños y sorprendentes. Pero el desconocimiento hacia ellos, la visión errónea dada por la cultura pop y las acciones dañinas con el medio ambiente están acabando con muchas de sus especies. A pesar de que, en definitiva, los tiburones son animales salvajes, ellos tienen muchas más razones de temernos que nosotros a ellos.