Viernes, 15:00 horas y mucho hambre, una rápida revisión al menú delivery de turno e inicio del pedido. Hace un año aproximadamente sólo tendríamos que revisar las bandejas de entrada de nuestros mails para encontrar algún cupón descuento; ya fuese de la cesada La Nevera Roja, de la competencia de Just Eat o de unos incipientes Deliveroo o Take Eat Easy. En el caso del transporte más de lo mismo con descuentos de MyTaxi, Uber o Cabify. Y así, una larga lista.

Pero son horas bajas para los consumidores tecnológicos en busca de la oportunidad del día. Ya casi pasa un año de la compra de la compañía de Íñigo Juantegui y José del Barrio y ya casi pasa también un año desde que Just Eat no tiene que competir con nadie a su mismo nivel. Lejos quedaron esos días en los que la cuota de mercado se ganaba a base de tantos por ciento de descuento en el pedido, más que en un mejor servicio. El crecimiento explosivo en estos casos es una necesidad importante ya que el éxito depende de un creciente volumen de usuarios y a ser posible su fidelización a largo plazo. Sólo que en este caso ha sido casi obligada.

Vayamos un poco más allá. Con el anuncio de la compra de la compañía ya se auguró lo que, de hecho, ha pasado. Ya no tienen que atraer a los clientes que se codeaban con la competencia, ni captarlos, ni convencerlos, básicamente porque con la mayor parte de la cuota de mercado en sus manos y muchos años de actividad a sus espaldas les hacen el trabajo casi al 100%. Es decir, salvo que lancen alguna campaña de fidelización puntual, alentados por el efecto rebaja que te incita a gastar aún más pese a los descuentos (es decir, siguen ganando con el juego) no veremos muchas oportunidades de ese tipo. Algunos apuntaban que la compra de LNR por parte de Just Eat sólo afectaría a los usuarios, puesto que los descuentos desaparecerían bajo la norma de "si no hay descuento no se pide". Sin embargo, otros muchos olvidaron algo muy simple: las rebajas no entran dentro de la obligación de las empresas. Habría que fijarse únicamente en la experiencia de usuario pura y dura y eso, a veces, cuesta. De hecho, Jesús Rebollo director de Just Eat España, confirman que "puntualmente podremos hacer campañas, pero nunca ha sido nuestro interés inundar el mercado de descuentos que acaban afectando a largo plazo a la rentabilidad de nuestro negocio". Es decir, una vez "eliminada" la competencia hay que buscar la rentabilidad.

Just Eat

También ha pasado con los pequeños

Durante las primeras semanas de actividad de Deliveroo o Take Eat Easy también se impusieron los descuentos. La primera auspiciada por el poderío de su matriz británica y bastantes millones en rondas de financiación y la segunda atrapada por cuentas que no salían. Los costes operativos deben cubrir, como poco, los gastos de dichos descuentos de fidelización por lo que muchos, en esa búsqueda de más clientes, se quedan por el camino.

Una estrategia de primero del manual de marketing que se ha usado para atraer a cuantos más usuarios sea posible y no sólo en el negocio delivery. Car2Go lo hizo en su momento y ya ha parado en su racha, y ahora su rival directo Emov también sigue su misma estela. Se repite la historia: posicionamiento en el mercado conseguido, despido de los descuentos.

Los que no están en ese punto todavía son Uber, Cabify o MyTaxi. Los terceros ya están plenamente instalados, los segundos hace tiempo que no regalan nada muy posiblemente por su pérdidas millonarias, y menos poder adquisitivo que un todopoderoso Uber que, pese al tiempo, sigue en racha de descuentos.

En otras palabras, que las tecnológicas se estén empezando a hacer mayores no viene nada bien para conseguir rebajas. Son caros y ellos ya quieren ganar dinero.

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